"SE VENDE FELICIDAD
EN ENVASES DE 90, 100 Y 120 M2"



Este anuncio se puede ver en una obra en construcción, en un barrio de San
Sebastián. Lo que se anuncia con él es la felicidad, la venta de pisos.
Podríamos hablar de si la felicidad es comprar el piso o llega al terminar de
pagarlo, que puede llevarle a uno más de la mitad de la vida. Me sirvo de
este anuncio para reflexionar sobre la necesidad de felicidad que tenemos
los seres humanos. y que, además, viene muy bien, en este comienzo de
año, cuando hacemos nuevos propósitos.

Los que se dedican a la publicidad, haciendo anuncios en el medio que sea,
saben bien lo que en cada momento interesa a la gente, y hay que reconocer
que le ponen mucha creatividad. Yo les suelo seguir con atención, porque
me dan pistas para la reflexión. Ahora, en estos últimos años, la gente busca
¡ser feliz! Como sea, pero “ser feliz”, es el máximo anhelo que tenemos
los que vivimos en este hemisferio norte y, concretando más aún, en esta
sociedad desarrollada en la que vivimos.

Y para ello se proponen multitud de posibilidades: desde viajes en toda
época del año -ya no hay que esperar a tener vacaciones- hasta la compra
de un coche, beber una determinada bebida, tener una aventura con un/a
desconocido/a, de la que no se deriven compromisos posteriores de ningún
tipo; cocinar un plato de spaguettis, de una sopa que ya viene hecha;
ponerse un perfume o un desodorante de esos que no te abandonan durante
días; ducharse con un gel; instalar una columna de masaje en tu antigua
bañera; comprarse un sillón en el que además de sentarte recibes un masaje;
ver la TV en un televisor ultraplano, de plasma... y podríamos seguir
enumerando todos y cada uno de los anuncios que vemos a diario en la
prensa o en la TV, cuyo objetivo es -en TODOS los casos- ofrecernos la
solución para que seamos felices.

¿Está la felicidad en tener coche o...?

Con la ayuda de mi mujer, el otro día eché cuentas. Resulta que yo he
vivido mis primeros veinticuatro años de vida sin tener un coche. Ni lo tenía
yo ni lo tenía nadie en mi familia. Y no éramos más infelices que lo que
somos hoy. Y seguro que así podríamos hacer con cada una de esas ¡
cosas! que se nos proponen para ser felices. Somos una raza de gente muy
rara, porque, a pesar de tanto desarrollo y progreso, no conseguimos más
que “ratitos” de felicidad; como si dijéramos, algunas “alegrías pasajeras”,
y aún eso, en el mejor de los casos.

Leí el otro día un cuento de esos que tanto nos gustan en esta revista -y
que se publican en la última página-, en el que un pobre campesino le regala
a su rey, con motivo de su boda, un anillo, en el que se podía leer esta
inscripción: “esto, también pasará”.

No quiero sacar una consecuencia negativa de la vida. No. Lo que quiero es
compartir mi pensamiento en este primer mes del año, con los que, como tú
ahora, leéis estas líneas. Yo me pregunto: ¿Por qué si somos tan listos
como seres humanos -y de eso no me cabe duda-, no encontramos la
felicidad en nuestras vidas?

Claro, una respuesta sería que, porque no la buscamos en el sitio
adecuado. Es como si los del CSI -los forenses de la policía, de la serie de
la TV- estuvieran buscando huellas del crimen en un lugar en el que éste no
se cometió. Por lo tanto imposibles de encontrar.

Llegado a este punto, me viene a la memoria que en TODOS los encuentros
de Jesús de Nazaret con personajes que se nos narran en los evangelios, en
TODOS los casos, hay un denominador común: los que se encuentran con
El, después de ese momento, marchan a sus quehaceres, reanudan sus
vidas ¡alegres y felices! Entonces... ¿estará la alegría, la felicidad duradera,
en encontrarse con El? ¿ Y cómo nosotros, que somos cristianos de toda la
vida, no estamos alegres y contentos, y andamos a la busca y captura de
sustitutos de felicidad, que no terminan de llenar nuestras aspiraciones?

A mí, lo único que se me ocurre es que será porque aún no nos hemos
encontrado con El. y no estoy pensando que eso tenga que pasar después
de la muerte. No. Eso es para aquí y ahora. Para nuestra vida de cada día
en este mundo. “Ciertamente Jesús realizó, todavía en presencia de sus
discípulos, otras muchas señales que no están escritas en este libro;
éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de
Dios, y creyendo, tengáis vida unidos a El”
(Juan) “Tener vida”, “vivir”,
“ser felices”, “estar alegres”, “no tengáis miedo”... expresiones todas
tomadas del evangelio.

Cómo vamos a estimular la fe de nadie, cómo vamos a suscitar la envidia y
la admiración de los no creyentes, si vamos por la vida más tristes y
compungidos que ellos? ¿Qué hemos hecho de la vivencia de nuestra fe?
Saber, lo que se dice conocer, sabemos mucho, ya seamos seglares o
sacerdotes, religiosos o religiosas. No, no se trata de saber. Yo estoy
escribiendo sobre el VIVIRLO, sobre el ponerlo POR OBRA... que es otra
historia. ¿A ver si la felicidad va estar en vivir yo mi vida con los ideales de
Jesús, con su estilo de vida, y no en saber cómo la vivió Él?...

¡Feliz año, amigos!


Y tú, ¿qué opinas?


Juan Antonio Fernández