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UNA OBRA IMPORTANTE (Ignacio Ellacuría, SJ)
Un tal Jesús ha sido originariamente una producción radiofónica, que
pretende contar y hacer vivir la historia de Jesús al pueblo latinoamericano. Aunque todavía no se ha escuchado en El Salvador, sí lo ha sido en Costa Rica y en Nicaragua, donde ha suscitado polémica. El propio Monseñor López Trujillo ha emitido su opinión disconforme con la serie, a la que considera poco respetuosa con la persona de Jesús y chocante para la piedad del pueblo latinoamericano. Otras muchas críticas se han escuchado que van desde quienes no están de acuerdo con la calidad dramática de los diálogos hasta quienes protestan porque se introducen en la serie personajes y detalles, que no aparecen en los textos evangélicos. Pero nada de esto toca el fondo de la cuestión. Por eso quisiera en este comentario acercarme a ese fondo, sin el cual la discusión y, sobre todo, el bien o el mal que pueda hacer esta producción radiofónica carecerán de fundamento.
Ante todo hay que decir que se trata de una obra importante. Importante
como obra artística, importante como obra teológica e importante como obra pastoral. Hay que insistir en esta importancia para no emitir juicios ligeros y para no manejarla tampoco como si fuera una serie más. Este texto es de gran calidad literaria y dramática, lo cual indica el trabajo que se le ha dedicado y la capacidad de sus autores.
Pero más interesa el fondo. El fondo teológico presenta cuestiones de gran
relevancia. No se trata de un cuento nuevo sobre Jesús para niños o para gente ruda, aunque, como los propios evangelios, pueden ser entendidos por niños y rudos. Se trata de una profunda articulación teológica y en esta articulación teológica puede verse el origen de las malas interpretaciones. ¿En qué consiste esta articulación?
Estamos acostumbrados a ver la figura de Jesús desde este lado de la
resurrección y de su exaltación al Padre. Todavía más, estamos acostumbrados a verlo desde la ritualización a la que le ha sometido la liturgia y desde la mitificación en la que le han envuelto pintores, artistas, músicos, etc. Un tal Jesús lo enfoca desde el otro lado, desde el lado anterior a la resurrección; muestra lo que podríamos llamar el Jesús histórico, si por tal entendemos a la figura humana que veían sus contemporáneos, tanto sus amigos como sus enemigos, incluso -aunque esto es más discutible- tal como se veía Jesús a sí mismo desde su conciencia humana itinerante y peregrina. Ahora bien, esta doble perspectiva, por más que sea complementaria, es radicalmente distinta. Querer proyectar sobre el Jesús palestino todo lo que hoy creemos de él, todo lo que hemos confesado del Jesús resucitado, es un error de perspectiva histórica, que confunde los planos y que en esta confusión lleva a consecuencias falsas y fatales para la comprensión del fenómeno total de Jesús. Si reducimos el Jesús total al Jesús palestino, cortamos y amputamos una parte importante de esa totalidad, si reducimos el Jesús total y único al Jesús resucitado, también cortamos y amputamos una parte importante de la misma totalidad. La primera amputación puede llevar a desconocer la divinidad de Jesús; la segunda amputación puede llevar a desconocer la humanidad de Jesús y las dos amputaciones son igualmente heréticas e igualmente peligrosas, aunque esta peligrosidad objetiva puede adoptar grados y formas distintas según los casos, las personas y las situaciones.
Para quienes ya tienen fe plena en el Resucitado, esa presentación de Un
tal Jesús puede parecerles que no da todo lo que es Jesús. Pero tiene una gran ventaja y es que les obliga a volver al Jesús palestino, al Jesús histórico, que es la forma real que adoptó Jesús para predicar el Reino y para llevar a los hombres, a través de sí mismo y del Reino, al Padre. Lo que puede pasar es que les moleste la tremenda exigencia de este Jesús terrestre, que vació su divinidad en una determinada trayectoria histórica, refugiándose para ello no tanto en el Jesús resucitado, sino en el Jesús ritualizado y mitificado. La obra que comentamos nos mete de lleno en el escándalo de Jesús, escándalo que consistía, según sus enemigos, en que siendo un hombre se hacía pasar por hijo de Dios, por Mesías, por mayor que Moisés, etc. Más cómodo y menos escandaloso, más esperanzador resulta el Jesús resucitado, si se rompe la intrínseca unidad, no sólo de persona sino de vida, que hay entre Jesús vivo y resucitado y el Jesús muerto y ultrajado. Para éstos, una audición y una participación en la obra Un tal Jesús puede hacerles mucho bien, si es que en vez de dar razón de su fe esfuerzan en dar razón de su escándalo.
Para quienes no saben bien quién es ese tal Jesús, para quienes sólo lo
conocen a través de las manipulaciones ideológicas a las que lo han sometido siglos de intereses creados, esta obra les puede hacer mucho bien. Les van a retrotraer a una experiencia inicial indispensable; les va a situar con bastante fidelidad cerca del Jesús palestino, en el que realmente era difícil ver a Dios en persona. ¿Se quedarán éstos en la frontera puramente humana de la realidad compleja de Jesús? ¿No es necesario anunciar al Jesús de Nazaret como el Resucitado, como el Elegido de Dios? ¿Se subraya en el texto la diferencia entre Jesús y sus discípulos?
