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¿ES USTED "PROGRE"?
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La pregunta es imbécil. Sencillamente porque no conduce a nada. Si yo
le contesto “yo soy progre”, tampoco le he dicho nada; o a lo peor, le he manifestado mi estupidez.
Autoproclamarse “progre” puede parecer moderno, pero no es garantía
de sensatez; más bien tira a fatuo.
Ya me han salido tres palabras vacías para decir algo: progre, moderno
y fatuo. Aunque con frecuencia coinciden en la misma persona, no son sinónimas. Digámoslo con tres ejemplos: si he progresado en la enfermedad, prefiero que la cosa quede estacionada; si se trata de comerme un pollo o un par de huevos fritos, prefiero los crecidos en régimen tradicional que los alimentados en los modernos gallineros; y lo de fatuo depende de qué llene o no llene mi cabeza. Hay cabezas tan llenas en las que ya no cabe un clavo. Y hay vacías con hambre de saber.
No juego con las palabras: les descubro
a ustedes los trucos que les van a jugar
en esta feria electoral y en otras.
Sospecho de quien se autoimpone la
medalla de progresista o de moderno.
Que me lo digan con las obras.
Hay quien colecciona puntos de
progresía a base de puñaladas: a la
religión en la escuela, a los valores
humanos, a los niños en el vientre de
su madre, a la familia, a la fidelidad, a
los ancianos que estorban... ¡Qué
barbaridad! Nadie se lo va a decir tan
al desnudo; para eso están los
especialistas de la imagen y el papel de
envolver y las etiquetas en curso:
eutanasia, aborto, libertad individual...
A propósito de la libertad “individual”,
que viste muy de moda, conviene
diferenciarla de la libertad “personal”
para que no nos tomen el pelo. Éste es
uno de los trucos más peligrosos de los que a sí mismos se
autoproclaman progresistas. El “hago de mi cuerpo, de mi dinero, de mi sexo, de mis talentos, lo que quiero”, es la expresión más clara de una libertad individualista que ha “progresado” en la degeneración de su libertad personal: ha progresado (digámoslo con propiedad: ha degenerado) en individualismo.
La libertad personal es una conquista, esto es, progreso y evolución.
Los individuos progresamos o maduramos en persona, cuando hemos aprendido a decir TÚ, y a tratarlo como un semejante. La persona sabe que el TÚ es parte de su ser. El individualista o egoísta dice “hago de lo mío lo que quiero”, y trata a los demás en función de “lo mío”. Digámoslo más claramente: trata a los demás como útiles o inútiles, rentables o no rentables; cuando no como enemigos que nos disputamos la misma tajada o el mismo sillón. Más ejemplos. Una madre de verdad jamás dirá “hago de mi cuerpo o de mi tiempo lo que quiero”.
Progresar de individuo a persona es nuestro desafío humanista. Pero ¿a
quién le interesan hoy “las humanidades”? Fíjense en este detalle a la hora de confiar a un partido su voto, y elija sus preferencias por progresar en humanidad o en individualismo. La libertad humana nos hace progresar en humanismo; la libertad individual, en individualismo.
Aclaro que al haber llamado “feria” a la campaña electoral, no lo he
dicho en plan peyorativo, ya que las ferias gozan cada año de mayor prestigio, sino por el recuerdo de aquellos famosos feriantes apostando a “quién da más”, o al clásico gitano lustrador de la dentadura y la pelambre del asno, para darle el timo al payo. El voto es muy importante: en política nos jugamos muchas cosas en favor o en contra del hombre.
Mario Melgosa
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El “hago de mi
cuerpo, de mi dinero, de mi sexo, de mis talentos, lo que quiero”, es la expresión más clara de una libertad individualista que ha “progresado” (digámoslo con propiedad: ha degenerado) en individualismo.
La libertad personal
es una conquista... Los individuos progresamos o maduramos en persona, cuando hemos aprendido a decir TÚ, y a tratarlo como un semejante. |