Siento, Señor, que estoy
donde Tú quieres que esté;
que nací para estar donde ahora estoy,
que vine al mundo para hacer lo que hago...

De no ser así,
Tú me hubieras hecho diferente:
más sabio o más pobre,
más hábil o más torpe,
más tierno o más firme,
más fuerte o más débil...

Tú,
que has abierto el cielo para siempre,
que me has dado vida y nombre,
que te has mojado para mojarme,
que me has perfumado con tu Espíritu,
que me susurras tus quereres,
que me llamas «hijo, hija» sin avergonzarte,
que me bautizaste para comprometerte
y que te alegras de que esté donde Tú me soñaste,
apacigua mi espíritu
cuando a veces se me ocurre
al pesar mi vida -lo que hago, mis vanidades-
que podría haber hecho algo más grande.



Dame un corazón abierto,
acogedor, solidario, un corazón grande,
capaz de abrirse a los pobres, tus pobres,
y que esté siempre de su parte,
que no se cierre al que lo necesita,
que lo sienta como mi carne.
Y dame un corazón compasivo
que tenga las entrañas de una madre.

Agranda bien mi corazón,
que nadie se quede al margen,
un corazón generoso, vacío y libre de sí mismo,
capaz de compartir, de partirse y entregarse.

Un corazón fuerte y que confíe,
un corazón que aguante,
un corazón que luche,
un corazón que cante.

Dame, Señor, un corazón nuevo,
un corazón que te agrade.



En el desierto no hay camino.
Caminos hay en la ciudad.
Todo está marcado.
Lo que hay que tomar,
lo que hay que dejar,
lo que hay que hacer,
lo que hay que ser.

Todos saben a dónde van.
Todos saben el camino del cielo.
Y el que no lo sabe
tiene oficinas de información
y tiendas de consumo:
de zapatos, de whiskies
y de sacramentos.

El desierto es diferente.
no hay senderos,
ni tiendas,
ni oficina de información.
Todo está por estrenar.
Y delante, la vida.

Sí, en el desierto se vive.
Cuando hay camino
el hombre ha muerto.
El hombre vive
mientras hace él mismo su camino.



Hay personas, Señor,
a las que no puedo ver
porque me resultan antipáticas.
Piensan de forma muy distinta,
no creen lo que yo creo
y viven de otra manera.

Estoy ciego.
Necesito ojos nuevos.
Devuelve, Señor, vida a mi mirada.
Que permanezca despierto
ante las necesidades de mis hermanos.

Entonces, cambiará mi mirada
y se transformará mi corazón.



Dame la fuerza
que necesito para llevar ligero
mis alegrías y mis preocupaciones.

Dame la fuerza
que haga fructífero mi amor en el servicio.

Dame la fuerza
de no negar nunca a los pobres.

Dame la fuerza
necesaria para no doblar mi rodilla
ante poderes extraños.

Dame la fuerza
que necesita mi fuerza
para someterse a tu voluntad.



Creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu,
que expresando lo que son
han puesto latido de amor al universo,
salpicando de él todo cuanto existe.

Creemos, por ello, en el amor,
que viene de Dios, limpio y desinteresado.

Creemos en el amor que une al hombre y
a la mujer en el sentimiento de la vida.

Creemos en el amor humano que se proyecta
mutuamente en el ser del hijo que nace.

Creemos en la familia como hogar de convivencia
de los corazones que se aman
y ponen sobre la mesa diaria los panes de la unidad,
la comprensión, la tolerancia y el perdón.

Creemos en el amor adolescente
que despierta tímido y expectante.

Creemos en el amor de los novios,
que madura limpio en la confianza
y el conocimiento mutuo.

Creemos en el amor sereno, sufrido
y compartido de los esposos.

Sabemos que a estos amores hay que nacer cada día
y son tarea y compromiso constantes del hombre.

Creemos que es posible vivir honradamente
el amor en este mundo de hoy,
y nos sentimos interpelados
a liberarlo de esclavitudes.

Reconocemos que el amor que vivimos
es con frecuencia una palabra vacía.
Pero creemos que es posible el hallazgo
de un amor limpio,
cuando existe la búsqueda de Ti,
que eres clamor. ¡Amén!



La vida es…
una oportunidad, aprovéchala;
un sueño, hazlo realidad;
una aventura, sumérgete en ella;
un reto, afróntalo;
una promesa, créela;
un misterio, contémplalo;
una empresa, realízala;
un himno, cántalo;
una oferta, merécela.
La vida es la vida, ámala.

La vida es…
belleza, admírala;
riqueza, compártela;
lucha, acéptala;
semilla, siémbrala;
tragedia, domínala;
felicidad, saboréala;
sorpresa, ábrela;
gracia, acógela;
llamada, respóndela.
La vida es la vida, vívela.

La vida es…
saludo de Dios, recíbelo;
tesoro, cuídalo;
compromiso, cúmplelo;
amor, disfrútalo;
desafío, encáralo;
regalo, gózalo;
combate, gánalo;
camino, recórrelo;
encuentro, hazlo realidad.
La vida es la vida, entrégala.



Que la Cruz gloriosa, fuente del Espíritu,
que hoy trazamos sobre tu frente,
abra tus oídos
para que oigas las palabras de vida
que un día te dirá Jesucristo.

Que la Cruz luminosa, fuente de Vida,
que hoy trazamos sobre tu frente,
abra tus ojos
para que veas los gestos de ternura
que te reserva cada día Jesucristo.

Que la Cruz victoriosa, fuente de alegría,
que hoy trazamos sobre tu frente,
abra tus labios
para que puedas testimoniar un día
la Buena Noticia de Jesucristo.

