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Querido Jesús:
Tú eres el mejor regalo que tenemos del Padre.
¡Qué fácil resulta decirlo!
Quiero que mi piropo sea verdad.
Quiero que seas mi mejor regalo navideño.
Quiero encontrarme contigo
más que con el ordenador, con la tele,
y con esos regalos que anuncian
y te dejan con la mirada a cuadros...
Querido Jesús:
quiero ser tu amigo, necesito ser tu amigo.
Ayúdame a dejar a un lado
las cosas malas que me apartan de Ti.
Ayúdame a encontrar tu perdón y tu amistad.
Ayúdame a trabajar y a esforzarme
para preparar una Navidad más luminosa.
Y gracias por traernos
la luz de tu amistad y tu perdón
a todos los hombres
para el nuevo año que vamos a comenzar.
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¡Qué hermosos son los pasos
de quien trae buenas noticias!
Sobre los montes los pies de tu Mensajero.
Anuncia la paz.
Trae una Buena Noticia.
¡Qué hermosos sus pasos!
Ahí viene, gritando: «Ha llegado la hora.
Comienza la libertad.
Despunta una nueva aurora.
Ya no habrá noche.
Nadie hablará más de opresión.
La muerte está enterrada para siempre.
Verdad, justicia y amor
se dan la mano y avanzan.
Pronto será de ellos el mundo entero.
La mentira se habrá ido
de las radios, de los anuncios, de la prensa.
La injusticia perderá el juicio
en todos los tribunales.
Habrá libertad. Será todo nuevo»
Es una voz recia.
La han oído tus profetas.
Y la repiten a gritos como en un eco.
Tu Mensajero sigue gritando.
La liberación está en marcha.
Ya nadie podrá detenerla.
Las fuerzas de libertad
llegan desde el reverso de la historia.
Pronto saldrá el que está en la cárcel.
No, no morirá en la hoya
ni le faltará el pan.
Pronto conocerá su libertad.
No habrá cadenas que lo puedan encadenar.
«Vosotros sois mi pueblo.
Raza divina sois.
Desde el día de mi visita
os he llamado a la libertad»
¡Hay que gritar!
Gritar de alegría por las tierras abatidas.
Gritar sobre la miseria y la opresión.
Gritar con fuerza en plazas y mercados,
para que todos lo oigan.
Has abierto a pico entre roca viva
una calzada ancha hacia tierras de libertad.
Ya nadie podrá destruirla ni cobrar peaje.
El pueblo va por ella.
Una manifestación que se alarga
hasta donde no alcanza la vista.
Son multitud los que marchan
hacia la Tierra de la Libertad.
Los que no marchan están avergonzados.
Han puesto aquí su casa.
Quieren ser libres dominando a otros.
Son esclavos de su dominación.
Utilizan las armas para mantener su poder.
Utilizan el poder para mantener sus privilegios.
Están corridos y nerviosos.
El pueblo avanza, sin cesar.
Hay piedras, clavos, sangre,
conflictos, sudor y vida.
Y un horizonte en el que surge
la palabra «libertad» .
¡Qué hermosos son los pasos
de quien trae buenas noticias!
Loidi, P.
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ADVIENTO:
TIEMPO DE ESPERA
PLEGARIAS
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Él estará a nuestro lado,
El guiará nuestros pasos:
EL NOS DARÁ LA SALVACION.
Nos limpiará del pecado,
ya no seremos esclavos:
EL NOS DARÁ LA LIBERTAD.
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Visitará nuestras casas,
nos llenará de esperanza:
EL NOS DARÁ LA SALVACION.
Compartirá nuestros cantos,
todos seremos hermanos:
EL NOS DARÁ LA LIBERTAD.
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Caminará con nosotros,
nunca estaremos ya solos:
EL NOS DARÁ LA SALVACION.
El cumplirá la promesa
y llevará nuestras penas:
EL NOS DARÁ LA LIBERTAD .
Erdozain, Carmelo
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Llévame al desierto
y susúrrame, en el silencio,
tu palabra.
Condúceme por la ciudad
y grítame, entre el tráfico y el barullo,
tu palabra.
Dirígeme por tus caminos
y dime, quedamente,
tu palabra.
Llévame por valles y montañas
y repíteme, con eco y fuerza,
tu palabra.
Guíame a la periferia de siempre
y enséñame, con paciencia,
tu palabra.
Álzame por encima de mis problemas
y desvélame, con gracia y ternura,
tu palabra.
Lánzame al agua
y hazme beber, serenamente,
tu palabra.
Transpórtame a cualquier oasis
y refléjame, claramente,
tu palabra.
Déjame en el corazón de las personas
y espera, Señor, que crezca en mí
tu palabra.
