Un día me miraste
como miraste a Pedro...
No te vieron mis ojos,
pero sentí que el cielo
bajaba hasta mis manos.

¡Qué lucha de silencio libraron
en la noche
tu amor y mi deseo!

Un día me miraste
y todavía siento
la huella de ese llanto
que me abrasó por dentro.

Aún voy por los caminos,
soñando aquel encuentro...
Un día me miraste
como miraste a Pedro.


CUARESMA: ENVUÉLVENOS EN TU AMOR
PLEGARIAS


Señor, cambia la palabra de mi boca
en caricia, en comprensión, en buena noticia.

Cambia mis oídos llenos de ruidos y criticas
en una atención acogedora.

Cambia mis ojos curiosos
en una mirada misericordiosa y contemplativa.
Cambia mis manos activistas
en unas que acompañen y construyan vida.

Cambia mis pies veloces y estresados
en otros rápidos en busca del hermano.

Cambia mi cabeza llena de agobios
en una sosegada y solidaria.

Cambia mi corazón distraído y frívolo
en uno que te busque, encuentre y disfrute.

Señor, envuélveme en tu amor,
renuévame por dentro.


1
2
En tus manos, oh Dios, me abandono.
Modela esta arcilla,
como hace con el barro el alfarero.
Dale forma, y después, si así lo quieres,
hazla pedazos.
Manda, ordena.
¿Qué quieres que yo haga?
¿Qué quieres que yo no haga?
Elogiado y humillado, perseguido,
incomprendido y calumniado,
consolado, dolorido, inútil para todo,
solo me queda decir a ejemplo de tu Madre:
"Hágase en mí según tu palabra".

Dame el amor por excelencia,
el amor de la Cruz;
no una cruz heroica, que pudiera satisfacer
mi amor propio;
sino aquellas cruces humildes y vulgares,
que llevo con repugnancia.
Las que encuentro cada día
en la contradicción, en el olvido, el fracaso,
en los falsos juicios y la indiferencia,
en el rechazo y el menosprecio de los demás,
en el malestar y la enfermedad,
en las limitaciones intelectuales
y en la aridez, en el silencio del corazón.


3
Cuando en mi corazón
apareció tu misterio,
mi existencia quedó anonadada
y mi estrella se ofuscó.
Mi corazón se revistió totalmente
del misterio de ti, Señor,
y en el camino me di cuenta
de que mi vida adquiría sentido
si te incorporaba a mi propio ser…



4
Dame, Dios mío, lo que queda.
Dame lo que no te piden nunca.
No te pido descanso,
ni tranquilidad de alma o cuerpo.
No te pido riquezas,
ni éxitos, ni siquiera salud.
Todo esto, Señor, te lo piden tanto
que ya no debe quedarte nada.

Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que no te aceptan:
inseguridad, inquietud,
obstáculos, tormentas.
Y dámelo, Señor, definitivamente,
para siempre,
porque luego ya no tendré humor
para pedírtelo.

Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que otros no quieren.
Pero dame también el valor,
la fuerza y la fe.


5
Me presento ante ti, Señor,
con un corazón extremadamente enfermo,
un corazón, manchado, endurecido,
necesito que tú lo laves y lo cures.

Crea en mí, Señor, un corazón nuevo,
quebranta mi corazón de piedra
con el martillo de tu palabra,
rómpelo, pulverízalo con tu palabra,
y moldea un corazón bello, como el tuyo,
con el agua, el fuego,
y el aliento de tu Espíritu.

No apartes ya de mí tu santo Espíritu.
Seré de verdad el hombre nuevo,
me vestiré de fiesta, perfumado
con el óleo de alegría del Espíritu;
y te ofreceré mis lágrimas agradecidas
como un canto a tu gran misericordia.


