Virgen de la cruz,
madre del dolor esperanzado,
hoy como ayer
tu permaneces al lado del que sufre,
estás de pie junto a nosotros
y no desmayas.
Ruega por todos tus hijos
solitarios y desnudos,
pobres, perseguidos y con llanto.
Enjuga nuestras lágrimas
porque hay un tercer día
en que encontraremos con alegría
el amor Resucitado.









Virgen María, servidora de Dios
y de tu pueblo.
A ti te presentamos nuestras necesidades.
Corre en nuestro auxilio
porque se nos dobla la espalda
por el peso de nuestra fatiga.
Necesitamos la buena Noticia
de la cual tú eres portadora.
Queremos hacer entre nosotros
lo que tu Hijo Jesús nos ha dicho.
Queremos hacer felices a los pobres
y que los humildes
posean la tierra como herencia.
Queremos amarnos como hermanos
y poder llamar a Dios Padre nuestro.
Virgen servidora,
en ti dejamos nuestra esperanza.
Amén









Señora,
en medio del camino de la vida,
Tú eres la senda
por donde marchamos en fe,
Tú, la estrella de nuestra esperanza.

Guíanos con tu ejemplo luminoso y firme,
aliéntanos en nuestros cansancios,
levántanos en nuestras caídas.

Dirígenos en nuestras bifurcaciones,
anímanos en nuestros éxitos,
consuélanos en nuestros fracasos.

Tú eres Nuestra señora de la Esperanza:
Vida, dulzura, esperanza nuestra;
venimos hoy a pedirte
por nuestra esperanza.

Que los cristianos nos convenzamos
de que no tenemos morada fija en la tierra;
que, por medio de la fe,
vivamos la gloria venidera.

Que nuestra vida sea fuente de alegría
para este nuestro mundo angustiado;
que nuestro trabajo y conversaciones,
nuestros criterios e ideales
rebosen confianza en el Padre
y esperanza de la alegría sin final.









Señora, en medio del camino de la vida,
el ejemplo de la tuya
es la luz de nuestro marchar adelante,
hacia Dios.

Enséñanos a caminar firmes en la fe,
atraídos por la esperanza
y robustecidos por la caridad.

Tú eres nuestra Señora de la Fe;
Tú la que navegaste hacia Dios
sin dudas ni vacilaciones,
más no sin oscuridades.

Tú, la roca enérgica y la Virgen fiel
frente al acontecer de la vida.
Bienaventurada Tú que creíste.

Animados por tu ejemplo,
queremos vivir una vida
honda y práctica de fe;
fe luminosa, fe alegre;
fe constante como la tuya.

Que la fe impregne nuestro obrar,
nuestro hablar, sentir y pensar.



¡Alégrate, oh Virgen!
Tú puedes alegrar nuestra vida;
porque, además de reinar en el corazón
de los hombres,
eres su Madre buena.
Tú te has convertido en modelo
de nuestra esperanza,
por eso acudimos a ti, nosotros,
a quienes la lucha en la vida
se nos hace difícil;
nosotros, que queremos trabajar
en la transformación del mundo.
Sabemos que nos puedes ayudar.
Ea, pues, Señora, nuestra Madre y Abogada,
aliéntanos en el trabajo,
guíanos en la incertidumbre.
Que, cuando nuestra vida termine,
podamos estar contigo ante Jesús,
tu Hijo y nuestro Hermano.








Santa María del triunfo,
Virgen de los luchadores,
que nuestras vidas, a lo largo del camino,
encuentren tu mano maternal,
que nos levante y limpie el polvo;
que nuestras derrotas
humillen nuestro orgullo
y descubran nuestra pobreza;
que nuestra muerte diaria al pecado
levante los ojos a la luz de la resurrección.

Santa María de los luchadores,
danos el calor de no sentirnos solos,
de saber que nuestros hermanos,
-la Iglesia- luchan con nosotros;
danos la confianza en el Cristo Pascual,
el Cristo de la muerte y la vida;
el Cristo de las tinieblas y la luz,
el Cristo de la lucha y la victoria.

Señora, contigo,
con Cristo, daremos el paso;
realizaremos nuestra pascua;
por la muerte, a la vida;
por la noche, a la luz.



Tan sólo mejor que la mejor parte
que escogió María el difícil todo.

Acoger al Verbo dándose al silencio.
Vigilar Su Ausencia gritando su nombre.
descubrir su rostro en todos los rostros.
Hacer del silencio la mayor escucha.
traducir en actos las Sagradas Letras.

Combatir amando.
Morir por la vida luchando en la paz.
Derribar los tronos con las viejas armas
quebrantadas de ira, forradas de flores.

Plantar la bandera -la justicia libre-
en los gritos pobres.
Cantar sobre el mundo de Advenimiento
que el mundo reclama quizá sin saberlo.
El difícil todo
que supo escoger… la otra María.


P. Casaldáliga








Yo te saludo, María,
porque el Señor está contigo,
en tu casa, en tu calle, en tu pueblo,
en tu abrazo, en tu seno.

Yo te saludo, María,
porque te turbaste
-¿quién no lo haría ante tal noticia?-
más enseguida recobraste paz y ánimo
y creíste a un enviado cualquiera.

