Hace poco he visto una película de aquellas de indios y vaqueros que
suelen reponer en televisión. Esta vez, el comportamiento de los indios me
hizo pensar. Según la película, ellos creían que Dios les acompañaba a lo
largo de su existencia, en su día a día. Desde que se levantaban con el sol,
agradecían a Dios su vida, el alimento que les procuraba, su familia, su
tribu. Eran gentes sencillas que vivían al día. Si aparecían bisontes, era
porque Dios se los mandaba, y después de cazar los necesarios, ni uno
más, daban gracias a Dios por ello.

Si era tiempo de lluvia y no llovía, y se empezaban a secar las praderas, le
ofrecían a Dios sacrificios, danzas, cantos, para que lloviese; y como más
tarde o más temprano llovía, pues a dar gracias a Dios por la lluvia. Y así
en todas las circunstancias de sus vidas. Es decir que eran pueblos que
vivían una estrecha relación con Dios.

Durante bastantes años pasé mis vacaciones de verano, de mi niñez y
juventud, en un pequeño pueblo de la provincia de Palencia: Ribas de
Campos. Allí vivían mis abuelos. Y recuerdo que también esas gentes del
campo tenían una relación diaria con Dios, a través de los acontecimientos
de sus vidas. Al mediodía se tocaban las campanas para el rezo del
Angelus. Las campanas eran el medio de comunicación a través del que se
avisaban las noticias importantes: la muerte de un vecino, un incendio, etc.
Se hacían rogativas, bien para pedir la lluvia, bien para evitar que una
granizada destruyera la cosecha, que ya estaba para ser recogida, sacando
las reliquias que guardaban (y guardan) en la parroquia.

De alguna forma -la suya-, ellos también contaban con Dios para su vida de
cada día. Le creían importante. Para ellos, como para los indios, Dios era
alguien a quien se tenía mucho respeto, a veces casi miedo, pero con quien
convivían a diario.

Nosotros, en nuestros días, tendemos a creer que todo esto era fruto del
desconocimiento. Y ya se sabe que, ante lo desconocido, mejor
reverencia, por si acaso. Nosotros hemos evolucionado, hemos
progresado, y hemos sacado a Dios de esas labores en las que le habían
colocado nuestros antepasados (incluidos los indios).

Nosotros ya sabemos que si se quieren cazar búfalos, por ejemplo -donde
los haya-, ya ha habido alguien que ha estudiado su comportamiento, sus
costumbres y desplazamientos, y ya se sabe dónde están, o dónde van a
estar, y es cuestión de comprarse el equipo, ir y cazarlos. Y no hay nada
que agradecer a Dios porque -según nosotros- Él no ha intervenido en
esto.

Nosotros sabemos que si hay sequía y necesitamos la lluvia, están los
satélites meteorológicos para decirnos dónde está la borrasca, que como
todos conocemos es la que trae la lluvia y esperamos a que llegue. Y para
eso tampoco nos hace falta Dios; es cuestión de mirar el mapa del tiempo
en el periódico o en la TV, o en internet, o hasta en el teléfono móvil.

Y se podrían poner más ejemplos que a buen seguro se te ocurren, porque
los has vivido tú, que me estás leyendo.

Yo me pregunto si el desarrollo nuestro, con relación a los que nos
precedieron, es causa de alejamiento de Dios. O es que el ser humano a
más ignorante intelectualmente, más cercano a Dios, y viceversa.

Si nosotros tenemos más o menos resuelto el comer, el trabajar, el vivir -
con las limitaciones que queráis-; si creemos que todo eso no depende de
Dios, entonces, ¿para qué tener relación con Él? ¿A ti qué te aporta tu
relación con Dios?

Estando escribiendo las primeras líneas de este trabajo, me dejan una
revista de hace treinta años para que lea un reportaje sobre la cartuja de
Miraflores (Burgos), y descubro este párrafo: "He visto a Miraflores
como una antorcha que llamea al cielo, pero hace luz a los hombres.
Creo que se puede vivir con menos cosas. Creo que al hombre le están
robando lo mejor que tiene: poder hablar todos los días con su
Dios..."
.

Esto está escrito hace ¡¡TREINTA años!! Y a mí que me parece muy
actual... aunque claro, no sé si tú percibes que el poder hablar con Dios
todos los días es lo mejor que tienes... en cuyo caso...


Juan Antonio Fernández
LO MEJOR QUE TIENES