Me recreé en ti;
cuando te imaginé,
inventé la luz para darte color.

En cada átomo de tu ser renací;
en cada célula tomé vida.
Me plenifiqué al crearte,
fui más inmensidad cuando te parí.

Porque Yo alumbré tu ser,
cuerpo y espíritu,
diseñé espacio, volumen y figura para darte imagen.
Cuando en la eternidad
concebí tu cuerpo
puse un trozo de Mí
así me pareció bello y hermoso.

Cuando llegaste hasta Mí
la plenitud se eternizó,
las constelaciones
danzaron jubilosas de alegría.
El Cosmos rogó
al Principio volver a nacer.

Mi Creación lloró de felicidad y de gozo,
la Paz se multiplicó.

Siente que te llevo en mis entrañas;
que tu dolor, tu sufrimiento,
tu impotencia me traspasan.

Siente que inventé
el amor para ofrecértelo;
la vida para regalártela;
la plenitud para dártela.

¿Qué más quieres de mí?

Sólo contemplarte.







- Bienvenido a casa, hijo.
- Hola, padre.
- Qué alegría me da verte. Hacía mucho tiempo.
- Sí, Padre, mucho tiempo. Ha sido duro. Duro como los clavos.
Duro como la madera.
- Ya lo sé. ¿Qué fue lo más duro?
- El beso, Padre, el beso.
- Sí. Pasa y deja que te abrace.


PADRE:
Tú que nunca abandonas a tus hijos,
mira hoy a cuantos viven
desgarrados en su cuerpo,
en su mente o en su corazón;
vuelve tus ojos hacia todos esos hijos tuyos
a quienes la enfermedad ha matado
o está a punto de matarles su esperanza.

A los que esperan angustiados ese temido diagnóstico.
A los que no tienen con quien compartir su pena.
A los que se sienten marginados por su mal.
A los que nunca supieron lo que era estar bien.
A los que están a punto de acabar.
A los que saben que su dolor es para largo.
A los que no saben lo que tienen.
A los que conocen de sobra al autor de su tragedia.

A todos, Padre,
míralos amorosamente, a todos.
Son tus hijos crucificados en esa cruz
que tiene forma de cama.

Danos el valor de ir frecuentemente a decirles:
aquí estamos; aquí nos tenéis al pie de vuestra cruz.
Aquí estamos… para lo que queráis,
si con ello os ayudamos a llevar vuestra cruz.







PADRE que miras por igual
a todos tus hijos a quienes ves enfrentados.

NUESTRO, de todos. De los 4.000.000
de personas que poblamos la tierra,
sea cual sea nuestra edad, color o lugar de nacimiento.

QUE ESTÁS EN LOS CIELOS y en la tierra,
en cada hombre, en los humildes y en los que sufren.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
pero no con el estruendo de las armas,
sino con el susurro del corazón.

VENGA A NOSOTROS TU REINO,
el de la paz, el del amor;
y aleja de nosotros los reinos
de la tiranía y la explotación.

HÁGASE TU VOLUNTAD,
siempre y en todas partes.
En el cielo y en la tierra.
Que tus deseos no sean obstaculizados
por los hijos del poder.

DANOS EL PAN DE CADA DÍA
que está amasado con paz, con justicia, con amor.
Aleja de nosotros el pan de cizaña
que siembra envidia y división.

DÁNOSLE HOY porque mañana puede ser tarde.
Los misiles están apuntando
y quizás algún loco quiera disparar.

PERDÓNANOS no como nosotros perdonamos,
sino como tú perdonas,
sin lugar al odio y al rencor.

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN
de almacenar lo que no nos diste,
de acumular lo que otros necesitan,
de mirar con recelo al de enfrente.

LÍBRANOS DEL MAL que nos amenaza.
De las metralletas, de los misiles,
de los millones de toneladas de armas,
porque somos muchos, Padre,
los que queremos vivir en paz.



A nuestro Dios le encantan los disfraces.
Se disfraza de aliento, de soplo, de risa suave
o viento huracanado;
de zarza ardiente o nube opaca o luminosa:
de pan, de vino.
De humano.

Ayúdanos a descubrirte.

Dios es todo un furtivo.
Lo suyo es sorprender,
no hacer nada como si estuviera previsto;
venir cuando no se le espera;
aparecer donde aparentemente
nada tiene que hacer;
utilizar unas ropas que no le conocíamos;
deslizarse entre las páginas de una agenda apretada
en la que parece que nos hay sitio para nadie;
dejarse oír en esa llamada de teléfono;
sonreír al trasluz de esos ojos tristes;
pedir ayuda…

Ayúdanos a descubrirte.

El amor, y Dios es amor,
es la capacidad de disfrazarse de otro,
de hacerse otro,
de asumir los harapos del mendigo,
la tez morena del inmigrante,
o el perfil pintado de una prostituta.

Ayúdanos a descubrirte.

A Dios le duele el mundo
y ríe con el mundo;
hace suyos todos los gestos,
todos los asombros
y nos invita a sorprendernos
de los muchos colores de la vida.

Ayúdanos a descubrirte.








Dios de bondad,
concédeme la valentía del amor
para ver la realidad.

Dame la fuerza del amor
para soportar lo difícil.

