NO TE QUIERES ENTERAR...
VA DE "CURAS"


Creo que fue alrededor de los años cincuenta cuando surgió la figura del
"cura obrero". Se trataba de un sacerdote que además de llevar su
parroquia, trabajaba en una empresa, codo con codo, con otros trabajadores.
Fue en Francia donde comenzó este movimiento de "los curas obreros".
Hubo quien lo vio bien: "ya era hora de que el cura trabajase para
ganarse un sueldo"
. Y quien opinó lo contrarío: "si además de haber
poco trabajo, el cura también compite contigo para tener un empleo,
estamos peor que antes. El cura que se quede en la parroquia y se ocupe
de lo suyo"
.


¿POR QUÉ SE HIZO ESTE ENSAYO?

Se trataba de acercar la Iglesia a las gentes; de experimentar lo que significaba
vivir del propio esfuerzo y llegar a fin de mes con lo puesto; de ser como
nosotros, así nos entendería mejor, estaría más cerca de nuestros problemas.
La idea era buena.

Hace unos quince años llegó a mi barrio un sacerdote joven que compartía la
dedicación parroquial con un empleo en "una gran superficie". De momento
chocó, llamó la atención. El chico era diferente: pelo largo, siempre en
bicicleta, y con trabajo fuera. Más o menos, su original situación fue aceptada
hasta que un día una vecina necesitó con urgencia, que le dieran a su padre,
que se moría, lo que entonces se llamaba "la extremaunción". Y el cura
estaba en su trabajo, y además en otro pueblo, y no volvía hasta la noche. Te
puedes imaginar el resto.


LA GENTE QUIERE...

... que el cura esté presente; que viva, en el pueblo; que, además, no les
cueste dinero a los del pueblo mantener al cura; que no trabaje en un empleo
que lo pueda desempeñar alguien cobrando para mantener una familia; que
esté disponible de noche y de día, por si hace falta, etc. etc.


NO NOS QUEREMOS ENTERAR...

... que ya no hay -al menos por Europa-, tantas vocaciones. Que no hay
sacerdotes para cubrir esas necesidades, ni en los pueblos, ni en las ciudades.
Y digo que "no nos queremos enterar", porque saber, lo que se dice saber,
lo sabemos. Lo que ocurre es que, por ejemplo, cuando necesito que me
bauticen al hijo, entonces se me olvida todo, y pido día y hora como si
concertar este servicio, con el posible sacerdote, fuera como pedir la vez en la
peluquería. Y luego, me niego a entender las razones que me dan: no puede
ser ese día porque no hay sacerdote, y que por ello, los bautizos se han
agrupado en dos o tres veces al año. Y entonces, según y quienes, organizan
la bronca al pobre cura que les atiende… y que ni les conoce.


Y NO DIGAMOS NADA SI...

... nos referimos al sacramento del matrimonio. Eso ya merecería capítulo
aparte. Ante una negativa, por parte del sacerdote, porque no pueda, porque
esté ocupado o porque tenga otros compromisos, entonces se organiza lo
que alguien que escribe en la primera y última página de esta revista, llamó
hace tiempo "la caza del cura". Hay que ponerse a buscar, y encontrar, un
cura, como sea, para el día que habíamos fijado para nuestro enlace
matrimonial -sin contar con él-. Y no voy a añadir aquello de que, es que el
restaurante, el fotógrafo, los padrinos, la tía que viene del pueblo, el coro que
va a cantar en la boda, el viaje de novios, etc. etc. ya están avisados y
contratados... y solo faltaba el cura y mira por dónde, ¡que va a ser que no!
Ante ello se organiza un lío para resolverlo. Se recurre a la tía Julia -que es
muy religiosa-, para que hable con la parroquia, porque a ella seguro que le
hacen caso. Ante manifestaciones parecidas, que conocemos e incluso a lo
mejor hemos padecido, reitero que "no nos queremos enterar" de que no
hay sacerdotes.


LA SEMANA PASADA...

... hablaba con uno de ellos, ya mayor, y me comentaba lo mismo, y añadía:
"mientras no empecemos a quitar misas por 'falta de personal', creo que
no nos vamos a enterar"
. Porque lo cierto es que, sobre todo en las
ciudades, se siguen manteniendo horarios de misas, aunque haya que recurrir
a los sacerdotes o religiosos más viejos de la localidad; a un fraile que está
cuidando a su madre y temporalmente está allí; o al primer sacerdote que ese
día haya dicho menos de tres.


ESCUCHABA...

... el pasado mes de diciembre rogar por las vocaciones al sacerdocio, con
frases del tipo de: "oremos a Dios para pedirle que mueva los corazones y
suscite vocaciones al sacerdocio"
. Al oírlo pensé, automáticamente, que con
peticiones de este estilo, le estamos "colgando" la resolución del problema
de falta de vocaciones, al mismo Dios. O sea que Él se ocupe...


Y ¿NOSOTROS?

Me quedé pensando qué podemos hacer tú y yo. ¡Claro! me dirás que con
tus años qué voy a hacer yo, para suscitar nuevas vocaciones, si los hijos ya
son mayores, y los nietos no llegan a los ocho años. A lo mejor no estamos
dando un ejemplo que podríamos llamar "sugerente" en nuestras vidas como
cristianos, ante los demás, de modo que pudiéramos, sin saberlo, estar
animando o desanimando a quienes nos tratan, aunque no sean de nuestra
familia, aunque sean los hijos de otros. Porque influir en los demás, influimos.
Consciente o inconscientemente, nuestra manera de vivir, de ser, habla -sin
palabras- de nosotros. Y cuántas veces no hemos oído eso de... "sí, sí,
mucho ir a misa y luego..."
. O sea que se fijan, que saben cómo somos. ¿
Ayuda nuestra manera de vivir a quienes están buscando dedicarse a los
demás a través del sacerdocio, o bien somos el mejor antídoto que se
conoce? ¿Contagiamos o inmunizamos?

Egu berri on! ¡Feliz año nuevo! Y a ver si de verdad es nuevo.



Y tú, ¿qué opinas?


Juan Antonio Fernández