El primer dato profundamente llamativo y sorpresivo es que Jesús pone la vida,
la salvación y la realización de los que quieran seguirle, en íntima relación
con la ADHESIÓN a su PERSONA.
Jamás rabino alguno había hablado de esta
forma; nadie exigía a sus discípulos tal renuncia y adhesión; los rabinos pedían
obediencia a su palabra, que era interpretación de la de Dios. Jesús, en cambio,
pide adhesión y entrega total a su persona. Y es que ser cristiano no es
cuestión de teorías o normas, sino de seguimiento a una persona, Jesús de
Nazaret, y de pro-seguimiento de su causa.

Pero entendiendo su persona en relación con una MISIÓN específica y que
conlleva rechazo y sufrimiento
; quien no entienda esto, no se ha acercado para
nada al núcleo de lo que Jesús propone a sus seguidores: "el que pierda su vida
por mí, la salvará
...". ¡Ahí es nada! Los contemporáneos de Jesús tuvieron
muchas dificultades para entenderle y comprender su vida y su muerte en
relación con sus vidas
. Poco a poco también, y no sin trabajo, fueron
encontrando el sentido hondo y salvador de todo cuanto sucedió alrededor de
Jesús.

Por lo tanto, si el "ser cristiano" está en estrecha relación con su Persona y con su
Misión, las conclusiones a sacar no son nada difíciles. Digo "sacarlas"; otra
cosa muy diferente, significará el vivirlas y hacerlas realidad. Y, con todo, hoy,
nosotros (como en aquel entonces, quienes le escuchaban a Jesús) nos
encontramos en la encrucijada
de responder a su pregunta: "Y tú, ¿quién
dices que soy yo?"
.

El no tomarse en serio este interrogante, personal e intransferible, es lo mismo
que no afrontar la cuestión clave de Jesús y de su seguimiento
. Nuestras
"ideas" acerca del Mesías pueden estar coincidiendo con aquellas falsas
expectativas del grupo de Jesús o del pueblo en general. Claro que es más fácil
creer y aceptar a un Mesías milagrero
, que nos facilite todo con su poder
soberano. Muchos creyentes, hoy, podemos estar en esta situación y entonces...,
lógicamente, el Evangelio es una "utopía", un mal sueño; nada más. Y el
seguimiento de Jesús es... "según me convenga" ("a la carta"): esto me parece
bien, o esto otro no me convence. ¡Así funcionamos. Y... ¿tú?



FIESTAS de la Comunidad Cristiana
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les
preguntó:
- «¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
- «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la
vida uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
- «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro tomó la palabra y dijo:
- «El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:
- «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los
ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer
día».
Y, dirigiéndose a todos, dijo:
- «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada
día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el
que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el
mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo? Quien se avergüence de
mí y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando
venga con su gloria, con la del Padre y la de los ángeles santos».



EVANGELIO
COMENTADO


1.- Texto evangélico: Lucas 9, 18-26
2.- Acercamiento al texto

Después de realizar el signo mesiánico por excelencia (haber satisfecho el hambre
del pueblo: Lc 9, 10-17), Jesús se retira a orar solo. Ello significa que se
encuentra ante una situación importante
, ya que una de las características de
Lucas es presentar a Jesús en oración en los momentos más significativos de
su vida
(bautismo, elección de los Doce, transfiguración, aceptación de la
muerte...).

Aquí está en juego su identidad y misión. El pueblo le sigue entusiasmado. Flota
en el ambiente una gran expectación.
Entre la gente se barajan toda clase de
opiniones sobre quién es. Y sin duda muchos se preguntan si no será el Mesías,
aunque nadie se atreve a decirlo en alto. Los discípulos deben cuchichearlo entre
ellos.
Pero lo que el pueblo y los discípulos piensan y esperan de Jesús no
coincide con la conciencia que él tiene de sí mismo y de su misión. En la
escena flota una atmósfera de tensión y crisis.

Tras la oración, Jesús toma la iniciativa. Quiere que se definan. De ahí esas
dos preguntas directas:
«¿Quién dice la gente que soy yo?». «Y vosotros, ¿
quién decís que soy?
» (vv. 18 y 20). Por el tono en que hablan, se adivina que
los discípulos no comparten las opiniones de la multitud. Y al ser acorralados
por Jesús, con una invitación directa a definirse, se quitan la careta.
Pedro, en
nombre de los Doce, contesta: «El Mesías de Dios» (v. 20). Acto seguido, Jesús
les prohíbe terminantemente decírselo a nadie. ¿
Por qué esta reacción tan dura
de Jesús que les conmina
a guardar silencio igual que a los espíritus que expulsa
de los endemoniados?

Detrás de la declaración de Pedro está la concepción de un Mesías
nacionalista, guerrero, triunfal, político, con fuerza y poder. Y nada de esto
coincide con lo que Jesús siente y quiere llevar adelante.
La idea de Mesías que
tienen los discípulos puede hacer fracasar su misión. Sólo así se entiende su
severa reacción ante la respuesta de Pedro.
Jesús se siente llamado a cambiar la
historia, dando un sentido nuevo a la liberación que Dios quiere realizar en
el hombre. Pero, ¿quién le hará caso? Todos tratan de llevar el agua a su molino.

