¿SOMOS UN EQUIPO?


Un suplemento dominical de negocios publicó en la pasada primavera un
reportaje sobre la intervención que tuvieron dos entrenadores de
deportistas, ante un grupo de ejecutivos de empresa. El objetivo era que los
entrenadores contasen a los hombres de negocios cómo llevan adelante un
equipo de personas, en este caso deportistas, por si la experiencia les podía
servir a ellos para dirigir y motivar a los trabajadores de sus empresas.

Empezaron contando una historieta. Se trata de una empresa española que
pierde sin remedio la competición de remo que anualmente organiza con
otra empresa asociada, pero de Japón. En la trainera española van el jefe
adjunto, dos coordinadores, tres consejeros delegados, dos jefes de ventas,
cinco asesores y UN remero. En la japonesa un patrón y trece remeros.
Derrota a derrota, los españoles crean selectas comisiones de estudio y
pagan carísimas auditorias externas para buscar remedio al constante
vapuleo. Así directores, consejeros, jefes varios, asesores y técnicos se van
turnando para acompañar al remero. Pero ni por ésas.

La última humillación lleva a la compañía a contratar a una consultora en
recursos humanos que, por fin, da con el problema; la culpa es del remero,
que a partir de la decimonovena milla, empieza a mostrarse poco motivado
e implicado en la filosofía de la empresa.

Si queremos que el conjunto funcione, no podemos ser todos
ingenieros
” resumió el patrón de la trainera de Castro, José Luis Korta,
uno de los dos invitados a la reunión a la que estoy haciendo referencia.
Ante el auditorio, Korta condensaba las claves de su éxito en sencillas
máximas, como “aprender de los errores”, “predicar con el ejemplo”,
dar confianza a quienes trabajan contigo” y “valorar a quienes se
esfuerzan
”.

Es muy importante saber perder porque incluso siendo bueno se
puede perder. Además hay que aprender de los errores propios. Los
triunfos ahí se quedan, pero lo que realmente me ha servido son las
equivocaciones. Y a base de "meter el remo", he visto que lo
fundamental es estar con el equipo en la trainera para esforzarte con
ellos y dejar que cada quién haga su trabajo, dar oportunidades,
ofrecer respaldo
”.

A mí me vino a la cabeza que quienes colaboramos con la labor de
apostolado de la Iglesia, o sea todos aquellos que están cerca de los
equipos de parroquias, somos como ese equipo de la embarcación
cántabra.

Acabamos de comenzar a dar los primeros pasos de un curso más. Cada
uno o cada una habrá venido con las ganas que pueda después del verano.
A lo mejor pasa, como otros años, que cuesta encontrar personas que
quieran dar un poco de su tiempo en beneficio de los demás, naturalmente,
además del que dan en su casa o trabajo.

¡Qué bueno! que en nuestro servicio a la Iglesia, pudiéramos tener a nuestro
lado alguien que siendo el responsable del mismo, estuviese contigo, se
esforzase contigo, te dejase hacer tu labor, te diera oportunidades de
formación, te ofreciera su respaldo... (y sólo copio lo dicho por Korta).

Quiero repetir, porque ya lo he dicho otras veces, que se está
despilfarrando un capital humano que no se tiene. Que se quema a mucha
gente, cuyo recambio no existe, con incomprensiones, actitudes
dictatoriales (del tipo de “aquí mando yo”), etc. Que hay lugares en los
que las catequistas, por ejemplo, deberían estar descansando ya por la
edad, y tienen que seguir -presionadas por el párroco de turno- porque no
hay sustitutos. Que en muchos casos no se cuida con el debido esmero,
con cariño, con delicadeza, a las personas que en las parroquias dan
libremente sus capacidades por amor al prójimo.

Que... “Si queremos que el conjunto funcione, no podemos ser todos
ingenieros
”. Que tiene que haber de todo. Que todos se tienen que sentir
especialmente mimados, atendidos. Iguales a los ojos del responsable. Que
para ello, muchas veces, hay que delegar funciones. Que el cargo,
nombramiento de párroco, no implica, necesariamente, ser un buen
economista, planificador, programador, experto en recursos humanos,
gestor de bienes inmuebles, buen predicador, pedagogo, relaciones
humanas, etc. etc. Que lo que verdaderamente espera la comunidad
cristiana del párroco, es que sea un hombre de Dios. Un ejemplo a seguir.
No uno más. No. Nosotros los cristianos estamos necesitados de ejemplos.
De personas que vivan ejemplarmente, cristianamente, en nuestro mundo.
Que sean para nosotros un espejo en el que mirarnos y al que poder seguir.
Que nos muestren como pistas por las que discurrir. Luego, claro, cada
uno escoge, pero hay una muestra, hay un ejemplo, un testimonio vivo.

Vengo escuchando últimamente frases como “el Espíritu de Dios ya
proveerá
”, detrás de las cuales hay como una dejación de funciones. O sea;
yo no hago más; que Dios, a través de su espíritu actúe. ¿Cuándo te vas a
enterar de que TU ERES la manifestación visible de ese espíritu de Dios
para tanta gente?


Y tú, ¿qué opinas?


Juan Antonio Fernández