"¿VALE HOY PARA ALGO EL EVANGELIO?"


Que el evangelio sirva o no, depende del tipo de hombre o mujer que queramos
ser. Si el objetivo es ganar dinero (cuanto más, mejor), subir en la escala social
(trepando o pisando o eliminando al que nos estorba), sacarle jugo a la vida
(hasta lo que aguante el cuerpo) etc. sin atender a los demás; o si queremos
compaginar todas estas cosas con el evangelio, surgirán muchas dificultades y
resultará incómodo, inservible o imposible. El ideal del hombre que presenta la
sociedad de consumo no lo califico yo, porque ustedes ya lo conocen y lo
sufren. Esta sociedad de consumo tiene “sus evangelios” y sus predicadores en
los potentes medios de comunicación que dirigen las mentes, las voluntades y
los pasos de las masas.

El evangelio es un libro de vida y para la vida;
regenerador de vida. Si al hombre, con sus
debilidades a cuestas, le parece duro, y en
ocasiones como una muralla a la felicidad por
sus exigencias (prohibiciones o mandatos),
conviene recordar que todas las derivaciones
éticas de la enseñanza de Jesús tienden a
liberar lo mejor de cada ser humano. Las
dificultades no provienen del evangelio, sino
del egoísmo, de la organización degradante
de la sociedad y, en ocasiones, de los
defectos y abusos eclesiásticos. El evangelio
es un gran acto de fe en el hombre; no
estorba a ser hombre: somos más de lo que
somos o nos mostramos. En cada ser
humano hay una bondad escondida, el
“homo absconditus” que decían los filósofos,
que puja por darse a luz. Esto lo intuimos y lo
añoramos. Honradamente cada uno debe
advertir de dónde provienen las dificultades, y
no cargárselas al evangelio.

El evangelio no es tanto un conjunto de obligaciones, como de buenas noticias y
oportunidades. No son tanto doctrinas, cuanto la proclamación del modo de
existencia del hombre nuevo y libre: “Jesús”, la persona que expresó cuánto y
cómo amó Dios al mundo, o el proyecto de vida que Dios nos presenta “in
vivo” para que tengamos un punto de referencia permanente con que contrastar
nuestro propio proyecto y el modo de realizarlo. Por eso nuestra fe es una fe en
Jesús.

El climax del evangelio, su noticia más gozosa para el hombre de todos los
tiempos es la llamada al hombre a la amistad con Dios. Un hombre que
poseyera todo, que dominara todo, pero que no tuviera ningún amigo, ¿no sería
un desgraciado? La amistad con Dios es el punto culminante de la existencia
humana. La amistad no es teoría, sino vivencia. No creemos en “algo”, sino en
“Alguien”. Es buena noticia (evangelio) enterarse de que todo -la creación con
su belleza, con sus energías, con sus aspiraciones, con sus descubrimientos, la
iglesia- todo, está orientado a que exista y crezca esa amistad entre Dios y el
hombre.

El evangelio ayuda a todo aquel -creyente o no- que sinceramente quiera ser
hombre. Por supuesto, que no es una ventaja para el caprichoso, o para quien
ha determinado hacer de su vida lo que le dé la gana. El primer servicio del
evangelio es relativizar todo (sólo Dios es absoluto y este absoluto garantiza así
la dignidad y la inviolabilidad del hombre). Así nos libera de todo sometimiento
esclavizante a ideologías, partidos, dinero, modas. Todo lo critica a la luz del
valor hombre-Dios. Cualquiera que haya leído el evangelio, descubrirá a Dios
garante del hombre.

Aquella palabra de Jesús escuchada hoy, no sólo desenmascara los ídolos, sino
que ilumina facetas sin las cuales el hombre se queda a mitad de camino; por
ejemplo, que por encima del color, la raza o el dinero todos somos hermanos,
que tenemos un Padre común, que nadie puede someter al hombre o hacerle
sufrir sin degradarse a sí mismo, que la perfección humana radica en el amor al
prójimo y a Dios, como su origen y destino plenificante.





Mario Melgosa




El evangelio es un
libro de vida y para la
vida; regenerador de
vida... es un gran acto
de fe en el hombre...
un conjunto de
buenas noticias y
oportunidades... la
llamada al hombre a
la amistad con Dios...