Esto nos retrotrae a lo que son los Evangelios. Un tal Jesús se sitúa desde
los evangelios -claro está- antes de los evangelios. Como es sabido, los Evangelios no son relatos puramente históricos, sino que son primariamente la expresión del recuerdo y de la fe de las comunidades primitivas, muchas de las cuales habían vivido más intensamente la experiencia del Resucitado que el recuerdo del Crucificado. Son relatos en los que ya aparece muy explícitamente que «Jesús es el Señor»; pero, por lo mismo, son relatos en que no se nos transmite la experiencia constatable de lo que fue su vida histórica. El esfuerzo de Un tal Jesús es situarse en esa experiencia constatada de la vida histórica de Jesús. Para eso tiene que hacer un esfuerzo de re-creación literaria como el relato evangélico hace un esfuerzo de re-creación teológica; ambos sobre un mismo fondo histórico, al que se refiere, por ejemplo, Josefo sin saber todos los detalles que más o menos elaboradamente nos transmiten los evangelios. Claro está, que la re- creación teológica tiene una autoridad que no tiene la re-creación literaria de Un tal Jesús. No se trata, por tanto, de sustituir a los evangelios con ella sino de enseñar a leerlos, a profundizarlos ya vivirlos.
Con esto entramos al tercer aspecto que queríamos comentar: el de la
importancia pastoral de Un tal Jesús. Aunque la obra plantee positivamente serios problemas teológicos por la opción que ha tomado para acercarse a Jesús, es -sobre toda otra cosa-, un trabajo pastoral. No es de ninguna manera un relato novelado de la vida de Jesús sino un instrumento de evangelización, un anuncio de la buena nueva tanto para quienes nunca la han oído como tal para ellos -una buena nueva para los pobres- como para quienes ya han escuchado pero a quienes falta todavía mucho para ahondar en ella y para que ella ahonde en ellos. Pues bien, la obra pastoralmente considerada es «chocante»; en sí misma, positivamente chocante, porque sacude y recupera la vitalidad del mensaje evangélico, un tanto momificado en sus transcripciones de papel biblia. Pero que puede chocar también a almas sencillas, en quienes la envoltura de su fe -y no necesariamente su fe misma- tiene unas características muy distintas de las que presenta, como envoltura de la fe también, Un tal Jesús. Para este último grupo de personas, muy acostumbrados todavía a una religiosidad excesivamente tradicional -tradicional y popular no tienen por qué ser sinónimos, ni siquiera afines-, el choque puede ser un tanto violento. Lo cual no quiere decir que no pueda ser positivo y aun necesario para poner su fe a la altura de una praxis cristiana, tal como es exigida por el momento actual de América Latina y por el papel que los pobres deben desempeñar en ella. Pero debe hacerse con cuidado y con mano segura. La obra exige, por tanto, para ser bien asimilada, una discusión comunitaria y una pedagogía acomodada.
Ni que decir tiene que el estilo, el tono y el fondo de Un tal Jesús están
concebidos y vividos desde la teología de la liberación y desde la opción preferencial por los pobres, tal como ésta es entendida en la praxis y en la teoría de América Latina. Y aquí radican los tropiezos de algunos. No tanto de la gente sencilla que choca con la forma tal vez, sino de los letrados y los saduceos que chocan más con el fondo. Estos propenden a ver en Un tal Jesús como ven en la Teología de la Liberación, una politización de la fe y una radicalización revolucionaria, una forma de la lucha de clases. Confunden la lucha de clases con la lucha profética contra el pecado. Sin reconocer, además, que ni en la Teología de la Liberación ni en Un tal Jesús todo sea lucha profética, aunque incluso el anuncio consolador tenga como destinatario principal a los pobres. Por eso tan mal harán quienes manipulen obras como éstas para quedarse en las fronteras de la lucha política sin sobrepasarlas, como quienes no quieran ver el compromiso histórico y, a veces, político que exige la fe en Jesús Resucitado, que es en identidad de persona y en continuidad de vida el Jesús Crucificado, muerto por nuestros pecados pero asesinado por los poderosos de su tiempo.
Un tal Jesús es, en conclusión, un gran desafío, que puede hacer mucho
bien a muchos hombres. A veces la lectura directa de la Biblia hecha en comunidades eclesiales de base con la pregunta siempre abierta de qué exige el texto leído en la vida personal y en la vida pública ha sido suficiente para recuperar la palabra viva de Dios y para hacer de ella acicate de acción. Otras veces esto no es posible. Hace falta una mayor catequesis y esta catequesis puede ser propiciada por la discusión comunitaria de obras como Un tal Jesús.
IGNACIO ELLACURÍA, SJ
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ENCUENTRO CON LA BUENA NOTICIA
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INTRODUCCIÓN
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