Hijo mío que estás en la tierra,
preocupado, solitario, tentado.
Yo conozco perfectamente tu nombre
y lo pronuncio como santificándolo,
porque te amo.
No, no estás solo,
sino habitado por Mí
y juntos construimos este reino
del que tú vas a ser el heredero.
Me gusta que hagas mi voluntad
porque mi voluntad es que tú seas feliz
ya que la gloria de Dios
es el hombre viviente.
Cuenta siempre conmigo
y tendrás el pan para hoy,
no te preocupes,
sólo te pido que lo compartas
con tus hermanos.
Sabes que perdono todas tus ofensas
antes incluso de que las cometas,
por eso te pido que hagas lo mismo
con los que a ti te ofenden.
Para que nunca caigas en la tentación
cógete fuerte de mi mano
y yo te libraré del mal,
pobre y querido hijo mío.








Y dijo Dios:
Si nadie te ama, mi alegría es amarte.
Si estás vacío, mi abundancia te colmará.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me hablas, trátame de tú.
Si eres infiel, yo soy fiel.
Si quieres hablar, yo te escucho siempre.
Si me quieres ver,
mira una flor, una fuente, un niño.
Si no tienes a nadie, me tienes a mí.


"Estoy a la puerta y
llamo" (Ap 3, 20)


1
2
3
No digas Padre
si cada día no te portas como un hijo.

No digas nuestro
si vives aislado en tu egoísmo.

No digas que estás en los cielos
si sólo piensas en cosas terrenas.

No digas santificado sea tu nombre
si no lo honras.

No digas venga a nosotros tu Reino
si lo confundes con el éxito material.

No digas hágase tu voluntad
si no la aceptas cuando es dolorosa.

No digas el pan nuestro dánosle hoy
si no te preocupas por la gente con hambre.

No digas perdona nuestras ofensas
si guardas rencor a tu hermano.

No digas no nos dejes caer en la tentación
si tienes intención de seguir pecando.

No digas líbranos del mal
si no tomas partido contra el mal.

No digas amén si no has tomado en serio
las palabras de esta oración.








Querido Padre:

Gracias, porque en mis momentos de soledad
vienes a consolarme,
y haces que te sienta mi amigo.
Perdón, por las veces que no te reconozco
en el corazón de la gente.
Quiero aprender a descubrirte
en las cosas sencillas y profundas,
y no perderme en lo superfluo y complicado.

Gracias, porque en mis momentos de tristeza
recogiste mis lágrimas entre tus manos
y las convertiste en decisión y esperanza.
Perdón, por las veces que me olvido
de que estás siempre a mi lado.
Quiero aprender a sentirte en medio de mí
a través de los demás.

Gracias, porque mis momentos de alegría
son más intensos
desde que sé que te alegras por mí,
y que mi esperanza nace
por la sencillez del Amor.
Perdón por las paradas que hacía
con la idea de no seguir
porque sabía que irías a recogerme.

Y quiero amar a mis hermanos,
a las gentes, a las flores, al cielo,
al mar, al sol, la luna y las estrellas,
a la montaña, a la cuidad,
a mis amigos, mis estudios, mi trabajo…
con todo mi corazón, como Tú nos amas.


4
5
Señor, hoy te pido por todos.
Por los egoístas para que aprendan a darse.
Por los cobardes para que sean audaces.
Por los soberbios para que conozcan su miseria.
Por los vulgares para que les hagas más generosos.
Por los superficiales para que se pregunten por su vida.
Por los ricos para que no se esclavicen a sus riquezas.
Te pido por todos y también por mí.







Cada noche, Señor, nos acercamos
a las puertas del perdón caliente de tu casa.
Siempre tienes luces encendidas,
la mesa preparada y Tú esperando.

Es triste sentir que un día acaba vacío.
Pero cada noche, Señor, acudes a tu puerta
y nos llamas, con los brazos abiertos,
desde el camino de nuestros egoísmos,
desde la soledad de nuestro corazón.
Dispones la acogida y el abrazo,
sin cuentas atrasadas,
pasando por alto detalles…
te basta el gesto humilde
y la presencia arrepentida.

