¿DÓNDE ESTABA DIOS EL 11-M?


El evangelista san Lucas es un Maestro de la narración. Mejor no nos lo
pudo decir. Lean despacio la página de Meaux, capítulo 24. Abran cada
palabra para hacerse con su meollo. En el camino de Meaux se puede
reconocer quien haya sufrido el desengaño.

Vengo con el recuerdo del 11-M, caminante como los dos de de Meaux,
rumiando los acontecimientos de aquel trágico viernes, cuando sacaron a
Cristo fuera de las murallas de Jerusalén para crucificarlo. Todo se acabó.
Todo es pasado. La cruda realidad ha demolido también la fe de los
discípulos. De aquel Jesús de Nazaret del que tanto habían esperado sólo
quedaba un muerto. Los verbos en pretérito patentizan su desengaño.

¿Se puede escribir con seriedad de Dios
Padre Todopoderoso después del ll-M?
Tráigame ese crucifijo con el que usted
no sabe qué hacer, y discute si olvidarlo
o retirarlo. Sigo con la narración de
Lucas. Un caminante -que parece ausente
de lo ocurrido hace tres días en
Jerusalén- les escucha su desahogo, y les
recuerda que eso ya estaba anunciado
muy claramente por los profetas, pero
también su resurrección, y el nacimiento
de un mundo nuevo. Y mientras les
hablaba, iban comprendiendo aquella
historia de otra manera, les ardía el
corazón, y se les abrían sus mentes
bloqueadas por el espasmo de la tragedia.

-¿Dónde estaba Dios el viernes santo? Crucificado en la carne de su hijo.
Respetando la autonomía del hombre. Su providencia y su amor de Padre
no bajó de la cruz a su Hijo, donde lo clavaron los hombres; pero lo
resucitó, sacando de aquella tragedia una fuente de esperanza y de amor
para el mundo.

El ll-M estaba anunciado por "los profetas": todos los ídolos terminan
devorando a sus adoradores. Eso lo debe saber ya el hombre. Occidente
ha sacrificado muchas vidas y pueblos al ídolo de su economía o su
poderío.

Durante mucho tiempo Occidente ha contemplado masacres en otros
pueblos, en Africa, en Asia, en América Latina; Occidente no está limpio
de complicidades.

Hoy la profecía de la solidaridad universal se hace más apremiante desde
la realidad de la "aldea global" o la globalización. Africa, Asia, América
Latina son pueblos hermanos, son también nuestro pueblo, nuestra
ciudad; sus gentes son nuestra gente.

El ll-M lo han pagado muchos inocentes. El viernes santo lo pagó un
inocente. Las ambiciones de los hombres las pagan los inocentes: pueblos
empobrecidos, masacres étnicas... No sabemos o no queremos leer la
historia. Los profetas se quejaban en nombre de Dios: "tienen ojos y no
ven, tienen oídos y no oyen"
.

Cuenta la narración de Emaús que la tarde iba cayendo, y los dos
caminantes invitaron a aquel desconocido a quedarse y a compartir la
cena:. y ahí se les abrieron los ojos para reconocerle. Era El, a quien
daban por muerto. Era el Crucificado resucitado. Estaban en la aurora de
un mundo nuevo.

Dios estaba allí el ll-M, impotente, gritándonos con la sangre de tantos
inocentes la crueldad del hombre que se arroga el derecho de matar a otro
hombre; y despertando y alentando la solidaridad hasta el heroísmo de
muchos hombres buenos, apremiando a los gobernantes a la solidaridad
entre los pueblos.

Anochece: África, Asia, América Latina, quédate con nosotros, siéntate a
nuestra mesa. El pan y el vino compartidos nos levantarán la esperanza,
serán la primera piedra de la nueva aldea global, donde todos, por encima
de razas y lugar, nos llamaremos hermanos.



Mario Melgosa




El 11-M Dios estaba
allí, impotente,
gritándonos con la
sangre de tantos
inocentes la crueldad
del hombre que se
arrroga el derecho de
matar a otro;
despertando y
alentando la
solidaridad de tantas
mujeres y hombres
buenos; apremiando
a los gobernantes a la
solidaridad entre los
pueblos.