Buenos días, Señor, a ti primero,
encuentra la mirada del corazón,
apenas nace el día;
Tú eres la luz y el sol de mi jornada.

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
tú, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, Señor, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora;
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días, Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de tu muerte y de la mía!

Gloria al Padre de todos, gloria al Hijo
y al Espíritu Santo;
como era en un principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén


En silencio, Señor.
Háblame, así, sin palabras,
como susurra la brisa
al aroma de las calas,
como le canta el rocío
su ternura a la mañana.
Háblame así, en silencio.

Pon tus ojos en mis ojos
y me hablará tu mirada,
me entregará tus secretos
la irrupción de tu alborada.
Háblame así en silencio.
Sin palabras.

Esta noche que me envuelve
deja mi alma obnubilada,
pero sé que estás oculto
en tu presencia callada.
Háblame así, en silencio.
Háblame así, sin palabras.


La vida es:
una oportunidad, aprovéchala;
belleza, admírala;
un sueño, hazlo realidad;
un reto, afróntalo;
un deber, cúmplelo;
un juego, juégalo;
preciosa, cuídala;
amor, gózalo;
un misterio, desvélalo;
tristeza, supérala;
un himno, cántalo;
un combate, acéptalo;
una tragedia, domínala;
una aventura, interiorízala;
felicidad, merécela.

La vida es la vida,
defiéndela.


En el principio fue la señal.
la sombra del creador
que en la umbría se paseara.

Y dijo Él: Hágase.
Corran gráciles las aguas,
broten los bosques,
puéblense las frondas y los valles,
viértanse los ríos,
alivie el céfiro sofocos y calores,
sean las aves canoras delicias al oído,
bajen las bestias a abrevar
desde los montes,
derrámese la luz,
recréense los ojos a vista de los ciervos,
gamos y muflones, ardillas jubilosas
en el pinar frondoso…

Que acuda el hombre y goce
de lo que intacto dejo.
Recobre aquí el sosiego
su espíritu en agobio;
recupere, luego, inocencia y donaire
en esa luz primera
que dora las pupilas.

Armonícense el hombre
y las criaturas todas,
dotadas como están
de nuestra misma esencia.
Conserve aquí cuanto dispongo aquél,
que del divino aliento, las alas recibió;
no ocurra que, perdiendo el jardín,
discurra él también extraviado.


Señor, qué maravilla que me quieras
a mí que soy poca cosa;
qué maravilla que me des la mano
y me lleves a Ti cuando me muera.

Subo por estas tristes escaleras
hacia el sol de tu trono soberano,
que cada vez te siento más cercano
porque sé que desde hace tiempo me esperas.

Llegaré, no lo sé, cuando Tú digas,
cuando estén ya segadas las espigas
de este amor que has sembrado en mi parcela.

Ascenderé hacia Ti como un jilguero,
alado, libre, ingrávido y ligero,
como el que vuela, Amor, como el que vuela.


Todo mi ser canta al Señor.
Canto y me estremezco de alegría.
No lo disimulo.
Ya no tengo miedo.
Soy feliz, Señor.
¡Tú me has salvado!
El Señor hace morir y hace vivir,
es dueño de la muerte y de la vida.
Hace que el pobre se haga rico
y que el aplastado se levante.
Levanta al pobre del polvo
y aleja del mendigo la pena.
Le devuelve la confianza
de ser un hombre
entre los demás hombres
y le restituye su dignidad.


¡Aleluya!
Alabad al señor en el corazón del mundo.
Alabadle con el trabajo de vuestras manos
y con el esfuerzo de la inteligencia.

Alabadle los que tenéis hijos
y los que tratáis a todos como hijos.
Alabadle con la verdad y con los labios.
Alabadle con chistes y con palmas.

Alabadle con ilusión y espíritu soñador.
Alabadle con sencillez
y con total desprendimiento.
Alabadlo llenos de entusiasmo.
¡Todo cuanto respira alabe al Señor!


La vida es la vida,
¡defiéndela!


LA CREACIÓN ES VIDA:
¡CUÍDALA!
PLEGARIAS


1
¡Señor, dueño nuestro,
qué admirable eres Tú
en toda la tierra!

La noche es majestuosa, Señor,
y ninguna nube empaña tu firmamento,
para que las miríadas de estrellas
lo hagan explotar con su luz.
Venus y la Estrella Polar,
la Osa Mayor y el Carro,
los cometas y la densa Vía Láctea,
entonan un himno armonioso en tu alabanza.

