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Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense desde ahora,
para cuando venga Dios.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos desde ahora,
para cuando nazca Dios.
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¡Dios te salve
mujer y madre de misericordia!
Vida, esperanza, fortaleza nuestra.
¡Dios te salve!
A ti clamamos los hijos tuyos,
a ti te invocamos los que luchamos
en este valle donde construimos el Reino;
óyenos, Señora, compañera nuestra,
camina con nosotros
en nuestra andadura histórica
y en medio de nuestro esfuerzo,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu fe
y amor comprometido.
¡Valiente! ¡Compasiva!
¡Silencio orante en la acción, María!
Lucha con nosotros,
Santa Madre de Dios,
para hacer posibles hoy
las promesas de Jesucristo,
como fruto de la gracia
y del trabajo de los hombres.
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María
el mismo Espíritu
que te cubrió con su sombra
haciendo nacer en ti a Cristo,
el Hijo de Dios,
descendió de nuevo en el Cenáculo
sobre ti y los apóstoles,
para dar vida al cuerpo místico de Cristo,
que es la Iglesia.
María,
ruega a Dios por todos nosotros,
para que seamos sensibles al Espíritu,
donde quiera que se manifieste.
Ruega a Dios por la Iglesia,
para que sea signo de unión
entre todos los hombres.
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María, corazón fuerte en bondad derramado,
forjado al ritmo de la luz y del amor.
Vida perdida para encontrar la Vida,
manos abiertas para acoger el dolor.
Tu corazón es mar de olas partidas
que buscan la playa extendida al sol.
Tus labios besan la herida abierta
y suavizan el rencor del corazón.
Eres la fuente de vasos llenos
que al hombre quita su sed, su ardor.
Eres la brisa de entre dos luces
que el hombre rompe vida en tensión.
Eres la flor en cada mano
que al hombre canta la paz de Dios.
Eres la cesta de pan repleta
dada a los hombres pobres de don.
Eres, Señora, madre de todos,
llama que ofrece luz de calor.
Señora, tu amor es Reino,
es casa abierta bañada al sol.
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El Padre abre sus manos,
y el Verbo vuela a tu arcilla;
y el espíritu de Amor
te fecunda con su Vida.
Eres la esclava de Dios,
eres Tierra prometida;
eres Nueva Humanidad
donde ha llegado el Mesías.
Alégrate, Virgen pura,
Vaso de cristal, María,
donde lo humano y divino
se hacen al hombre bebida.
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Santa María de los caminos del exilio,
peregrina en busca de otra patria,
vuelve tus ojos misericordiosos
hacia nosotros.
Peregrinos, desterrados,
caminamos por el valle de lágrimas
hacia la casa del padre.
El desierto se hace duro,
la tentación nos sorprende,
el prójimo se nos hace insoportable,
el egoísmo nos invade.
Santa María de los caminos del exilio,
vuelve a nosotros
esos tus ojos misericordiosos,
y, después de este destierro,
llévanos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa!
¡Oh dulce Virgen María!
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María,
soplan vientos de injusticia,
aquí,
sobre el labrador
que entierra sus ilusiones,
o sobre las fábricas con futuro incierto;
sobre el hombre que muere por la violencia;
o sobre los niños que no saben de escuelas.
Soplan vientos de injusticia
sobre tus hijos;
vientos hechos de sueños,
vientos hechos de ultraje,
vientos que hieren a Dios.
María,
vientos de injusticia,
que te hieren a ti,
que cantaste el futuro
de los humildes.
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Gracias te damos, Padre, por los dones
con que visitaste a la Iglesia naciente
por medio del Espíritu.
Gracias por el consejo, por la sabiduría,
piedad, confirmación y audacia que llegaron
después de una oración
unánime y perseverante.
Gracias por la acogida que María te hizo
cuantas veces tu Espíritu
descendió sobre ella.
En su “hágase” creyente fue posible
que engendrase a Cristo para el mundo.
Te bendecimos, pues, su generosidad
que se fraguó en el silencio, en esa vida íntima,
con que fertilizaste su estéril tierra humana,
en esa palpitación con que interiorizó cada disposición,
con que la sorprendías.
En la Virgen orante te ofrecemos
nuestras agitaciones y fatigas.
Que tu Espíritu apacigüe
nuestra diaria lucha
y nos devuelva a la contemplación serena del misterio.
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María, Madre sencilla,
mujer del pueblo,
que sabes escuchar y estar pendiente
cuando la gente quiere contarte algo:
escucha nuestra oración
en este día
en que te recordamos.
No pretendemos
que nos liberes de nuestros problemas.
No deseamos olvidar
que la vida hay que vivirla
aunque haya momentos difíciles;
queremos estar preparados para todo.
Nos hace falta esa confianza,
esa fe que tú tienes en Dios.
Nuestras fuerzas parecen desfallecer.
En el Evangelio, en la historia,
te vemos siempre callada, humilde,
como si fueras cobarde ante la vida;
pero es ahí, en tu sencillez,
donde está tu valor más importante
y a nosotros
nos cuesta mucho ser sencillos.
Sabemos que intercedes delante de Dios,
que tu palabra y tus consejos sí valen.
Intercede por nosotros
delante de nuestro Padre
y ayúdanos
a que nuestra vida dé buenos frutos.
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Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
seduce los ojos de Dios.
Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.
Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
cobija el silencio del Verbo.
Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la historia.
Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.
Decir tu nombre, María,
es decir toda, Toda suya,
Causa de Nuestra Alegría.
Casaldáliga, P.
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MARÍA, Madre y compañera de Jesús,
mujer pobre y creyente,
plenamente amada del Espíritu:
danos la VIDA en plenitud
y vence en nosotros todas las muertes.
BENDITA entre las mujeres oprimidas,
Virgen libre y entera,
grávida de la esperanza de los pobres.
Madre de la América INDIA,
de la América NEGRA,
de la América MESTIZA:
acompaña hoy el caminar de tu pueblo.
MEMORIA de nuestra fe,
tierra fecunda de esperanza:
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de liberación,
y ruega por tu pueblo
ahora que lucha por la justicia
y en la hora de realizarla en libertad
para un tiempo de PAZ.
Casaldáliga, P.
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A tí te
invocamos los que luchamos |
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Dios te salve, María,
por la luz de la luz transfigurada,
Dios te llena y te guía
y el fruto de tu vientre es tu mirada.
Dios te salve, María,
te llenó de su fuerza complaciente
como el fuego del sol llena la aurora,
como el agua de la fuente.
Maduró con su luz y su ternura
el fruto de tu amor y de tu vientre.
Santa María,
hija del pueblo,
madre paciente,
fiel, generosa, pobre y rebelde…
Míranos peregrinos, vacilantes,
cultivando este viejo paraíso,
caminando hacia tu cielo lentamente.
No queremos cansarnos de este mundo,
ni buscamos un refugio celeste.
Pero tú no te canses de mostrarnos la meta,
los caminos,
ahora y siempre.
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MARÍA:
ACOMPAÑA NUESTRO CAMINAR
PLEGARIAS
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