6
Tu rostro buscaré, Señor.
Si me escondes tu rostro,
viene la noche,
mi vida pierde su sentido,
se presenta el vacío.

Tu rostro buscaré,
aunque esté desfigurado,
oculto en el rostro de los pequeños,
herido en el rostro de los pobres,
manchado en el rostro de los oprimidos.

Tu rostro buscaré
en la oración escondida
y en la cruz transfigurada,
escuchando tu silencio
y esperando tu palabra.


Ebrios de dolor y de confianza en ti, Señor,
venimos a tu altar,
a menudo con las manos vacías,
pero con el corazón lleno de esperanza:
a ti podemos decirte también
“palabras desesperadas”
que el viento se lleva consigo.

Job es para nosotros nuestro hermano
y Jeremías nuestro intérprete,
mientras con el salmista repetimos:
¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?
Pero de rodillas ante ti
no estamos solos,
unidos a Cristo, sentimos compasión
hacia todos los sufrimientos del mundo.
E inundados por el Espíritu,
sentimos como nuestro
todo lo que les pasa a los hombres
y encontramos un sentido a nuestra vida,
el de contribuir a
“completar en nosotros mismos
lo que falta a la pasión de Cristo”.

Señor, danos una mirada de misericordia,
que nos purifique y nos libere
de los restos de egoísmo
que quedan en todos nosotros,
aunque estemos comprometidos
en la creación de un mundo mejor.
haznos entrar en la gran solidaridad
de la salvación que te honra a ti,
Abbá, Padre de todos.


7
En tierra extraña peregrinos,
con esperanza caminamos,
que, si arduos son nuestros caminos,
sabemos bien a dónde vamos.

En el desierto un alto hacemos,
es el señor quien nos convida,
aquí comemos y bebemos
el pan y el vino de la Vida.

Para el camino se nos queda
entre las manos, guiadora,
la cruz, bordón, que es la vereda
y es la bandera triunfadora.

Entre el dolor y la alegría,
con Cristo avanza en su andadura
un hombre, un pobre que confía
y busca la ciudad futura. Amén


8
9
Padre, aquí estamos.
¿Para qué vamos a hablarte mucho?
Tú nos conoces y sabes lo que nos falta
y hasta dónde podemos llegar,
puesto que nos conoces mejor
que nosotros mismos.
Conoces la debilidad
de nuestros corazones,
nuestro desánimo y
nuestro cansancio.
Ya sabes lo extraviados que andamos.

Nos has dado fe, esperanza y amor
ante todo el mundo.
Ten paciencia con nosotros.
No nos reproches la culpa que nos oprime
y que nos hace indignos
de ser escuchados.

No te fijes en nuestros fallos
ni en nuestras omisiones.
Míranos con los ojos de la esperanza
para que despertemos
y te alabemos lo mejor posible.

Enciende tu luz
en medio de nuestra oscuridad
con el resplandor
de la mañana de pascua.


10
Se nos ha dado
una nueva
oportunidad.


ICTYS, 03-95
RENUÉVAME POR DENTRO
ORACIÓN DE ABANDONO
DESLUMBRADO
DAME LO QUE QUEDA
UN CORAZÓN NUEVO
BUSCARÉ TU ROSTRO
VENIMOS A TU ALTAR
PEREGRINOS
UN DÍA ME MIRASTE
PADRE, AQUÍ ESTÁMOS


Bienaventurada sea la persona que busca
pues a a pesar de la oscuridad
sigue caminando.
Suya es la vida.

Bienaventurada la persona que ama
a amigos y enemigos,
a emigrantes y vecinos.
Pisa las huellas de Dios.

Bienaventurada la persona que duda.
El temblor sincero
y la inseguridad
llevan a Dios.

Bienaventurada la persona pacifista.
Pone el dedo en la llaga
de la muerte
y la destrucción organizada.

Bienaventurados seáis
hombres y mujeres
de buena voluntad.
Reveláis el rostro de Dios.


11
BIENAVENTURADOS
EL RINCÓN DE LA PLEGARIA