NO ME QUITES EL HAMBRE,
QUE NO SE ME APAGUE LA SED


No me refiero al hambre del tercer mundo que mata cada día a no sé cuántas
decenas de miles de seres humanos. El hambre como carencia son lágrimas,
subdesarrollo, enfermedad, sobresaltos, miedos y muerte. No me refiero a estas
hambres que descubren nuestras vergüenzas y revelan nuestro cinismo.

Cuando pido "el hambre y la sed" con una oración al cielo, estoy pidiendo sanación
para los opulentos, y la insatisfacción para los satisfechos. Pido "el hambre y la
sed" que nos pone en camino hacia un mundo más humano y felíz.

Con apetito, la comida -aunque frugal- sabe mejor. Sabiamente
lo decían nuestros mayores: "no hay mejor salsa que el buen
apetito". Con sed el agua nos sabe a gloria. Los epicúreos
jugaban con dos palabras para gustar más y mejor la vida:
"substine et abstine". La abstinencia, sí señores, sencillamente
para que no se nos emboten los sentidos y perdamos el gusto
por las cosas (valga también para las relaciones sexuales). Los
epicúreos sabían mucho del disfrute de los sentidos.

El consumo impulsivo o la voracidad consumista lleva al
hartazgo, al usar y tirar; y si de un exceso de comer se trata, a
la náusea y al vómito. El hartazgo produce disgusto hasta negar
el gusto y el disfrute. Es una de las ironíasque sufre el hombre
consumista.

Insisto que no es ni del pan de harina ni de los placeres terrenales, el hambre y la
sed que pido al cielo. Voy por aquella bienaventuranza que nos señalaba el Maestro:
"Felices los que tienen hambre y sed de justicia". Esta palabra guarda muchos
nombres (hambre de paz, de verdad, de libertad...) que hacen camino para concluir
con el hambre y la sed de Dios.

El hambre despierta el deseo; la hartura lo adormece, lo embrutece o lo mata: "tengo
hambre de ti" o, por el contrario "estoy harto de ti", explican muy bien el tema.

Esta hambre y sed es una carencia que nos enriquece porque nos mantiene en
tensión de progreso; el harto solicita la siesta, cuando no el rechazo. Estas palabras
se hacen más deseables, cuanto más fiel es el hombre a sí mismo y a los demás.
Extrañamente el Maestro dijo en varias ocasiones esta paradoja: "al que tiene se le
dará, y al que no tiene, aun lo poco que tiene se le quitará"
. Me ha costado
años entenderlo, pero al final lo he comprendido con algo tan sencillo como la
experiencia del amor: al que ama, le va creciendo el amor; a quien regatea el amor,
mañana se verá vacío. Véase lo mismo en quien ama la justicia, la paz... en quien
tiene hambre y sed de Dios.

La sed de infinito se acrecienta cuanto más advierte uno que las palabras y los
sentimientos más bellos no se alcanzan aquí, en el camino. Aquí decía el poeta,
"todos los besos se enfrían y todos los abrazos se separan". El gran humanista y
buscador incansable de la verdad, san Agustín, nos confesó su sed: "nos creaste
para ti, y el corazón sólo descansa en ti"
. Por eso hoy mi oración de hombre es:
no me quites el hambre, que no se me apague la sed. De ti.

Mario Melgosa




La sed de infinito
se acrecienta
cuanto más
advierte uno que
las palabras y los
sentimientos más
bellos no se
alcanzan aquí, en
el camino. Aquí
"todos los besos
se enfrían y todos
los abrazos se
separan"