DIOS, UNA RIQUEZA VITAL, EN EL HORIZONTE
DE LOS NIÑOS


¿Por qué esa manía terca de negarle al niño la religión?


Que ha habido abusos, nadie lo negamos; como ha habido abusos en la
teoría y en la práctica de la libertad y del amor. Pero sólo a un enajenado
mental se le ocurriría negárselas. Los abusos y deformaciones van unidos
y crecen al amparo de un bien del que se alimenta. Junto a las fuerzas de la
fraternidad, del perdón, de la solidaridad y los valores éticos están las
guerras de religión y otros fanatismos. La huerta y los frutales se sulfatan,
y seguimos beneficiándonos de sus frutos. Vigilar la corrupción y abusos
de la religión fue siempre tarea de los profetas.

Sabido y aceptado esto, que puede ayudar
a sanar resentimientos -que no son buenos
consejeros por la ofuscación que
provocan-, nos vendría bien a todos
dialogar sobre los valores que despierta e
impulsa la enseñanza religiosa en la escuela.

Si hablamos de religión, hablamos de Dios
como horizonte de la vida, como una
ventana abierta hacia la transcendencia,
como liberación del bloqueo materialista
que nos encierra en el presente.

Si hablamos de trascendencia, estamos
valorando más el presente y le estamos
dando más seriedad a la actividad humana.
Al reconocer a un Dios creador, la pasión
por la conservación y cuidado de la naturaleza adquiere un plus de
motivos, de responsabilidad y de gozo.

El saber religioso es también una riqueza para el agnóstico, para saber de
qué habla, qué niega o de qué se abstiene. El saber siempre da libertad
para pensar, y ayuda a curarse de las alergias ideológicas que tanto
oscurantismo de un signo y de otro generan.

La enseñanza religiosa ofrece materiales de reflexión y motivaciones para
consolidar la estructura de la persona con conocimientos y hábitos de
conducta. La religión, al introducir el dato de Dios, Creador y Padre, en la
vida del ser humano, le libera de la soledad radical, origen de tantos
sufrimientos y decepciones.

Desde la fe en Dios, los valores de solidaridad universal, fraternidad,
reconciliación, honestidad, justicia..., recuperan consistencia y garantía
por la fuerza de sus raíces. Dios, confesado como Creador y Padre,
apremia al hombre a vivir y trabajar por la justicia entre los pueblos. Es el
garante del hombre al tomar como ofensa o gloria suya lo que hacemos a
un semejante y a la creación.

Donde se niega a Dios o se vive de espaldas a Él, se deja libre un terreno
que ocuparan los ídolos. Todos los ídolos acabarán devorando a sus
adoradores.

La enseñanza religiosa es un valor para la armonía del desarrollo afectivo
de la persona, y el ejercicio de las virtudes que estructuran una
personalidad: la sinceridad, el sacrificio, el sentido del bien común, el
respeto a los demás... Entre las aportaciones más valiosas de la enseñanza
religiosa está el sentido de la vida, de quién es uno, de lo que hace, del
dolor y del amor, del éxito y del fracaso y de la muerte.

Sinceramente creo que el niño tiene derecho a que le hablemos bien de
Dios. Digo hablar bien de Dios, porque la religión ha hablado también mal
de Dios. Quizás ahora estemos pagando alguna de estas facturas. Negarle
al niño la religión, para que él más tarde sea libre en la elección, es una
garrafal equivocación. Que elija luego desde el saber, y no desde la
ignorancia; desde la ignorancia no se elige, se padece. Las carencias de la
infancia marcan negativamente.




Mario Melgosa




Desde la fe en Dios,
los valores de
solidaridad universal,
fraternidad,
reconciliación,
honestidad, justicia...,
recuperan
consistencia y
garantía por la fuerza
de sus raíces. Dios
apremia al hombre a
vivir y trabajar por la
justicia entre los
pueblos.