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¡Primero sea el pan, después la libertad!
¡La libertad con hambre
es una flor encima de un cadáver!
Donde hay pan, allí está Dios.
"El arroz de cada día"
dice el poeta de Asia.
La tierra es un plato gigantesco de arroz,
un pan inmenso y nuestro,
para el hambre de todos.
Dios se hace pan;
trabajo, para el pobre, dice el profeta Ghandi.
La Biblia es un menú de pan fraterno.
Jesús es el Pan vivo.
El universo es nuestra mesa, hermanos.
Las masas tienen hambre,
y este Pan es su carne,
destrozada en la lucha;
vencedora de la muerte.
Somos familia en la fracción del pan.
Sólo al partir el pan podrán reconocernos.
Seamos pan, hermanos.
Danos, oh Padre, el pan de cada día;
el arroz o el maíz o la tortilla,
el Pan del Tercer Mundo.
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Señor:
me encuentro al inicio de esta nueva etapa,
que me acerca y me lleva
hacia las responsabilidades
que me esperan en la vida.
No sé, Señor,
qué derroteros me esperan.
Pero los quiero poner ante tu presencia,
como se pone una ofrenda,
como se deposita una promesa.
No quiero, Señor,
que estés lejos de mí,
no quiero que mis responsabilidades
estén al margen de Ti.
Yo te lo confiaré todo,
y aprenderé a descubrirte
en las esquinas del camino,
en las subidas
y también en las bajadas.
Siempre…
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Señor, enséñame a ser generoso,
a dar sin calcular,
a devolver bien por mal,
a servir sin esperar recompensa,
a acercarme al que menos me agrada,
a hacer el bien al que nada puede retribuirme,
a amar siempre gratuitamente,
a trabajar sin preocuparme del reposo.
Y al no tener otra cosa que dar,
donarme en todo y cada vez más
a aquel que necesita de mí,
esperando sólo de Ti la recompensa.
O mejor: esperando que Tú mismo
seas mi recompensa. Amén
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Es bueno darte gracias, Señor,
anunciando tu amor por la mañana
y tu fidelidad toda la noche.
Te cantamos por aquellos que intentan
construir una nueva sociedad,
sin guerras, sin cárceles, sin violencias,
sin atentados, sin poderes abusivos.
Te cantamos por aquellos que sirven
al prójimo con los talentos que Tú les diste.
Te cantamos por aquellos que van
gritando tu verdad
sin temor a represalias,
sin miedo a la represión.
Su testimonio de vida
es la fuerza de su voz.
Ellos son tu voz.
Ellos son tus profetas
de justicia y libertad.
Te cantamos por los hombres y mujeres
que tienen un corazón abierto a los demás.
Sé para ellos roca firme,
y sé nuestra esperanza.
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COMPROMISO:
CONSTRUIR TU REINO HOY Y AQUÍ
PLEGARIAS
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Señor, no tienes manos,
tienes sólo nuestras manos
para levantar y dar vida.
Concédenos, Señor, fortaleza y entrega.
Señor, no tienes pies,
tienes sólo nuestros pies
para poner en marcha
a los hombres y mujeres derrotados
por el camino de la libertad.
Concédenos, Señor, comprensión y estima.
Señor, no tienes labios,
tienes sólo nuestros labios
para proclamar al mundo
la salvación y la vida del Padre.
Concédenos sabiduría y consuelo.
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Enséñame a donarme
en todo y cada vez más
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Al comenzar el curso, Señor,
me presento ante Ti como cuenco vacío
para que me llenes de tu amor.
Me presento ante Ti como barro fresco,
para que me des forma de nuevo.
Me presento a Ti como cuaderno usado,
para estrenar página nueva contigo.
Me presento ante Ti, lleno de mí,
para que me vacíes
y seas Tú la presencia que me habita en el fondo.
Me presento ante Ti,
aunque apenas te tengo presente,
para que me invadas,
me envuelvas,
me lleves de la mano.