Ulibarri, FI.
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¡Vamos, levantaos,
se acerca vuestra liberación!
Hay signos a vuestro alrededor.
¿No los veis en el barrio, en la fábrica,
en la comunidad, en vuestra propia casa
y en vosotros mismos, sin ir más lejos?
Restregaos los ojos,
mirad con esperanza el horizonte,
escuchad las buenas nuevas,
dejaos despertar por la brisa.
¡Dios está cerca!
¡Venga, levantaos,
alzad la cabeza!
La gente se angustia por todo
y anda sin aliento, dando tumbos
de acá para allá, viviendo sin vivir,
echando a perder su vida.
Se desviven en fuegos fatuos,
en espejismos de desierto,
en vagas añoranzas.
Recobrad el aliento.
¡Dios está cerca!
¡Ánimo, levantaos
y permaneced despiertos!
No se os embote la mente o desboque el corazón
con tanta preocupación sobreañadida:
qué os pasará y qué haréis,
cuánto ganaréis y gastaréis,
cuándo sucederá y por qué,
cómo escaparéis de la red de la moda
o de la fiebre de las rebajas.
Nadad contra corriente.
¡Dios está cerca!
¡Hala, levantaos,
y poneos en marcha con ilusión renovada!
Otead el horizonte.
Vivid atentos a los susurros,
a los lloros, gritos y risas
de la humanidad entera.
Dios está cerca.
Brotad a la vida.
Dejad lo vano y lo estéril.
Pedid fuerza para la espera.
¡Dios está cerca!
Ullibarri, Fl.
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Tu palabra, Señor, nos llega cada día
a través de nuestros hermanos,
de sus anhelos y sus gritos,
a través del amor recibido
y del perdón otorgado,
a través de la escucha de tu Evangelio.
Haznos vigilantes, atentos, Señor,
para que abramos el oído y el corazón
a tu Palabra misteriosa,
para que podamos detectarla
en los caminos de la vida.
Para que escuchemos decir:
"¡Ya llego, estad preparados!"
Señor, tu palabra llegó un día hasta nosotros
y encontró en María un corazón a la escucha
y una voluntad capaz de decir: ¡Hágase!
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Por todos los caminos del mundo
hay un hombre que inventa una historia
de gozo, de llanto, de amor;
soy yo, eres tú, somos nosotros.
Por todos los caminos del mundo
la historia de Dios no muere,
un pueblo cree, está en camino;
soy yo, eres tú, somos nosotros.
Dios, Dios del cielo,
Dios solidario,
baja a la tierra
y canta con nosotros esta vida.
Por todos los caminos del mundo
hay un Dios que nace en cada momento
es vida que brota por la mañana
y tú no estás solo, ahí está El.
Dios, Dios del cielo,
Dios solidario
baja a la tierra
y canta con nosotros esta vida.
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Espíritu Santo de Dios:
Tú te encarnaste en el vientre de la Virgen María
y María quedó llena de Ti y llena de tu amor.
Así sucedió el gran invento de la Navidad,
la verdadera, no la que tantas veces estropeamos.
Dicen que cuando Tú te encarnas en los hombres
haces que en su corazón todos los meses del año sean Navidad.
Quiero que entres dentro de mí,
cuando rezo con el corazón limpio, como María.
Quiero prepararme como Ella,
para que nazca Jesús en mi vida y en el mundo entero.
Espíritu Santo de Dios:
también dicen que Tú eres la fuerza que todo lo puede
y el amor que todo lo abarca.
Estamos necesitados de tu fuerza y de tu amor,
para que un día
el sueño de nuestro Padre Dios se haga realidad
y todos los hombres seamos hermanos. Amén.
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María, madre de Jesús y madre nuestra:
tú engendraste a Jesús en tu vientre.
El creció junto a Ti
y aprendió muchas cosas
de tus palabras y de tu ejemplo.
No quiero María,
que faltes ni un solo día de mi vida.
Quiero crecer con tu mirada atenta de Madre.
Cuando llega la Navidad
me gusta verte en el portal de Belén,
mirando al Niño del pesebre.
Que tu mirada cariñosa
permanezca siempre vigilante
en el gigantesco portal del mundo
donde cabemos todos los hombres:
ricos y pobres, grandes y chicos.
Cuida con cariño a cada uno de tus hijos,
para que sepamos construir un mundo mejor.
Dile al Padre que nos ayude
a vivir como hijos suyos.
Dile a tu Hijo Jesús
que nos ayude a ser hermanos.
Dile al Espíritu Santo
que llene el mundo con la fuerza de su amor
para que llegue la Navidad
al corazón de todos los hombres. Amén
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Señor,
muchas veces me han dicho:
"Ten cuidado de no caerte",
"Ten cuidado de ir con buenos amigos,
de portarte bien,
de no mancharte la ropa
de..."
