|
¡Me has seducido!
Viniste pronto
en primavera
cuando empezaban
a romper las flores.
El árbol tenía fuerza
y echaba yemas
con empuje.
Viniste y me tomaste de la mano,
y me hiciste una proposición
amorosa.
Te dije que sí,
y nos fuimos los dos solos.
No lo pensé mucho.
No calculé.
me fui contigo.
El dinero no me inquietaba.
¿Qué comeremos?
¿Qué beberemos?
No pensé nada.
Me bastabas Tú.
¡Me has seducido!
Cristo, he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan
las iglesias se alejaran de ellas
y para que los que no las conocen
las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la "gente bien".
Haría falta -creo yo-
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta -creo yo- que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos del medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible;
es fácil oírlo predicar,
es todavía relativamente fácil
no escandalizarse con él,
pero vivirlo…
vivirlo es bien difícil.
|
|
Señor crucificado y resucitado,
enséñanos a afrontar las luchas
de la vida diaria,
para que vivamos en una mayor plenitud.
Tú has acogido humilde y pacientemente
los fracasos de la vida humana,
como los sufrimientos de tu crucifixión.
Así pues, ayúdanos a vivir
las penas y las luchas
que nos trae cada jornada
como ocasiones para crecer
y asemejarnos más a ti.
Haznos capaces de afrontarlas
pacientemente y con coraje,
llenos de confianza en tu apoyo.
Míranos, Señor, como a tu pequeño rebaño.
Creemos saber el camino
pero nos perdemos una y otra vez,
hacemos "lo nuestro", desoyendo tus consejos,
y luego caemos en la cuenta de que andamos perdidos.
Nadie mejor que Tú, Señor, nos puede guiar.
Necesitamos caminar hacia la felicidad,
queremos ser libres, pero libres de verdad.
Acércate, ven a nuestro paso,
ten paciencia con nosotros
y danos un corazón dócil y sencillo
para que en tus palabras
encontremos la mejor guía para nuestra vida.
|
|
JESUCRISTO:
DAR LA VIDA AL SERVICIO DE LOS DÉBILES
PLEGARIAS
|
|
Señor Jesús, no tienes manos;
sólo nuestras manos,
para construir un mundo nuevo
de justicia y fraternidad.
Señor Jesús, no tienes pies;
sólo nuestros pies,
para acompañar a los oprimidos
en el camino de la libertad.
Señor Jesús, no tienes labios;
sólo nuestros labios,
para anunciar a los pobres
la Buena Noticia.
Señor Jesús, no tienes intermediarios;
sólo nuestra actividad,
para que los hombres y mujeres sean,
en verdad,
hermanos y hermanas.
Señor Jesús, no tienes anunciadores;
sólo nuestro testimonio,
para que cuantos, a tientas,
buscan el camino de la vida,
lo encuentren.
Señor Jesús,
nosotros hemos de ser tu Evangelio,
el Evangelio que debería
poder leer y comprender la gente,
si nuestra vida, nuestra conducta,
nuestra palabra fuera constructiva.
Señor Jesús,
haz que surjan en tu comunidad,
en nuestra comunidad eclesial,
vocacionados y vocacionadas
que muestren tu rostro al mundo.
Señor Jesús,
gracias por poner en mí
talentos que me ayudan a crecer
y hacer felices a los demás.
Gracias porque al ser diferente
descubro la importancia de la comunicación,
de aceptar a cada uno como es;
de valorarme y valorar a los demás.
Que nuestra vida
sea como las notas de una sola melodía:
armonía, gozo y fiesta,
que hagan realidad
los deseos de construir
una nueva sociedad,
un nuevo mundo.
|
|
Es hora de "dar la vida"
|
|
Llévame al desierto
y susúrrame, en el silencio,
tu palabra.
Condúceme por la ciudad
y grítame, entre el tráfico y el barullo,
tu palabra.
Dirígeme por tus caminos
y dime, quedamente,
tu palabra.
Llévame por valles y montañas
y repíteme, con eco y fuerza,
tu palabra.
Guíame a la periferia de siempre
y enséñame, con paciencia,
tu palabra.
Álzame por encima de mis problemas
y desvélame, con gracia y ternura,
tu palabra.
Lánzame al agua
y hazme beber, serenamente,
tu palabra.
Transpórtame a cualquier oasis
y refléjame, claramente,
tu palabra.
Déjame en el corazón de las personas
y espera, Señor, que crezca en mí
tu palabra.
Me llamas Maestro
y con todo no me preguntas.
Me llamas Luz
y no me ves.
Me llamas Verdad
y no me crees.
Me llamas Camino
y no vas por él.
Dices que soy hermoso
y no me amas.
Dices que soy rico
y no me pides.
Dices que soy eterno
y no me buscas.
Dices que soy misericordioso
y no confías en mí.
Dices que soy noble
y no me sirves.
Dices que soy omnipotente
y no me honras.
Dices que soy justo
y no me temes.
Señor, enséñame a conocerte.
|
|
Señor Jesús, que dijiste:
"Donde dos o tres
se reúnen en mi nombre
allí estoy yo en medio de ellos";
haz que tu presencia entre nosotros
transforme de tal manera nuestra vida
que lleguemos a ser
un testimonio de fe,
de esperanza y de amor
para todos los hombres.
Señor,
soy pobre,
pero tengo una pequeña flauta
llena de música,
que suena siempre para ti.
A veces sueño que yo mismo
soy una flauta en tus manos,
y que el soplo de tu Espíritu
arranca de mi ser
un salmo nuevo,
un eco del Magnificat.
Gracias, Señor,
porque en mi corazón,
que es tan pequeño,
has hecho y continúas haciendo
cosas grandes. Amén
|
|
Señor, dame la valentía
de arriesgar la vida por ti,
el gozo desbordante
de gastarme en tu servicio.
Dame, Señor, alas para volar
y pies para caminar
al paso de los hombres.
Entrega, Señor, entrega
para "dar la vida"
desde la vida, la de cada día.
Infúndenos, Señor,
el deseo de darnos y entregarnos,
de dejar la vida
en el servicio a los débiles.
Señor, haznos constructores de tu vida,
propagadores de tu reino,
ayúdanos a poner la tienda
en medio de los hombres
para llevarles el tesoro
de tu amor salvífico.
Haznos, Señor, dóciles a tu Espíritu
para ser conducidos
a dar la vida desde la cruz,
desde la vida que brota
cuando el grano muere en el surco.
Jesús amigo y hermano nuestro:
Tú que eres camino y luz,
guía mis pasos al caminar.
Abre mis ojos a la vida,
para que sienta en todas las cosas
que Tú me amas.
No es fácil ser persona.
A veces, no sé quién soy
ni lo que quiero ser.
Y sin embargo, desde mi libertad,
anhelo andar por mi pie.
¡Guía, Tú, mis pasos al caminar!
Sé que no he nacido para estar triste,
sé que es mucho lo que falta por andar,
sé que no hay camino,
sé que soy un bello proyecto.
¡Guía, Tú, mis pasos
para llegar a ser yo mismo!
Dame un corazón como el tuyo,
alegre y generoso.
dame una voluntad como la tuya,
capaz de quebrar la rutina.
¡Enséñame a vivir!
Gracias por todos los talentos,
gracias por la vida,
gracias por la libertad y el riesgo,
gracias, sobre todo, por tu amistad.
Jesús, amigo y hermano nuestro,
guía, Tú, nuestros pasos hacia la vida,
que es la gran puerta por abrir.
|