|
CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
|
|
Es algo más que cuestión de gustos o de modas. Es, sencillamente,
cuestión de humanismo. Cuestión de elección libre, por lo que a mi responsabilidad se refiere.
Cortado mi cordón umbilical, quedo libre en el camino para hacerlo y
hacerme a mí mismo. En el camino me logro o me malogro.
Ésa es mi grandeza y mi riesgo, mi pasión y mi locura. En un arrebato de
orgullo o estulticia, puedo cortarme las venas. O en un largo proceso de abandono, puedo perder mi memoria y hallarme en mi camino de hombre sin saber quién soy ni de dónde vengo y a dónde voy. Fascinante y terrible el misterio de mi vocación de hombre.
El mito bíblico de "la creación del hombre", de su grandeza y su locura
narrados en las primeras páginas del Génesis, lo describe admirablemente. Mejor no se ha podido decir. Cada ser humano lo podemos descubrir en el latido de nuestra propia sangre.
Que el hombre quiera ser como Dios, lo
lleva en sus genes. Fue creado por Él -por
amor- a su imagen y semejanza. El riesgo
aparece cuando el hombre libremente ha de
confesarlo agradecido en su mente, en su
corazón y en sus obras, como Creador y
Padre, o negarlo para levantarse y hacerse
a sí mismo dios.
"¿Por qué huyes, Adán...?" ¿Por qué vas
errante?: "Caín, ¿qué has hecho de tu
hermano?"...
Los profetas, más tarde, con el alma rota por
la desdicha de su pueblo, que ha extraviado
su camino, le urgirán con la pasión de Dios:
"camina en la presencia del Señor".
Esa presencia no es abrumante o impúdica, como la describía Sartre; y por
eso se le hacía insoportable. Quien mejor nos lo puede decir es el profeta, que ha sentido su presencia en sus entrañas hasta quemarle. Ezequiel, Oseas, han llegado a describir a Dios con la pasión del esposo que no puede no querer a su esposa, aunque ésta sea adúltera; Isaías, con la pasión de una madre que no puede abandonar a su hijo.
La presencia de Dios, o crea y recrea la vida, o estamos hablando de otra
cosa que no es el Creador y Padre manifestado en Jesucristo.
Caminar en la presencia del Señor es recuperar nuestra esencia de hombre:
un ser con vocación y destino divino.
Ya sabe el hombre lo importante que es vivir en la presencia de alguien,
para vencer soledades, para aliviar cansancios, para mirar las cosas con otros ojos...
Caminar en la presencia de Dios es levantar la mirada al cielo en una noche
estrellada y poder decir: ¡TÚ! Y contemplar una primavera y decirle al Creador: ¡Padre nuestro! Y mirar a un niño, a un anciano, a un emigrante, a un enfermo, y decirle: ¡Hermano! Y a quien ofendemos o nos ha ofendido: ¡Perdón!
La historia nos ha advertido el riesgo de equivocar nuestro camino de
hombres. Por eso, en una larga tradición de miles de años el hombre ha aprendido a rezar con realismo: "Enséñame Señor, tus sendas; haz que camine con lealtad" Y, coherentemente, con esta súplica: "Caminaré en presencia del Señor".
Ahora que nos echamos a andar al camino de 2004, se lo digo como
decían las buenas gentes de nuestros pueblos: "¡Vaya usted con Dios!"
Mario Melgosa
|
|
En el camino me logro o
me malogro. Esa es mi grandeza y mi riesgo, mi pasión y mi locura..
Lo importante es vivir en
la presencia de alguien, para vencer soledades, para aliviar cansancios, para mirar las cosas con otros ojos...
"Enséñame, Señor, tus
sendas; haz que camine con lealtad". |