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¿POR QUÉ SIGO EN LA IGLESIA?
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Un parón de vez en cuando nos viene bien para respirar hondo y alargar la mirada
por el camino recorrido y los paisajes. Sobre el paisaje va la pregunta. Abrir la vida con preguntas es acercarnos a la sabiduría y al progreso y; sobre todo, a la autoconsciencia. El hombre es un ser de preguntas.
Unos amigos me lanzaron un día una pregunta que agradezco:
“¿por qué sigues en la Iglesia?” La consideré tan interesante
que la he proyectado hacia otras muchas realidades: “¿Por qué
quiero seguir casado contigo?”... Las preguntas sacuden el
polvo y las rutinas de “nuestras pertenencias” fortalecen las
raíces, o nos aconsejan algunas podas.
No es una pregunta ingenua “¿por qué quiero seguir casado
contigo?” o “¿por qué quiero seguir en la Iglesia?” Son muy
oportunas cuando los vientos son contrarios y tan fuertes que
amenazan con arrancarnos de raíz o con rompernos.
Por seguir con estos dos ejemplos, piénsese en el mal trato que
reciben hoy el matrimonio y la Iglesia en los medios de
comunicación. En ambientes hostiles es urgente personalizar más
las propias convicciones y motivarlas para salvarnos del
pensamiento manipulador de las masas y de las corrientes de
moda. Dos palabras, “progre” y “moderno”, con sus contrarias
son las dos riendas que manejan el carruaje de la manada (hoy la
manada monta en carruaje). Declararse agnóstico o votar
matrimonio gay o romper el propio y “hago de mi cuerpo lo que
me da la gana” viste “progre” y “con los tiempos”.
Recojo la pregunta que va de título, y respondo con un apunte. Es sólo un apunte
para tirar de él; y es “mi” respuesta. Cada cual ha de encontrar sus “por qués”. Conviene adelantar que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Quien desee ver puede encontrar una buena teoría en el Concilio Vaticano II. Este Concilio respondió a dos preguntas sobre la Iglesia. “Iglesia, ¿qué dices de ti misma?” , y “¿qué tienes que decir y ofrecer hoy al mundo?”. De aquí salieron, como cuatro pilares, las cuatro famosas “constituciones”. Esta referencia es importante para valorar y movernos con libertad en la lectura de los documentos del magisterio.
Pero mi respuesta (para librarme de ideologías) va más por histórica. Como criterio
que extraigo de las raíces del hombre, me sirvo del “criterio de la vida”, que también lo encuentro en las raíces de mi fe: “Cristo vino para que tuviéramos vida y vida en abundancia”; “y vida eterna”. Apuntó así al sueño ancestral del hombre.
“Quiero seguir en la Iglesia” por ella y por mí. Por mí, porque en ella “he
conocido” a Jesucristo, y de él he aprendido a llamar a Dios ¡Padre!; y he descubierto la grandeza del hombre, habitado por el Espíritu de Dios; y las raíces de la solidaridad humana. La Iglesia me ha entregado el evangelio, y con la Iglesia, y muchos testigos, he aprendido a escucharlo como palabra viva y amiga para hacer mi camino de hombre. En la Iglesia he escuchado palabras de perdón, celebro la eucristía como fiesta de la vida, como memorial de Cristo. Ella está y celebra con el hombre y las familias sus momentos más importantes: el bautismo, el matrimonio, la muerte y otras efemérides. La veo a lo largo de su historia, acompañando a los niños, junto a los enfermos y los moribundos, con los ancianos y los jóvenes; abriendo hogares y escuelas, hospitales, asilos...; compartiendo el pan aquí y allá; la veo cercana a los pobres; habitada por el espíritu de Dios... Conozco sus escándalos, que son también míos; por eso la amo con más realismo.
La quiero por ella, ahora que tantos la abandonan y ridiculizan como a una madre
maltratada. Me necesita, y me siento amado por ella.
Mario Melgosa
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Porque en ella
"he conocido" a Jesucristo; he descubierto la grandeza del hombre, y las raíces de la solidaridad humana... La veo a lo largo de la historia acompañando a los niños, junto a los enfermos y los moribundos, con los ancianos y los jóvenes; abriendo hogares y escuelas, hospitales, asilos... compartiendo el pan aquí y allá. |