"PIENSE EN LOS DEMÁS"


HACE YA UNOS CUANTOS AÑOS se popularizó este eslogan, repetido
por la televisión, publicado en prensa y a través de pegatinas. Era una
campaña cívica, y al mismo tiempo muy cristiana. ¿Hay algo más cristiano
que amar al prójimo? Y, si se trataba de “pensar en los demás”, se trataba
de tenerlos en cuenta, ¿no?

Dice el Papa Benedicto XVI en su primera encíclica “DIOS ES AMOR”: “Mi
prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar.
El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco
exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y
ahora”
.

NO ESTAMOS AÚN EN VACACIONES, pero se empieza a respirar ya un
aire como de fiesta. Estaría bien que llevásemos al campo, a las salidas, a las
excursiones, ese pensamiento sobre el prójimo. “Sentir que mi prójimo es
cualquiera que tenga necesidad de mí”
.

Es verdad que los tiempos son lo que son, y que nosotros no los vamos a
cambiar. Es verdad que, quizás más que en ocasiones anteriores, ahora
parecemos estar más expuestos a timos de todas clases.

Y que todo ello va creando en nosotros una especie como de coraza ante los
desconocidos. Estamos como en guardia permanente. Y claro está que
muchas veces está más que justificado, pero aún así los cristianos no
podemos renunciar a uno de los dos pilares de nuestra fe: Amar a Dios y al
prójimo como a Él mismo
.

Con el paso del tiempo tendemos a pensar que antes “las cosas”, la vida, eran
mejores, más sencillas. Puede que en algunos casos así fuera, pero creo que
siempre ha habido de todo. Hay un pueblo en un estado de Norteamérica que
cada año celebra el “Día de la educación cívica”, y que en ese día se
practica, más que de ordinario, el uso de tres palabras que resultan altamente
gratificantes: GRACIAS, POR FAVOR y PERDÓN.


“¿CóMO SE DICE?”

HAY GENTE a la que no recuerdo cuándo les oí decir, por última vez, estas
palabras, y son sobre todo personas mayores -de los jóvenes no opino-, a las
que de niños les enseñaron a usarlas. Cuántas veces no nos dijeron aquello de
“¿cómo se dice?...”, para responder a alguien que nos hacía un obsequio. 0
“¿cómo se pide?...”, para que aprendiéramos que había que decir “por
favor”
.

Me da la impresión de que nos creemos más modernos al eliminar estos
buenos modales. Creo que debemos estar orgullosos de la educación recibida
y hacer honor de la misma, es decir, practicarla.

En este tiempo en el que podemos “salir” más de lo habitual, qué bien que
podamos dar las gracias por un servicio bien atendido, por una persona
amable que nos encontremos en nuestro viaje. Qué bien si, además, nos
damos cuenta de la cantidad de gente que trabaja en domingos y festivos para
que nosotros podamos comer, o tomar un café, o visitar un monumento. Y,
qué bien si, además, les podemos decir que “lo haces muy bien, gracias”.
Sólo nos acordamos del empleado de turno cuando hay algo que reclamar.


¿NADA GRATIS?

¿POR QUÉ NO IR POR LA VIDA con los ojos del corazón abiertos al
amigo desconocido que nos vamos a encontrar? ¿Por qué la primera posición
es de desconfianza? Hoy no se entiende que te ofrezcan nada gratis. En
seguida miramos para ver dónde está el engaño, porque no nos lo creemos. Y
es verdad que muchas veces hay segundas intenciones, pero también habrá
que dejar la puerta a la confianza.

Nos ocurrió a mi mujer y a mí el pasado verano. Visitábamos una ciudad, y
compramos un ticket de seis viajes para el autobús que recorría la ciudad.
Cuando ya cansados, nos retirábamos, nos dimos cuenta que aún quedaban
dos viajes sin utilizar. Tratamos de dárselo a la primera persona que estuviera
en la parada. Pues, nos costó lo nuestro. Desconfiaban y no lo aceptaban... ¡y
eso que lo regalábamos!

Esta vida que llevamos nos va endure­ciendo, porque hemos sido víctimas de
ma­los tragos, o porque hemos oído que “otros” lo han sido y, por si acaso.
Jesús de Naza­ret se pasó su vida confiando en los que encontraba en su
camino. Y una de las fra­ses que más se repite en el evangelio es: “No tengáis
miedo”
. Estaría bien empezar el verano con una actitud más abierta hacia los
demás; más “pensando en los demás”. Hay cantidad de situaciones en las
que nuestro comportamiento puede mejorar­nos, si “pensamos en los
demás”
.


¿DEMASIADO?

CONOZCO UN AUTOMOVILISTA desde hace muchos años -ahora ya no
conduce- que, cuando aún no existían los sistemas de telepeaje para pagar las
autopistas, y en tramos de precio único, pagaba su paso y además le daba al
empleado de la autopista otro tanto, para pagar el peaje de quien viniera
detrás, y al que él naturalmente no conocía. No sé si es o no lo que hay que
hacer, pero lo que sí sé es que, al menos en ese momento, mi amigo, pensaba
en los demás. ¿Cuándo es la última vez que has hecho algo por un
desconocido?



Y tú, ¿qué opinas?


Juan Antonio Fernández