Éste es un tiempo para convencidos.
Tiempo de entrenamiento, ejercicio y lucha;
de mochila ligera y paso rápido.

Tiempo de camino y discernimiento,
de conversión y compromiso,
de prueba y encuentros
en el desierto, en la estepa, en el silencio.

Es el tiempo de los proyectos de vida,
de las decisiones y desmarques;
a veces, de las transfiguraciones.

Tiempo de la humanidad rota y dividida
que anhela el paraíso o la tierra prometida.
Tiempo de tentaciones, tabores y conversiones,
traspiés, heridas y cegueras,
perdones, restauraciones y agua viva.
¡Todo en sólo cuarenta días!
Éste es el tiempo de las personas nuevas,
de las que han soltado el lastre
de ídolos secretos y falsas vanidades
y ya sólo anhelan misericordia.








Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo
¡tantos me dicen que estás muerto!
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo.



Tú eres, Señor,
el hambre que debe ser saciada,
la sed que debe ser apagada,
el desnudo que debe ser vestido,
el sin techo que debe ser hospedado,
el enfermo que debe ser curado,
el rechazado que debe ser acogido,
el no aceptado que debe ser recibido,
el abandonado que debe ser amado,
el sidoso que debe ser ayudado.

Tú eres, Señor,
el mendigo que debe ser socorrido,
el borracho que debe ser escuchado,
el loco que debe ser protegido,
el insignificante que debe ser abrazado,
el ciego que debe ser acompañado,
el sin voz que necesita quien hable por él,
el cojo que necesita una mano amiga,
el drogado que puede regenerarse,
la prostituta que puede ser rehabilitada,
el anciano que debe ser atendido.

Teresa de Calcuta







Sólo os pido que le miréis.
Clavado, pero libre;
cubierta la cabeza de espinas
pero su alma sembrada
de claveles y azucenas.

Sólo os pido que le miréis.
Aborrecido, pero sin resentimiento;
escupido su rostro,
insultada su cara,
pero radiante como una procesión
de lámparas.

Sólo os pido que le miréis.
Abatido, pero entregándose;
revestida su desnudez de sudor
y lágrimas de sangre
limpiadas con los encajes
de amor del Padre.

Sólo os pido que le miréis
y contempléis
sus muñecas y pies abiertos
como fuentes de amapolas
vertidas sobre los trigales
del sufrimiento humano
para hacer crecer paraísos
en todos los desiertos.

Sólo os pido que le miréis
y reconozcáis en él al Dios sencillo,
débil, hecho hombre, hermano.

Sólo os pido que le miréis
y que abráis los brazos como Él
como queriendo acoger todo lo creado.
Y poder entregarlo a Dios
hermoseado
como el más bello de los regalos.
Por eso, ofreció su vida como tú,
para hacer de cada persona
el más bello de los cantos.


¡El mundo!
El mundo es el lugar donde estás Tú.
Y no las nubes ni los cielos
ni el recinto sagrado de los beatos y los santos.

Ni la tristeza estúpida
de los rezos castrados,
ni el olor a muerto
de las procesiones de semana santa,
ni el color negro
de las mortajas de los curas
te van a Ti.

A Ti te va la vida, la fiesta, el vino,
y las manos callosas
de los que construyen mundo.

A Ti te va todo lo que sea hacernos crecer,
avanzar, ir más lejos,
hacer más humanidad,
vivir más y mejor.

A Ti no te va la muerte ni la marginación.
Tú quieres estar bien en medio,
en el centro de la vida,
en el corazón del hombre y de la sociedad.
Quieres estar en todos los líos.

Nosotros nos empeñamos en ponerte aparte.
O fuera o dentro.
O en las nubes o en la intimidad.
O encima o debajo.
Siempre sacándote del mundo,
para ser más espirituales.

Te llevamos a la periferia.
Pero Tú no te vas del centro.
Te sitúas en las entrañas de la vida,
en la política y la economía,
la enseñanza y los hogares.
Donde se juega el futuro de la humanidad.
Donde respiran los pulmones del mundo
y se regenera la sangre del hombre.
Allá estás Tú,
siempre en medio, impertérrito,
sin que te afecten los olvidos,
las exclusiones o la marginación.

¡El mundo!, el mundo es tu sitio.
Ahí es donde tenemos que buscarte,
y no en los nichos de los santones
ni en los templos de los dioses.
Que Tú no eres un Dios de vitrina.
No necesitas que te levantemos casas de piedra,
te aupemos y te sostengamos en un trono.

Tú eres lo bastante fuerte como para resistir
en la primera fila de la lucha,
donde silban las balas
y levantan montañas de escombros
las bombas.

