Santa María
del ROSARIO


Rostro de MARÍA
"Ruega por nosotros"
ENERO - 2005
Los MISTERIOS del GOZO

Los misterios no entienden de fronteras, ni de fechas; no se dejan
domesticar. Mas bien, siempre tienen la puerta abierta e invitan siempre a ir
más adentro, hasta lo profundo. Por eso mismo, Dios se nos muestra
como misterio, invitándonos y ofreciéndonos penetrar en su intimidad,
vivir la vocación a la comunión, que es su proyecto para la humanidad.

Nosotros vamos a caminar con María y con Jesús, y así aprenderemos a
vivir nuestra vida abiertos a ese hermoso misterio de AMOR, que ellos nos
muestran y nos ofrecen. ¡Toda una aventura, sin duda!


1er misterio

la ANUNCIACIÓN del ángel a MARÍA
la ENCARNACIÓN, el “DIOS-CON-NOSOTROS”


Así nos cuenta el Evangelio

«Alégrate, llena de gracia... Ella se turbó por estas palabras
y se preguntaba qué significaría aquel saludo...» (Lc 1, 28-29)

Si miramos a la vida descubrimos que el mundo está lleno de saludos.
Cada amanecer, saluda la luz al mundo y lo llena de colorido; los pájaros,
con su canto, ofrecen conciertos gratuitos; se saludan las familias, los
niños al llegar al colegio, los ancianos en el parque. Y es que el saludo es
una forma de entrar en la vida de los demás.

Así, también, el saludo de Dios es alegre, es una invitación a la felicidad, a
la plenitud. Lo es también en el caso de María. Nos lo narra, con enorme
cariño y carga teológica, el evangelista mariano por excelencia, como es
Lucas.


Contemplamos el misterio

Así de sencillo y de hermoso: Dios se hace uno de nosotros y aparece
Jesús, y Jesús aparece como la alegría del mundo. Por lo tanto, Dios se
presenta como una alegría para el ser humano y no como una carga y una
obligación. De hecho, así se inicia el EVANGELIO. Por eso, Dios genera
vida, crecimiento, esperanza para la humanidad.

No es, pues, cuestión de hacer no se sabe qué para ganar a Dios; Él se nos
da como regalo: éste es nuestro motivo de alegría. María así lo entiende
(aunque se turbe) y así lo asume: “he aquí la sierva del Señor, hágase
en mí según tu palabra”
(Lc 1, 38). Y ahí, en este misterio de la
ANUNCIACIÓN, se inicia un camino que nos llevará a las inmensidades
del descubrimiento del amor de Dios, de su historia de vida. María es una
gran acompañante en ese caminar, lleno de descubrimientos.

Aquí, se nos vuelve a mostrar esa “manía” de Dios de hacer las cosas “de
la nada”, buscando siempre lo sencillo y en el rincón más pobre y
olvidado, y, desde ahí, realizar las obras de salvación y vida. A esto María
dice “sí”, “¡hágase!”, porque ha entendido perfectamente que lo más
grande que le puede ocurrir es conseguir que Él realice sus planes... Dios
siempre busca el bien para la humanidad y María lo sabe. ¡Qué bien...!


Proclamación de nuestra fe

Somos dichosos porque somos llamados a la vida.
Somos dichosos porque el Padre nos amó primero y ama más a los más
pobres.
Somos dichosos porque Dios Padre y Madre, es mejor de lo que nos
imaginamos.
Somos dichosos porque Jesús se ha empeñado en un proyecto de familia
para la humanidad.
Somos dichosos porque el Espíritu alienta siempre la fiesta de la ternura y
de la bondad.
Somos dichosos porque, como a María, Dios nos saluda cada día con el
gozo.


Plegaria y canto

María,
tú eres virgen siendo madre,
eres fuego de pureza
que se enciende entre las sombras
para dar luz y calor.
Tú, fuiste vida consagrada,
fruto nuevo de esta tierra.
Dios colmó tu vida entera.
Él llenó todo tu amor.

Tú, eres grande siendo humilde.
No quisiste más grandeza
que vivir en tu pobreza
la palabra del Señor.
Tú nos enseñas que a quien tiene
al Señor como riqueza,
Dios le da una vida nueva.
Él le da vida mejor.

Tú, fuiste esclava de Dios Padre.
Voluntad de amor y entrega.
Fuiste fiel a su palabra.
Fuiste fiel a tu misión.
Dios puso dentro de tu vida
otra vida verdadera
como fuerza que libera,
que nos da la salvación.


Compromiso

En la cultura del mercado global, donde todo se tasa y se vende:

1- realiza cada día pequeños gestos de gratuidad
2- y lo que hagas gratuitamente, ofrécelo con la sonrisa.



MARÍA, CON SU ALEGRÍA,
HACE BUENO A DIOS A LOS OJOS DEL MUNDO