EL ABUELO Y LA ABUELA
El abuelo y la abuela se habían peleado, y la abuela estaba tan
enojada que no le dirigía la palabra a su marido.

Al día siguiente, el abuelo había olvidado por completo la
pelea, pero la abuela seguía ignorándole y sin dirigirle la
palabra. Y por más esfuerzos que hacía, el abuelo no
conseguía sacar a la abuela de su mutismo.

Al fin el abuelo se puso a revolver armarios y cajones. Y
cuando llevaba así unos minutos, la abuela no pudo contenerse
y le preguntó:

- "¿Se puede saber qué demonios estás buscando?".

- "¡Gracias a Dios, ya lo he encontrado!", le respondió el
abuelo con una maliciosa sonrisa. "¡Tu voz!".