Pero, muy pocas veces
me han dicho que vigile
porque me puedo encontrar contigo
y no reconocerte...
Tú estás:
en la risa de los amigos,
en los compañeros,
en la naturaleza,
en el agua,
en el sol que calienta,
en el que ayuda al hermano.
No estoy preparado, Señor,
para reconocerte.
Yo sé que te gusta dar sorpresas
sobre todo saliendo a nuestro encuentro
en la vida ordinaria.
Señor,
enséñame a encontrarte.
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Señor, nuestro Dios,
nosotros te esperamos,
nosotros te gritamos:
"¡Ven!"
Y míranos rápidamente
decepcionados
pues parece que nadie viene
y nada cambia.
Haznos descubrir, Señor,
que Tú también,
esperas,
que Tú también, Tú, esperas
que el hombre cambie
y nos pongamos en camino
a la cabeza, junto al que viene:
Jesús, el Cristo, el Dios vivo, el Salvador.
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Danos, Señor, la alegría de descubrir
a tu Madre diciendo "sí"
Danos, Señor, la alegría
de entrar en el silencio y la espera de tu Madre.
Danos, Señor, la finura de María
para guardar la Palabra como Ella la guardó.
Danos, Señor, ojos de sorpresa
para contemplar y descubrir todo el misterio de Dios
en la fragilidad pequeña de un niño recién nacido.
Danos, Señor, fe para reconocerte
en la presencia normal de un hombre
como María supo reconocerte.
Danos, Señor, manos para tratarte y acogerte
con la ternura de las manos de tu Madre.
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Padre bueno:
cuando yo corro, aunque no te vea,
Tú sigues todos mis pasos.
Cuando yo tropiezo, con tu mano cariñosa,
Tú me ayudas a levantarme.
Cuando dejo el buen camino,
Tú estás atento para que no me pierda.
Yo te pido que no me dejes correr
tan a lo loco por la vida.
Que en este adviento no me quede deslumbrado
con tantas luces falsas.
Que no haga caso a los que me empujan tantas veces
a correr sin otra meta que las cosas materiales.
Que aprenda a detenerme ante Ti,
para consultar mis dudas y pedir tu consejo,
para rezar con cariño por mí
y por todos los hombres,
y darte gracias porque nos envías a Jesús.
Quiero pedirte que sepamos unir nuestras fuerzas
para llenar el nuevo año de paz y felicidad.
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Gracias, Señor,
porque me invitas a allanar los senderos,
a preparar el camino para que vengas.
Gracias, Señor,
porque quieres contar conmigo.
Gracias, Señor,
porque quieres entrar en mi casa
y hacer de ella una morada nueva.
Gracias, Señor,
porque te acuerdas de nosotros
y de mí,
y te pones en el camino
por el que yo voy caminando,
para que te encuentre
porque tú me has encontrado.
Gracias, Señor,
porque vienes,
porque estás,
porque estarás. Gracias, Señor.
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Ven, Señor.
No sonrías diciendo
que ya estás entre nosotros.
Hay millones de personas
que aún no te conocen.
¿Y a qué conduce conocerte?
¿Para qué sirve tu venida,
si para los tuyos la vida sigue igual?
Ayúdanos a convertirnos a cambiar.
Que tu mensaje se haga
carne de nuestra carne,
sangre de nuestra sangre,
razón de ser de nuestra vida.
Que nos arranque de la quietud
y de la "buena conciencia".
Que tu mensaje se haga para nosotros
exigente e incómodo,
puesto que solamente así
nos llenará de paz, de tu paz.
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Señor Dios, enséñame dónde y cómo buscarte,
dónde y cómo encontrarte...
Tú eres mi Dios, tú eres mi Señor,
y yo nunca te he visto.
Tú me has modelado y me has remodelado,
y me has dado todas las cosas buenas que poseo,
y aún no te conozco...
Enséñame cómo buscarte...
porque yo no sé buscarte si tú no me enseñas,
ni hallarte si tú mismo no te presentas a mí.
Que te busque en mi deseo,
que te desee en mi búsqueda.
que te busque amándote
y que te ame cuando te encuentre.
San Anselmo de Canterbury
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VAMOS A PREPARAR
EL CAMINO DEL SEÑOR.
VAMOS A CONSTRUIR
LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS.
VENDRÁ EL SEÑOR CON LA AURORA,
EL BRILLARÁ EN LA MAÑANA,
PREGONARÁ LA VERDAD.
VENDRÁ EL SEÑOR CON SU FUERZA,
EL ROMPERÁ LAS CADENAS,
EL NOS DARÁ LA LIBERTAD.
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