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Señor Jesús:
Tú, que dijiste que tu Reino
no era de este mundo,
líbranos de ataduras
para entender que tu Reino del más allá
se construye hoy y aquí.
Haz que nuestro esfuerzo
sea servicio a la verdad, aunque cueste.
Queremos, Señor:
servir para tu Reino como sirven
los necesitados, los sencillos, los que practican la justicia.
Queremos, Señor:
trabajar para construir un Reino de amor
sobre el odio que nos circunda.
Danos
espíritu de lucha para proclamar la Verdad de tu Evangelio;
espíritu inconformista para no pactar con cualquier reino
que halague nuestro vivir;
espíritu de conquista para rescatar nuestra vida
de la monotonía del quehacer sin ilusión.
Haznos comprender tu Reino:
con la espontaneidad del niño
que carece de la farsa de los adultos;
con la libertad del pobre que no tiene nada que perder;
con la pureza de una virgen
que sólo sabe de un precio: el amor.
Vive en nosotros,
aún en los momentos ciegos de nuestra vida;
acepta nuestro deseo de trabajar
por un mundo en el que estés Tú.
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No camines delante de mí,
que no podré seguirte.
No camines detrás de mí,
pues no sabré adónde ir.
Camina, Señor, junto a mí,
para ser mi amigo y guía.
Así yo podré seguirte
y sabré adónde ir.
Y si un día me desdigo
y cambio de opinión
y te digo que no te necesito,
no me hagas caso, Señor:
¡sigue caminando junto a mí!
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Abre mis ojos, Señor,
para que te vea a la orilla del camino
tendiéndome la mano con tu vestido sucio;
para que te vea llorando de desdicha,
porque te han tratado de sucio emigrante;
para que te vea en tu país de hambre…
Abre mis labios, Señor,
para que grite finalmente:
¡Basta! ¡Venid amigos,
hay que levantar a nuestro Cristo,
hay que poner en pie
a nuestros hermanos y hermanas!
Abre mis manos, Señor,
para que sin aguardar tu llegada
empecemos a preparar la tierra,
en donde cada uno reciba su parte de pan
y de dignidad que le permita exclamar:
¡Qué hermoso es vivir en la tierra!
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Señor Jesús: sí, quiero.
Quiero como Abrahán
dejar lo de todos los días,
y ponerme en camino hacia Ti.
Tu Padre nos ha dicho que te escuchemos,
porque Tú eres el camino,
el centro de nuestros destinos,
el Maestro, el Salvador.
Tú eres el que va delante de nosotros,
y vas dejando tus huellas
para que te sigamos y te encontremos.
¡Gracias! Sabemos por dónde ir.
¡Gracias! No estamos solos.
Tú nos acompañas;
es más, vas delante de nosotros.
¡Gracias! porque nos das a conocer la meta: TU VIDA.
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Te entregaste, Señor, a todos,
te dejaste el pellejo en la entrega,
fuiste pisoteado como la uva,
fuiste triturado por amor.
Eres la vida entregándote a la muerte
dándonos tu amor siempre.
Haznos, Señor,
entrega a las gentes,
para aprender de Ti,
para amar hasta el extremo.
Confórtanos en nuestras luchas,
ayúdanos al caminar,
enséñanos a confiar.
Sin Ti, Señor,
la vida es muy triste;
si Tú no te entregas
como cuerpo ofrecido
y sangre derramada,
la vida está vacía,
no hay salvación.
Sólo Tú, redentor de los hombres,
con tu entrega incondicional,
haces posible hoy y siempre
la verdadera salvación,
la que espera todo hombre. Amén
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Llaves para abrir las puertas cerradas,
los corazones duros e insolidarios
y todos los secretos fabricados.
Llaves para abrir lo que otros cierran
-iglesias, fronteras, fábricas, bancos-,
quizá tu casa, tu patio, tu cuenta.
Llaves para perdonar barbaridades,
quitar miedos y culpabilidades
y andar con la espalda bien alta.
Llaves para que nadie encuentre
las puertas de su camino cerradas,
aunque sea de noche.
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