¡Ahí es donde tenemos que buscarte!
Meternos en la refriega
y combatir a tu lado
para encontrarte como un guerrero más,
luchando por los pobres.
Ahí y no en los altares.
En el corazón del mundo
y no en los nichos de los santones.

Y luego cantar contigo la canción de la victoria.
Y hacer fiesta.
Y gozar en el hogar, en la tertulia, en el trabajo.
Siempre contigo.
Tu sitio es el mundo.
¡Un Dios mundano
que nos habla por un Hombre
que sabe de amores y dolores!
¡Eso queremos nosotros!

¡Se acabaron los dioses del cielo!
¡Fantasmas, comediantes,
usureros y dictadores.

Sólo quedas Tú,
el Dios de la tierra y del hombre,
el Dios de Jesús,
Tú sólo en medio,
compañero de fatigas
del mundo que tenemos que construir.

Mañana te tendremos más en medio.







Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.

Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
sobre el escote de lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
-quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser la Cruz!

P. Casaldáliga


Jesús, me postro ante tu cruz.
En ella veo a todos los crucificados
de este mundo:
los que sufren violencia,
los que están empobrecidos, deshumanizados,
los que padecen enfermedades incurables,
soledad, abandono, marginación.

Dame valentía y creatividad
para trabajar por un mundo más humano.
Abre mi vida a la ternura entrañable,
a la solidaridad compasiva. Amén







Señor,
¿por qué me has dicho que amara
a todos los seres, mis hermanos?
Señor, me hacen daño;
abruman e invaden mi vida.
Cuanto más se acercan,
más empujan la puerta
y cuanto más se abre la puerta…

Ah, Señor, mi puerta está abierta
de par en par.
¡No puedo más!
Esta ya no es mi vida.
Ya no hay sitio para mí en mi casa.

No temas nada, -dice Dios-,
lo has ganado todo.
Porque mientras todos ésos
entraban en tu casa
yo, tu Padre, yo, tu Dios,
me he escurrido entre ellos.



Ámame más, Señor, para quererte.
Búscame más, para mejor hallarte.

Pódame más, para más florecerte.
Desnúdame, para no disfrazarte.

Enséñame a acoger, para esperarte.
Mírame en todos, para en todos verte.

¡Por los que no han sabido sospecharte,
por los que tienen miedo de encontrarte,
por los que piensan que ya te han perdido,
por todos los que esperas en la muerte,
quiero cantarte, Amor, agradecido,
porque siempre acabamos por vencerte!

P. Casaldáliga







Desnudos los pies,
las huellas, atrás, perdidas,
y el calor del sol en las pisadas.

Desnudos los pies,
como un grito,
cada uno de nosotros avanza.
El agua y la arena son tuyas,
como es tuya la llamada.
El bastón en la mano,
al hombro las sandalias,
descalzo el corazón,
como respuesta a tu palabra;
la vida en puño apretado.

Arrastramos
el cansancio, la fatiga,
el sudor, el hambre y la esperanza.
No mires el grito de protesta
que nace en cada pisada.
Mira nuestro corazón
que quiere nacer en cada mañana.
El desierto es la prueba,
Tú haces nacer la vida en cada pisada.



Tú que estás por encima de nosotros.
Tú que eres uno de nosotros.
Tú que estás también en nosotros,
que todos puedan verte también en mí,
pueda yo prepararte el camino,
pueda yo darte gracias por cuanto me sucede.

Mantenme en tu amor.

Que todo mi ser se encamine a tu gloria
y que yo no desespere jamás.

Porque estoy en tus manos,
y en ti todo es fuerza y bondad.

Dame sentidos puros para verte,
dame sentidos humildes para oírte,
dame sentidos de amor para servirte,
dame sentidos de fe para morar en ti.







Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte
por ver si vuelvo.

Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.

Cada mañana me cortas la palabra
y te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo
el cuerpo entero.

Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta para mí
por el ancho mundo.

Cada mañana me dices al oído
con voz de primavera:
Hoy puedes empezar de cero.



Abre mi vida a la
solidaridad
compasiva.


2
3
4
5
6
7
8
9
10
CUARESMA: HOY PUEDES EMPEZAR DE CERO
PLEGARIAS


1
11
12
EL RINCÓN DE LA PLEGARIA
CUARESMA
VEN CONMIGO
TÚ ERES, SEÑOR
SÓLO OS PIDO QUE LE MIRÉIS
TU LUGAR ES EL MUNDO
MALDITA SEA LA CRUZ
ANTE LA CRUZ
AMAR
ÁMAME MÁS
CAMINAR

ESTOY EN TUS MANOS
CADA MAÑANA
Ediciones Monjas Agustinas