Que la Cruz gloriosa de Jesucristo,
que hoy trazamos sobre tu frente,
toque tu corazón y tu cuerpo
y te libere del mal y de la muerte
en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo.



El Señor se acercó a mí
y me llamó por mi nombre.
Su presencia y su palabra
me envolvían
y yo me sentía el más pobre.

Pero ¿por qué me visitas, Dios mío?,
¿por qué a mí, el más miserable?,
¿por qué te has fijado en mí?
Pasa de largo, te ruego;
que hay muchos mejores que yo.
O déjame por ahora,
quizá más tarde, otro día.
Y temblaba
por la presencia, por la exigencia,
por lo que tendría que hacer o que dejar.

Pero Él se acercó más,
me penetraba,
y repetía mi nombre una vez y otra.
Soy yo, me decía. No temas.
Y cada vez que hablaba,
cada palabra suya
era como un mar de dicha que entraba en mí,
como un fuego que me transformaba,
como un viento liberador
que se llevaba todos los miedos.

Ahora temblaba,
pero de emoción y con lágrimas.
Ya no importa mi pequeñez y pecado
porque Él estaba ahí y me hablaba.

Y, así, me puse en sus manos
incondicionalmente: Aquí estoy, Señor,
tu profeta niño y tu siervo torpe.

Aquí estoy, Señor, lo que Tú quieras,
pero ya no me abandones.



Ya que has sido bautizado
en la pascua de Cristo,
presta atención a los murmullos de su Espíritu
que habita en tu corazón.
Ahora es él tu luz y tu vigilancia interior
y el que hace de ti un vigía en la noche.

Escucha al Espíritu,
sé un verdadero vigía,
y acogerás las fuentes de la vida,
de la paz y el gozo
y discernirás el rostro oculto y luminoso
de los seres y las cosas.

Escucha al Espíritu,
sé un verdadero vigía,
y escucharás en el jardín de tu corazón
los discretos pasos del Señor que te busca,
y podrás acceder a su amorosa Alianza
en la novedad de cada mañana.

Escucha al Espíritu,
sé un verdadero vigía,
y sabrás desbaratar las mentiras del Maligno
y de las fuerzas del mal,
y descubrirás cada día en el pan compartido
el rostro del Señor que viene.

Escucha al Espíritu,
sé un verdadero vigía,
y tendrás valor para rechazar
la injusticia y el odio
y sabrás luchar contra el absurdo
con la fe de Aquel que venció a la fatalidad del pecado.

Escucha al Espíritu,
sé un verdadero vigía,
y escrutarás "los signos de los tiempos"
en el seno del pueblo de la esperanza,
y cultivarás las semillas del reino del amor
para acelerar la última venida de Cristo, el Señor.



BAUTISMO: ME BAUTIZASTE PARA
COMPROMETERTE
PLEGARIAS


BAUTIZADO EN LA PASCUA DE CRISTO
¿POR QUÉ A MÍ?
BAUTIZADO Y MARCADO
¿QUÉ TENEMOS QUE HACER?
CREDO DE LA FAMILIA
MI ORACIÓN A TI
OJOS NUEVOS
VIDA
La vida es un sueño,
hazlo realidad
DESIERTO
CORAZÓN NUEVO
VIDA NUEVA
RECONOCIMIENTO
EL RINCÓN DE LA PLEGARIA
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Señor,
me has llamado a la existencia
con un designio preciso,
me has hecho conocer la vida de mi vida,
me has dado una vocación.
Tú me has llamado,
pero yo avanzo entre dudas;
tú me has escogido,
pero me siento inseguro,
espero todavía un gesto tuyo.

Me llamas a ser tu testigo,
percibo lo que debo ser,
conozco lo que debo hacer,
necesito ayuda para vivir como tú quieres.

Tú me llamas a vivir con los demás,
a descubrirme con los demás,
a encontrarte en ellos.
Tú me llamas a tomar en serio el tiempo,
la vida, el hombre, el amor.
Es tu discípulo quien te ve en los demás y los perdona,
quien te ve en los pobres y hace algo por ellos.

Tú me llamas cada día, llamas a todo hombre,
al que está triste, al soberbio, al grande,
al que ostenta el poder, al pequeño, al débil.
Tú me llamas siempre,
cuando lloro y cuando sufro,
cuando trabajo y cuando amo,
me llamas en la libertad.

Tú que estás conmigo en todo cuanto hago,
tú que conoces el corazón de cada uno,
ayúdame a vivir la vocación, a la que me has llamado.



Te damos gracias, Padre, y te alabamos,
porque has puesto en nosotros
el deseo de vivir en plenitud
y desarrollar nuestras
mejores facultades a tu servicio.

Tú nos has hecho inquietos
y has puesto en nuestros corazones
el afán de superación.
Tú nos has puesto en este mundo,
que es bello, y nos lo has dado
a nosotros para mejorarlo.

Te damos gracias, Padre, y te suplicamos:
que nuestros pasos dejen en el camino
testimonio de ti.
Que donde encontremos odio,
dejemos huellas profundas de amor.
Que donde encontremos venganza,
pongamos bálsamo de perdón.
Que donde encontremos pesimismo,
sembremos la alegría del optimismo.
Que donde encontremos tristeza,
sembremos el consuelo de la alegría.
Que donde encontremos división,
sembremos la fecundidad de la unión.
Que donde encontremos error,
derramemos la luz de la verdad.
Que donde encontremos egoísmo,
ofrezcamos nuestra generosidad.