|
EL ENFERMO Y EL SACERDOTE
|
|
Un sacerdote visitaba frecuentemente a un enfermo en su casa.
Y siempre observaba con extrañeza la presencia de una silla vacía, junto a la cabecera del enfermo. Un día preguntó:
- ¿Para qué una silla vacía junto a la cama?
- No está vacía, contestó el enfermo. He colocado a Jesús en
esa silla y estaba hablando con Él hasta que llegó Vd... Durante años me resultó muy difícil hacer oración hasta que un amigo me explicó, que orar es hablar con Dios. Al mismo tiempo, me aconsejó que colocase una silla vacía junto a mí, que imaginara a Jesús sentado en ella e intentase hablar con Él, y escuchar lo que Él me contestaba. Desde aquel momento no he tenido dificultades para orar.
Algunos días más tarde vino la hija del enfermo a la casa
parroquial para informar al sacerdote de que su padre había fallecido. Dijo:
- "Lo dejé sólo un par de horas. ¡Parecía tan lleno de paz!
Cuando volví de nuevo a la habitación lo encontré muerto. Pero noté algo muy raro: su cabeza no reposaba sobre la almohada de su cama, sino sobre una silla colocada junto a la cama". |