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ALGO HUELE MAL EN EL GOBIERNO
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Percibo un olor extraño. Y digo percibo, porque quizás se deba a mis narices.
Conozco también cerebros congestionados.
Es un olor como a chamusquina, como si algo se estuviera quemando. Me
refiero a valores tradicionales. Claro que entre el vulgo todo cuela con la pega tina "progreso" en la sudadera. Hasta apuntarse al escuadrón de la muerte que asesina a las criaturas en el vientre de la madre, o ayuda a que un enfermo acabe con su vida se nos quiere colar como “progre”, “muerto el perro se acabó la rabia”. Hace 60 años los nazis hacían algo parecido.
Pero la ráfaga de ese olor extraño, a quemado,
me llega de otro lado: “en plenos calores
estivales y con la maleta vacacional ya
preparada, se conoció la expulsión, sin previo
aviso, del presidente de la Federación Española
de Religiosos de la Enseñanza (FERE) del
Consejo Escolar del Estado. Esto ocurría en el
contexto de liquidación de las políticas
anteriores que está llevando a cabo el nuevo
gobierno socialista”.
No me cuadra, porque si lo que se quiere es
mejorar la enseñanza desde una apuesta por el
“diálogo y el amplio consenso”, la ministra de
Educación lo ha negado al expulsar del Consejo
Escolar de Educación, así de un plumazo, a un
colectivo tan acreditado por su calidad de
enseñanza y de valores humanos, y que representa a la cuarta parte del sistema
escolar español: unos 2.000 colegios, 60.000 profesores y más de un millón de alumnos. Al menos un poco de educación, en una ministra de Educación.
Que para conseguir una mayoría que apoye sus planes, se expulse de la mesa a
los disidentes, me huele mal. Los dictadores, señora ministra, suelen contar con mayorías y cantan himnos al progreso. ¡Qué graciosa coincidencia!
Y algo me huele mal en el Anteproyecto de Ley del Ministro de Justicia, Juan
Fernando López Aguilar; que facilita una salida rápida a los divorcios. De “progresista”, nada de nada; de facilidades para romper la pareja, todas. ¡Qué idea tan pobre tiene este señor del matrimonio y de la familia! Y de los valores socialistas, ni rastro.
El Gobierno no ha tenido en cuenta el valor social de la familia y ha apostado
por la una ley del más radical individualismo. Que en lugar de proteger un bien para todos, como es la estabilidad del matrimonio y de la familia, y velar celosamente por ella, la dañe aún más facilitando la ruptura, me huele a extraño. Primar el capricho del individuo sobre un bien común me huele a traición en un gobierno socialista. También hay pirómanos del patrimonio cultural.
Que este anteproyecto de tan graves consecuencias sociales se lo haya sacado
el ministro sin consultar a las Instituciones que vienen trabajando mucho, largo y bien en temas matrimoniales y de familia -y que habiéndose ofrecido para el diálogo, se lo hayan negado-, espesa este extraño olor. Al olfatearlo -y como los temas se repiten- uno se pregunta si será éste el nuevo (o viejo) talante de “aquí mando yo, y hago lo que me da la real gana”.
Entre jocoso y resignado alguien comentaba: “Antes se pedía equiparar a las
parejas de hecho con el matrimonio; ahora progresamos, equiparando la institución matrimonial a las parejas de hecho”. y otros: “Matrimonio, barra libre”.
Las mafias de la inmigración con esta ley de matrimonio a la barra y divorcio
expres, tienen un nuevo filón de oro. Pero esto pertenece a otro ministerio. Que se entiendan, para bien de todos.
Mario Melgosa
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Si lo que se quiere es
mejorar la enseñanza desde una apuesta por el "diálogo y el amplio consenso", la ministra de Educación lo ha negado al expulsar del Consejo Escolar de Educación a un colectivo tan acreditado por su calidad de enseñanza y de valores humanos. |