¡Qué grande eres, Señor,
que supiste poblar el cielo de candelas
y ganaste a la noche oscura para la vida!
Y, ¡qué pequeño me haces sentir, Señor,
ante esa bóveda encendida
y la habilidad de tus manos!

Pero Tú has sabido poner en mi corazón
luz para apreciar la grandeza
con que quisiste dotar a todo hombre;
cuando lo modelaste del barro.

Con el gozo de saberme tu imagen,
en esta noche estrellada,
confieso que no hay otro Nombre
como el tuyo en toda la tierra.


2
3
Nunca me cansaré de admirar
la naturaleza, Padre.
El cielo, las montañas, el sol, el mar.
Y las hierbas y las flores y los frutos,
y los pequeños rincones
en los que parece que se haya concentrado
toda la belleza del universo.
Por todas partes respira, Padre,
la fuerza de la vida;
una fuerza que es presencia tuya,
potencia tuya, tu vida.

Lleno de admiración
deja que te diga, Padre,
mi alegría, mis ganas de vivir,
mis ganas de compartir con todos
las ilusiones, las esperanzas,
la confianza, el amor.


4
5
6
A la una te alabo
y a las dos te bendigo
y a las tres me arrepiento
por haberte ofendido;
a las cuatro te llamo,
te reclamo a las cinco,
a las seis te comulgo
y a las siete te olvido.
A las ocho te canto,
a las nueve te exijo
y otra vez me arrepiento
y a las diez te suplico;
a las once tu pan
y a las doce tu vino.


7
8
9
Tu amor en mí no tiene doblez, es para siempre.
Pasabas por allí y te invité a entrar,
abrí mis puertas de par en par,
abrí para ti mis ventanas, abrí mis claraboyas,
mis ojos y mis oídos, abrí para ti mi corazón
como una flor que nace.
Tú no te negaste,
te quedaste a compartir el afán del día,
pues ya anochecía,
a compartir el pan de mi mesa,
el peso de mi carne, el dolor de mis heridas,
el tiempo de zozobra en que mi espíritu vivía,
señoreaste mi casa y la llenaste de esperanza.
Tu amor en mí no tiene doblez, es para siempre.


10
11
Sonríe a todos.
Cuida las relaciones.
Mima a los que quieres.
Cuenta las estrellas.
Llama a tus amigos por teléfono.
Di a alguien: "te quiero mucho".
Habla con Dios. Déjate acurrucar.
Delega tareas. Salta a la cuerda. Ríete.
Despierta a tus hijos con tortitas con nata.
Pide ayuda. Muéstrate débil.
Escucha a los grillos. Inventa cosas nuevas.
Atrévete a dar pasos. Perdónate.
Escríbete una lista de cosas que haces bien.
Da una sorpresa a alguien.
Apaga la TV y habla. Sueña despierto.
Aprende algo que siempre has deseado.
Permítete equivocarte. Agradece a Dios que haga sol.
Mira llegar la primavera. Déjate cuidar.
Date un placer en el desayuno.
Descubre los gustos de los que te rodean. Prepara sus cumpleaños.
Dales una sorpresa bonita.
Abandónate en las manos de Dios. Demuestra tu felicidad.
Por hoy no te preocupes. Mira una flor con atención.
Canta por dentro. Prepara una comida nueva.
Vive cada minuto intensamente. Sonríe a1 portero.
Acepta que tu vecina haga mejor las croquetas.
Encaja las arrugas que van llegando.
No te preocupes mucho de tu salud.
Habla poco de lo que te duele. Date una palmada en la espalda.
Dirígete sonriendo a un dependiente.
Da los buenos días al conductor del autobús.
Cambia la decoración de tu casa.
Prepara tú mismo los regalos de Navidad.
Hazle sentirse importante a alguien.
Estáte atento a la gente más pequeña.
Pon la razón en todo lo que haces.
Permite que alguien te ayude.
Haz de tu vida un nudo de relaciones. Regala.
Comprométete a vivir con pasión:
que el mundo sea mejor depende de ti.



12
ALABADLE
SALMO 8
TODO MI SER CANTA HOY
LA BELLEZA DEL MUNDO
SEÑOR, ¡QUÉ MARAVILLA!
HÁBLAME ASÍ
PLEGARIA DE HORAS
JARDINES
ORACIÓN AL DESPERTAR
COMO UNA FLOR QUE NACE
LA VIDA
UN MUNDO MEJOR
EL RINCÓN DE LA PLEGARIA