Cada anochecer, Señor, llenas de alegría
nuestro corazón reconciliado;
y tu voz nos convoca a la fiesta y la alegría,
a la tarea de amar,
borrado ya el pasado.

Sigues siendo, Señor, en cada noche,
el Padre que ama, perdona y siempre espera.



6
7
Eres un Dios escondido,
pero en la carne de un hombre.
Eres un Dios escondido
en cada rostro de pobre.
Mas tu amor se nos revela
cuanto más se nos esconde.
Siempre entre Tú y yo, un puente.
Es imposible el vado.
Tanto me llamas Tú como Te busco yo.
Los dos somos encuentro.
Haciéndome el que soy
-anhelo y búsqueda-,
Tú eres el que eres
-don y abrazo-.

Pedro Casaldágila






Iba a ponerme en camino
cuando ya venías Tú hacia mí.

Quería yo correr hacia Ti,
pero vi que corrías a encontrarte conmigo.

Yo deseaba esperarte,
pero supe que ya estabas Tú esperando.

Deseaba buscarte
y vi que ya estabas tú en mi búsqueda.

Llegué a pensar:
"¡Eh, ya te he encontrado!",
pero me sentí encontrado por Ti.

Cuando yo quería decirte: "Te amo"
te oí decirme: "¡Cuánto te quiero!".

Yo quería elegirte
y ya me habías elegido Tú.

Yo quería escribirte
cuando tu carta llegó a mis manos.

Deseaba vivir en Ti
y Te descubrí viviendo en mí.

Deseaba regocijarme de haber vuelto a Ti
y Te sentí regocijado por mi retorno.

Dios mío, ¿seré yo alguna vez el primero?



8
9
Sólo Dios puede crear,
mas tú puedes valorar lo que Él creó.

Sólo Dios puede dar vida,
mas tú puedes transmitirla y respetarla.

Sólo Dios puede dar fe,
mas tú puedes testimoniarla.

Sólo Dios puede dar la paz,
mas tú puedes sembrar la unión.

Sólo Dios puede infundir esperanza,
mas tú puedes restituir la confianza al amigo.

Sólo Dios puede dar amor,
mas tú puedes enseñar a tu hermano a amar.

Sólo Dios puede dar alegría,
mas tú puedes sonreír a todos.

Sólo Dios es el camino,
mas tú puedes indicarlo a todos.

Sólo Dios es la luz,
mas tú puedes encenderla.

Sólo Dios es la vida,
mas tú puedes dar a otros la alegría de vivir.

Sólo Dios puede hacer lo imposible,
mas tú puedes hacer lo que es posible.

Sólo Dios se basta a sí mismo,
mas Él prefirió contar contigo.









A ti, Señor, presento mi ilusión y mi esfuerzo.
En ti, mi Dios, confío porque me amas.
Tú nunca me defraudas; eres mi esperanza.

Indícame tu camino, Señor.
Que mi vida se abra a todos.
Condúceme por tus sendas
para que yo pueda compartir
paz, alegría y justicia,
libertad, esfuerzo y ternura.

Tú eres bueno y me haces vivir;
por eso digo con todo mi ser:
gracias por esta inquietud que has puesto en mí.
Guíame por tus caminos,
para ser más, valer más, hacer más bien;
hazme caminante, hazme sal y luz,
hazme hijo tuyo y hermano de todos.

A ti, Señor, te digo con todo corazón:
¡Que no tenga miedo a verte!
Yo espero gozar siempre de tu compañía.
Hazme valiente y animoso para seguirte.

Aquí estoy, Señor;
Tú sabes cómo soy.
Hazme gozar por tus caminos
y vivir tu Buena Noticia.



10
DIOS PADRE: ACOGIDA Y ABRAZO
PLEGARIAS
DIOS REZA EL PADRENUESTRO


DIJO DIOS


PADRE NUESTRO

QUERIDO PADRE


POR TODOS


CADA ANOCHECER


DEUS ABSCONDITUS


IBA A PONERME EN CAMINO


SÓLO DIOS


POR TU CAMINO, SEÑOR


EL RINCÓN DE LA PLEGARIA


Ediciones Monjas Agustinas