AGOSTO
SEPT
2003

CARTA ABIERTA
a ...
JOSEAN
¡Hola, Josean!

El otro día viví una fuerte impresión con motivo del
encuentro
-no demasiado largo- que tuve contigo.
Tímidamente te acercaste a mí y me preguntaste si podías
venir
, de vez en cuando a esta Casa de Espiritualidad,
porque necesitabas al menos un día al mes para estar en
silencio, para recuperarte interiormente y serenar tu
vida
. En pocos minutos me dijiste mucho. Aquella
conversación me sugirió la reflexión que hoy comparto en
esta página.

Ante todo, te felicito por tu deseo sincero de pacificar tu
vida en el silencio
. Tu trabajo, tu familia, tu vida de cada
día te exige una calidad que para ti sólo es posible vivir
desde la búsqueda de paz interior
. Esto me "despertó" y
me hizo sentir que también mi vida requiere una
calidad que acaso tenga su fuente en el mismo lugar
que tú proponías, y que suelo descuidar
. Tú,
posiblemente, no le llames a eso "vivir en actitud orante",
pero, de hecho, desde nuestra espiritualidad cristiana, bien
la podríamos llamar así. Tus palabras, Josean, me
interrogaron fuertemente.

Además, tu actitud me ha hecho recordar a muchas
personas que, de forma constante, acuden a las "puertas
de nuestro Centro"
(aunque sea a través del teléfono)
preguntando por lo mismo. Esto me despierta interrogantes:
¿por qué, hoy, el hombre de nuestro mundo tecnificado
y lleno de adelantos necesita de silencio?
¿Necesita algo
más que el "trajín de cada día? ¿No está tan complicada
la vida como para tener que recurrir a "otra cosa más"
para descomplicarla
?

Y en el supuesto de que fuera así y necesitáramos de ese
silencio y de esa paz... ¿por qué tantas personas,
jóvenes y adultos, de nuestro mundo y de nuestro
entorno, no sienten ninguna necesidad de ese mismo
silencio y de esa paz
? ¿Dónde adquieren esa calidad de
vida que tú necesitas? ¿Es que acaso hay "otros lugares"
para conseguir lo mismo? O...¿es que estamos hechos de
"pasta" diferente? ¿O es que acaso viviremos tan aturdidos
los hombres y mujeres de nuestros días que apagamos esos
deseos profundos con "cualquier cosilla", mucho más
superficial, pero que en absoluto responde a los deseos
más auténticos de nuestro ser? Muchos más interrogantes
sigo planteándome desde tu sencilla y sincera reflexión.

Después de darle vueltas, de revivir mi propia vida y la
vida compartida de otras personas, he llegado, Josean, a
esta conclusión: nosotros, hombres y mujeres, adultos y
jóvenes, creyentes y no creyentes, tenemos mucho
miedo al silencio.
E, incluso, aunque hablemos mucho de
ella, tenemos miedo a la paz, la que arranca desde
dentro.
De hecho, si cada uno de nosotros hiciéramos una
sencilla estadística de las horas que utilizamos para el
silencio y la oración, o para el ruido (léase, TV, radio,
hablar,...) y al trajín de la vida de cada día, nos
asombraríamos, porque la balanza estaría
preocupantemente descompensada.

Podemos hacer otra sencilla estadística: cuánto
presupuesto gastamos en nuestra vida en estos espacios de
silencio, de interiorización (llámese, retiros, cursos de yoga
o de oración, días de reflexión en un monasterio, etc.) y
cuánto gastamos en desplazamientos, viajes, en vacaciones
para tomar el sol, etc... (que nadie quiera concluir que
están reñidas estas dos realidades; sencillamente las
ponemos en balanza).

Me parece, Josean, que nosotros, hombres y mujeres de
hoy, hemos roto el equilibrio en nuestra vida, y cada
día nos asusta más quedar en silencio y reposo interior
cuyo fruto es la paz.

Cuántas veces he comprobado en celebraciones de la
Comunidad Cristiana lo siguiente: se proponen unos
minutos de silencio; el primer minuto, bastante bien; el
segundo, ya empieza a escucharse la tos "inoportuna" que
ataca con furia y, además, a numerosas personas; los
minutos siguientes, en muchos casos, ya se hacen
insoportables y aquel banco o silla que siempre me habían
parecido de lo más cómodo, ahora se vuelve
increíblemente insoportable e incómodo. ¡Qué le vamos a
hacer!

Gracias, Josean, por recordarme el valor del silencio,
de la paz y la necesidad de buscar una calidad a
nuestra vida de cada día que, según tú, arranca de esa
actitud de búsqueda del silencio y de la paz interior.
Eskerrik asko!

Esteban