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EN HOMENAJE A TI
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DICHO ASÍ, no me extraña que te preguntes ¿a quién? Verás, el mes
pasado me llamó por teléfono una buena amiga. Me dijo que había tenido quince días de vacaciones en su trabajo, la mitad de los cuales, los había dedicado a estar con una tía suya, soltera, hermana de su madre, ya mayor, que vive sola, en una población distante de la suya. Lo había decidido como testimonio, como muestra de agradecimiento, por todo lo que su tía había hecho por su madre, cuando ésta tuvo a sus muchos hijos, pequeños. La tía ayudó, de manera muy importante y decisiva, a que aquella familia saliese adelante.
Esta conversación con mi amiga, me ha dado pie para pensar en tantas tías
-no sé de ningún tío, pero supongo que los habrá-, que entregaron generosamente su juventud a educar a los hijos de sus hermanas o hermanos. Muchas veces incluso con su dinero.
Y tendría que decir lo mismo de tantas hermanas de sacerdotes, que
incluso renunciaron a su propia vida -quiero decir que se pudieron haber casado y no lo hicieron-, por ser lo que antes se llamaba “amas” de los curas; es decir, las que vivían con el sacerdote y le hacían la comida, le arreglaban la casa, lavaban la ropa, planchaban, etc.
¡Cuánta gente entregada de por vida y de forma anónima, a hacer que otros
vivieran o se sintieran mejor! ¿Forman parte de nuestro recuerdo?
HACE POCO escuché en una charla, que una de las cosas que podíamos
hacer para honrar a nuestros familiares muertos era terminar y llevar a cabo aquella tarea que a ellos no les hubiera dado tiempo de hacer y que nosotros supiésemos que les habría gustado llevar a término. Es bonito ¿ no?
EL PASADO MES de marzo, toda España ha recordado a las víctimas del
horrible atentado terrorista de Madrid. En todas las emisoras de radio, de televisión, en todos los periódicos y revistas, se hizo amplia mención al aniversario del desgraciado acontecimiento. Hubo -como hay siempre- quienes lo creyeron inoportuno, porque era revolver lo que ya había pasado; como hurgar en la herida que se estaba cerrando. Los testimonios, a miles, lo negaron. La gente afectada todavía lo está pasando mal; algunos incluso muy mal. Pero creo que en algo hubo unanimidad: el recuerdo, la solidaridad de todo un país, no les hizo daño; es más, lo agradecieron mucho.
YA SÉ QUE NO ES LO MISMO, pero volviendo a la historia inicial, yo
creo que si hemos tenido en nuestra vida alguna de estas personas que se sacrificaron por nosotros en nuestra niñez, en nuestra juventud, y aún viven, estaría bien que se lo agradeciésemos. No importa que haya pasado mucho tiempo; pienso que los homenajes nunca están de más -más bien suelen escasear en vida-. Las palabras de agradecimiento no caen nunca en saco roto, muy al contrario, llenan el corazón del que las recibe.
A veces -incluso involuntariamente- hemos dejado en el olvido hechos y
acontecimientos familiares, que en su momento nos parecieron “normales”, y que el tiempo, a poco que pensemos, los está colocando en su verdadera magnitud, o sea muy importantes. De normales poco, o nada. A mí me resulta muy agradable -y supongo que a los demás también- cuando alguien te recuerda lo agradecido que te está por algo que le hiciste o le dijiste en determinada ocasión, y que fue muy importante en ese momento de su vida. ¡Cuánto más tiene que ser que una sobrina, como en el caso de mi amiga, te dedique la mitad de sus vacaciones a ti, que, ya mayor, dejaste lo mejor de tu vida por amor a ellos!
Estaría bien que esta historia nos hiciera pensar a todos si tenemos en
nuestras vidas alguna persona -aún viva- a quien agradecer, de forma sencilla, su entrega en el momento oportuno. Porque nosotros, a fin de cuentas, somos el resultado de la entrega, del empeño, del esfuerzo de muchas personas. “Es de bien nacidos ser agradecidos”, dice el refrán.
Y no quiero dejar de mencionar también, porque es justo, a las vecinas. ¡
Cuántas de ellas han ayudado, y lo siguen haciendo, a sus vecinas necesitadas! Hemos creado -sobre todo los hombres- el estereotipo del “cotilleo” entre vecinas; que si se produce entre vecinos se llama “intercambio de impresiones o charla”; debe ser porque es más serio, ya que ellos hablan del fútbol, del tiempo, del trabajo... Mientras las vecinas hablan de la vida, te ofrecen su comprensión, te hacen la compra si hace falta, te acompañan a la calle, te escuchan, te acompañan al médico, etc. ¿ Qué te parece? ¿Quién habla de lo importante?
No hay un mes del año dedicado al agradecimiento a los demás, pero
deberíamos instaurarlo, y mientras eso no ocurra, nosotros podríamos hacer el esfuerzo ¿no? Porque ¿hay algo más cristiano, más evangelizador, que tener el corazón dispuesto a agradecer a quienes nos ayudaron cuando lo necesitamos?
Podemos leer en el Evangelio de Mateo: “Venid benditos de mi Padre,
tomad posesión del Reino preparado para Vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de Comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me alojasteis... Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Y tú, ¿qué opinas?
Juan Antonio Fernández
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