LA ORACIÓN DEL VIEJO MAESTRO
Aquel viejo maestro nunca dejaba de enseñar y nunca dejaba de aprender.
Cada vez sabía más y cada vez parecía más reacio a enseñar. La vida le
había llenado de conocimientos y le había llenado de prudencia. El
silencio, la moderación, son también sabiduría.

- «Cuando era joven y revolucionario, solía repetir, pedía a Dios
que me diera fuerzas para cambiar al mundo. Multitudes de
alumnos me seguían. Con el tiempo me di cuenta de que no había
cambiado a nadie y empecé a pedir fuerzas para transformar al
menos a los más cercanos. Ya no me escuchaban tantos. Llegué a
viejo y me di cuenta de lo estúpido que había sido. Hoy sólo pido a
Dios la gracia de cambiarme a mí mismo. Veo que hay muy pocos
que me escuchen. Pero yo, ojalá hubiera pensado siempre así, no
habría malgastado mi vida, porque Dios se ha pasado toda mi vida,
pidiéndome que me deje cambiar».