Ä El anuncio de la pasión es precisamente una corrección a la idea de
Mesías
que tienen los discípulos y el pueblo en general. Es tirar por tierra sus
ilusiones, dando un sentido nuevo a la liberación de Dios.
El hombre que
encarna el modelo de persona querido por Dios va a ser un fracasado
, pues
todos se pondrán en contra de él:
«Este Hombre tiene que padecer mucho, tiene
que ser rechazado por los senadores, los sumos sacerdotes y los letrados, ser
ejecutado y resucitar al tercer día
» (v. 22), es lo que anuncia Jesús a sus
discípulos,
para que cambien su manera de pensar y se habitúen también
ellos al fracaso ante la sociedad
, aceptando incluso la muerte por fidelidad a
Dios.
Pero el fracaso no es definitivo. Es el camino hacia la resurrección,
hacia la verdadera liberación y vida
.

Ä «Hijo del hombre» (v. 22): Jesús no usa para sí el título de Mesías, sino que se
aplica el de
«Hijo del hombre». Según otras traducciones, simplemente
«Hombre». El título
«Hijo del hombre» es una expresión típicamente hebrea
que nace dentro del movimiento apocalíptico (esa corriente que esperaba ya los
últimos tiempos y la revelación de Dios instaurando su reino universal).
Desde el
profeta Daniel (7, 13-14) pasa a ser un título del futuro Mesías
. Y en las
reflexiones posteriores es relacionado con el
«Siervo de Yavhé» de los textos de
Isaías.
¿Qué significa, entonces, este título en boca de Jesús? Negativamente:
una repulsa del Mesías guerrero y político que esperaban los discípulos y muchos
judíos.
Positivamente: la llegada del enviado de Dios en un hombre que trae
la salvación para todos los pueblos y que tendrá que pasar por el
sufrimiento, el desprecio y la muerte por fidelidad a Dios
, antes de ser
glorificado y constituido Señor.

Ä Tras desvelar qué es lo que le espera, cuál es su camino y su misión,
Jesús se dirige a todos, a los Doce y al pueblo, y les revela cómo han de vivir
si quieren ser de los suyos, si quieren sentir la liberación de Dios y alcanzar
la plenitud
. Lucas recoge una serie de sentencias claras, duras y tajantes: «El que
quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con
su cruz y me siga; porque si uno quiere salvar su vida. la perderá; en cambio
el que pierda su vida por mí, la salvará
...» (vv. 23-25). En el seguimiento de
Jesús es preciso asumir y asimilar que las cosas no van a ir bien. Es preciso aceptar
que la tarea cree controversia, sea mal vista y no tenga éxito. El fracaso libremente
aceptado es el único camino que puede ayudar al cristiano a cambiar de actitud
frente a los sacrosantos valores del éxito y la eficacia que dominan en nuestro
mundo.
Huir del compromiso por el Reino, o amoldarse a la sociedad por
temor a la cruz o los conflictos de cada día, o por querer conservar lo que se
tiene, es perder la vida.


3.- Reflexiones para nuestra vida de creyentes

4.- Compromiso de vida

Necesito seguir profundizando en mi fe, en mi compromiso cristiano, no
para atormentarme, sino
asumiendo lo esencial del mismo.

Å ¿A qué me "suena" esta frase del Evangelio "el que quiera seguirme...
se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga
"? ¿Soy
capaz de escribir en una hoja lo que significa para mí?

Å En la vida de cada día, hoy mismo, ¿cómo expreso yo el seguimiento de
Jesús?
¿Es una "teoría" o lo vivo en cosas concretas? ¿Cuáles...? ¿Sería
yo capaz de "hacer una lista" de esas expresiones?

Å Este día (o estos días), utilizaré la oración que se me ofrece a
continuación
"Quién eres, Señor", intentando y deseando hacerla mía, vida
en mi vida.



5.- Oración

¿QUIÉN ERES, SEÑOR?

Cualquier día,
en cualquier momento,
a tiempo o a destiempo,
sin previo aviso
lanzas tu pregunta:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Y yo me quedo a medio camino
entre lo correcto y lo que siento,
porque no me atrevo
a correr riesgos
cuando tú me preguntas así.

Nuevamente me equivoco,
y me impones silencio
para que escuche tu latir
y siga tu camino.
Y al poco, vuelves a la carga:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Enséñame como tú sabes.
Llévame a tu ritmo
por los caminos del Padre
y por esas sendas marginales
que tanto te atraen.

Cuando en tu vida toda
encuentre el sentido
para los trozos de mi vida rota;
cuando en tu sufrimiento y en tu cruz
descubra el valor de todas las cruces;
cuando haga de tu causa mi causa;
cuando ya no busque salvarme
sino perderme en tus quereres...,
entonces, Jesús, vuelve a preguntarme:
Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Ulibarri, Fl.


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San IGNACIO de Loyola
31 de Julio