Dame la sensibilidad del amor
para comprender al otro.

Dame la fe del amor
para no desesperar nunca.

Concédeme poder amar
y nunca dejar de querer.



Me has hecho feliz
con tu presencia.


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Dios de todos los tiempos
y de todas las generaciones:
Jesús de Nazaret nos ha dado en herencia
tu nombre de Padre.

Gracias a Él,
nos eres accesible y nos fascinas.

Ahora sabemos que no eres tan sólo
la fuente de nuestra existencia,
sino que eres un padre solícito y amante
en quien podemos confiar absolutamente.

Te pedimos nos concedas recibir siempre de Él,
con gran amor, tu Nombre;
mantenerlo auténticamente vivo
entre nosotros,
y transmitirlo fielmente,
ahora y por todos los siglos.








Bendito seas, Padre,
por la sed que despiertas en nosotros.

Bendito seas por el agua que apaga
la sed de tantas tierras
y de tantos hombres
que viven en nuestro mundo.
Bendito seas por el agua
que es útil, humilde, servicial.

Bendito seas por el agua viva de tu Hijo.
Él nos sacia la sed.
Él riega nuestros corazones secos.
Él da vida a nuestra vida.
Él aumenta el deseo de encontrarte.

Danos tu agua,
con nuestras manos haremos un cuenco
para así llevar el agua de tu amor
a quienes nos rodean
y apagar su sed.



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Señor, mi corazón rebosa de agradecimiento
por tantos dones y bendiciones tuyas.
No bastaría el canto del corazón y de los labios,
si no pusiera mi vida a tu servicio,
para darte testimonio con mis acciones.
A Ti la gratitud y la alabanza.

Tú me has sacado de la nada
y me has hecho tu elegido;
me has hecho feliz con tu amor y tu presencia.
No te conozco bien,
no conozco siquiera mis necesidades.
Pero Tú, ¡oh Padre!, Tú nos conoces por entero.
Soy incapaz de amarme a mí mismo
como Tú me amas.
Tú, ¡oh Señor! me has creado con un solo corazón,
para que sea para Ti, sólo para Ti.

Señor, estar ante Ti es lo más grato
que pensar se puede.
En este momento me presento ante Ti.
Acéptame cuando y como quieras.
Haz de mí según tus deseos.
Tú eres mío y yo soy tuyo.
Me has creado a tu imagen, de un poco de polvo,
y me has hecho hijo tuyo.
Honor, gloria y alabanza para Ti,
por los siglos de los siglos. Amén.







Bendito seas, Señor,
por tantas maravillas
que has hecho por tu cuenta:
por el aire y el sol,
por las galaxias y por nuestro planeta,
por la tierra y el agua,
por la humilde luciérnaga y los grandes cometas,
por la noche callada y por los lagos
donde se bañan la luna y las estrellas.

Gracias, Señor, por todo lo que hiciste por nosotros,
colaborando, guiándonos, llevándonos
de la mano y el corazón
para encontrar tus leyes,
para inventar el fuego, para labrar la tierra,
para sembrar el trigo, para cocer el pan,
para tejer, hilar, modelar, fundir y fabricar
tantos y tan maravillosos instrumentos
que alegran nuestra vida, que la hacen llevadera,
que nos ayudan a ser un poco más humanos.



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Yo espero de Ti, Padre,
que te manifiestes al fin
de manera decisiva y definitiva.
¿Acaso no puedes, sin más dilación,
enviar tu luz al mundo
para curarlo de sus males
e impedir su sufrimiento?

¿Por qué lo dejas ahí,
abandonado a la debilidad
y aterido de angustia?
¿Cuándo vas a intervenir
para atajar su insensatez
e imponer la justicia y la clemencia?

¿Tendremos que esperar
una nueva revelación,
de la que tu Hijo
no habría sido más que la promesa
y la esperanza, para que tu Amor
se torne evidente?

Hijo mío,
deja de buscar en otra parte
lo que no vas a encontrar.
No esperes de mí dones especiales,
gracias suplementarias
ni revelaciones estruendosas.
YA OS LO HE DADO TODO:
mi Hijo ya manifestó el Amor
en su más alta expresión.
Su sangre fue derramada
hasta la última gota.
No pidas más,
porque el Todo ya está en ti;
acepta tú estar en el Todo.







Tú eres nuestra recompensa,
pero buscamos méritos.
No sabemos buscarte por Ti mismo
y ser tus amigos.

Danos ese amor tuyo
que produce vértigo.
Nos enseñará gratuidad y amistad.
Aprenderemos a no pasarte factura
porque nuestro premio eres Tú mismo.

Te lo pedimos por Jesús
que dio su vida gratis. Amén.



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DIOS PADRE: NUESTRA PAZ
PLEGARIAS
SED DE DIOS


EL RINCÓN DE LA PLEGARIA
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ORACIÓN DESDE EL CARNAVAL
CONCÉDEME
HERENCIA

POR LOS ENFERMOS

EL PADRE NUESTRO DE LA PAZ

MI CORAZÓN CANTA AGRADECIDO

BENDITO SEAS

OS LO HE DADO TODO

DANOS TU AMOR

PALABRAS DE PADRE

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BIENVENIDO A CASA

Ediciones Monjas Agustinas