Yo te saludo, María,
porque preguntaste lo que no entendías
-aunque fuera mensaje divino-
y no diste un sí ingenuo ni un sí ciego,
sino que tuviste diálogo y palabra propia.

Yo te saludo, María,
porque concebiste y diste a luz
un hijo, Jesús, la vida;
y nos enseñaste cuánta vida
hay que gestar y cuidar
si queremos hacer a Dios presente.

Yo te saludo, María,
porque te dejaste guiar por el Espíritu
y permaneciste a su sombra,
tanto en tormenta como en bonanza,
dejando a Dios ser Dios
y no renunciando a ser tú misma.

Yo te saludo, María,
porque abriste nuevos horizontes
a nuestras vidas,
fuiste a cuidar a tu prima,
compartiste la buena noticia,
y no te hiciste antojadiza.

Yo te saludo, María,
hermana peregrina de los pobres de Yahvé.
Camina con nosotros,
llévanos junto a los otros
y mantén nuestra fe.




Virgen de la Reconciliación:
muéstranos al Padre cada día,
y a Cristo, que viene en los hombres.
Ayúdanos a comprender las exigencias
del sermón de la montaña.
que seamos sal de la tierra y luz del mundo;
levadura de Dios para la historia.
Enséñanos a vivir sencillamente
la fecundidad de las bienaventuranzas.
Que seamos pobres y misericordiosos,
limpios de corazón y serenos en la cruz,
hambrientos de justicia y hacedores de paz.
Que gritemos al mundo:
Dios es nuestro Padre
y todo hombre es nuestro hermano,
y asumamos sus angustias y esperanzas.
Que enseñemos
a los hombres descreídos y amargados
que sólo confían en la ciencia y en las armas,
que la paz es posible
porque es posible el amor.








María, ayúdame a ser criatura de encuentro.
Convénceme para que me deje alcanzar por Dios,
para que sepa entregarme a Él.
Corta con la fuerza de tu amor
mi absurda huida.
Hazme comprender que sólo hay una pobreza
sin esperanza para el hombre:
ser pobre de Dios.

Que haya en mí suficiente silencio
para escuchar su palabra.
Que sepa revelarme ante las esclavitudes
de los compromisos, del trabajo,
de los horarios, del ambiente,
para hallar el tiempo necesario
para hablarle y escucharle en oración.

Convénceme de esta verdad:
sólo el que encuentra a Dios
es capaz de encontrar realmente a los hombres.
Sólo quien habla con Dios
tiene algo que comunicar a los demás.
Sólo quien ha visto a Dios
no defrauda a los hermanos.




Señora de la Pascua,
Señora del Viernes y el Domingo;
Señora de la noche y de la mañana;
Señora del silencio y de la cruz,
Señora del Amor y de la Entrega,
Señora de la palabra recibida
y de la palabra empeñada;
Señora de la paz y de la esperanza.

Señora de todas las partidas,
porque eres la Señora
del "tránsito" o la "pascua", ¡escúchanos!
Hoy queremos decirte "muchas gracias",
muchas gracias, Señora, por tu "Fiat",
por tu completa disponibilidad de esclava,
por tu pobreza y tu silencio,
por el gozo de tus siete espadas,
por el dolor de todas tus partidas
que fueron dando la paz a tantas almas.
Muchas gracias por haberte quedado con nosotros
a pesar del tiempo y las distancias.

Nuestra Señora de la Reconciliación,
imagen y principio de la Iglesia.
Hoy dejamos en tu corazón
pobre, silencioso y disponible,
esta Iglesia peregrina de la Pascua.

Una Iglesia esencialmente misionera,
fermento y alma de la sociedad en que vivimos,
una Iglesia profética que sea el anuncio
de que el Reino ha llegado ya.

Una Iglesia de auténticos testigos,
insertada en la historia de los hombres,
Como presencia salvadora del Señor,
fuente de paz, de alegría y de esperanza. Amén











Virgen bendita, mira con bondad
a los que arrastran su dolor,
a los que luchan duramente,
a los que a veces han de gustar
las amarguras de la vida.

Ten compasión de aquellos
que se aman y están separados,
ten compasión de la soledad del corazón,
mira la debilidad de nuestra fe,
ayuda a aquellos que amamos,
ten compasión de todos los que lloran,
los angustiados y los que imploran.

Que tengan esperanza y paz. Amén



1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
Haz del silencio la
mayor escucha


11
12
MARÍA:
SEÑORA DE LA RECONCILIACIÓN
PLEGARIAS


EL RINCÓN DE LA PLEGARIA
SEÑORA DE LA PASCUA
NO NOS OLVIDES, MADRE
VIRGEN DE LAS BIENAVENTURANZAS
CRIATURA DE ENCUENTRO
EL DIFÍCIL TODO
YO TE SALUDO, MARÍA
SALVE REINA (siglo XII)
SANTA MARÍA DEL TRIUNFO
MARÍA DEL DOLOR
MARÍA, SERVIDORA
SEÑORA DE LA ESPERANZA
SEÑORA DE LA FE
Virgen de Taizé