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¿SE ENTIENDE O NO SE ENTIENDE?
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“Un prestigioso profesor, de una muy conocida escuela de negocios de
los Estados Unidos, planteó recientemente un dilema inquietante: las empresas de éxito pierden posiciones no porque se gestionen mal, sino porque se gestionan muy bien. Gestionar bien es aumentar los márgenes y mantener alto el valor de las acciones de la compañía. Lo que sucede es que la lucha exclusiva por el margen arregla el camino a nuevos competidores que entran en el negocio con innovaciones que significan un brusco cambio en la lógica del sector”.
Hasta aquí las primeras líneas de un artículo de un diario económico que
leía recientemente. Me quedé estupefacto. Verdad es que vamos viviendo continuos cambios en muchísimas cosas: antes eran de una manera, y ahora son de la contraria; y, además, ahora, son buenas. Por ejemplo, en los temas de la dieta, antes beber mucha agua decían que engordaba, ahora que adelgaza; ¿mañana? Y así podría contar otras situaciones, que antes eran de una manera y ahora son de la contraria... y están bien. Pero es que lo de la noticia con la que encabezo mi trabajo este mes, a mí me parece muy fuerte. ¿O sea que las empresas bien gestionadas, precisamente por ello, descuidan la innovación, la puesta al día, los cambios, y por esa rendija se les cuela la competencia? Cada vez entiendo menos.
Inmediatamente después de leerlo, me vino a la cabeza nuestra Iglesia y
nosotros los cristianos, que la constituimos. Yo no sé si estamos -como Iglesia- bien o mal gestionados, pero sí creo que a menudo, estamos entre los que se creen que no tienen competencia; o dicho de otro modo, que los otros, los no creyentes en “lo nuestro”, están equivocados, y que cuando les parezca... que se conviertan y cambien; y si no quieren convertirse, pues allá ellos. Que nosotros somos los auténticos, y que los demás son un montón de religiones varias, creencias diversas, sectas, o cosas raras.
Si esto fuera así (que no lo creo) no tendría sentido leer en la última
encuesta, hecha el pasado mes de marzo, para la fundación BBVA, entre los estudiantes universitarios: el 45,3 % de ellos es católico, y el 59,5 % nunca asiste a ceremonias de culto. A ver si de puro gestionar bien, de pensar que no tenemos necesidad de nada ni de nadie, nos están “comiendo la tostada” y nosotros aquí tan contentos, asegurando, eso sí, que es el Espíritu Santo el que gestiona, y por ello que “aquí no pasa nada”.
Acabamos de vivir la Cuaresma; hemos celebrado el Triduo Pascual y
seguramente que en nuestras iglesias hemos tenido charlas cuaresmales; es decir, una oportunidad dada por las parroquias para que reflexionemos sobre la vida que llevamos, pidamos perdón por los errores, y una vez perdonados, reanudemos el camino -la vida de cada día- con más fuerza si cabe, sabiéndonos perdonados por Dios.
El pasado mes una conocida agencia de viajes anunciaba así la Semana
Santa: “Tenemos la mejor Semana Santa para usted. Con motivo de nuestro veinticinco aniversario le proponemos los siguientes destinos...”, y aquí seguía una larga lista de lugares a los que poder ir de viaje, aprovechando las fiestas de la Semana Santa.
Más de una vez he oído la pregunta: ¿Es malo ir de vacaciones en las fiestas
de Semana Santa? Yo la verdad es que no sé si es malo o es bueno. Yo lo que afirmo es que, una vez al año, los cristianos -invitados y motivados por la Iglesia-, tenemos la oportunidad de celebrar los misterios de nuestra fe; y el más importante de ellos es que Jesús, después de ser ejecutado, es resucitado por Dios, y desde entonces vive a nuestro lado.
Tener esta oportunidad y no aprovecharla, diría poco de alguien que se
considere cristiano. Como dice muy poco, e incluso sería tratado de mal aficionado, aquel seguidor del equipo de fútbol de su pueblo (y aquí, cada uno podéis poner el vuestro para que no haya piques), que el día del partido de la máxima rivalidad, ni va al campo ni lo oye por la radio, ni siquiera lee las reseñas de los periódicos al día siguiente.
Claro que “lo nuestro” lo de la celebración de los misterios de nuestra fe; lo
de celebrar, junto a nuestra comunidad cristiana, que por medio de Jesús se nos ha regalado la salvación para siempre; lo de que desde ahí, la muerte no es el final de nuestras vidas, etc. etc. pues eso, a lo mejor, puede esperar un poco. Como el título de aquella película: “El cielo puede esperar”.
Ahora que lo pienso, a lo mejor es que no hemos sido muy creativos
anunciando las celebraciones de la Semana Santa. Propongo que el año próximo lo anunciemos así: “Tenemos la mejor Semana Santa para usted. Con motivo de nuestro dos mil seis aniversario, le proponemos el mejor de los destinos: la vida para siempre, junto a un Dios que le quiere”. Aunque ahora que lo pienso, lo que veo más complicado es organizar el viaje, ¿no?
A quienes, mes tres mes, sois fieles a nuestra revista, a vuestras familias y
amigos, a todos, ¡Felices Pascuas!
Y tú, ¿qué opinas?
Juan Antonio Fernández
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