DIOS-PADRE: ABBÁ, AITATXO, PAPÁ
PLEGARIAS


ME PONGO EN TUS MANOS

Padre:
me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea,
te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo,
con tal que tu plan vaya adelante
en toda la humanidad y en mí.

Ilumina mi vida con la luz de Jesús.
No vino a ser servido,
vino a servir.

Que mi vida sea como la de Él:
servir.
Grano de trigo
que muere en el surco del mundo.
Que sea así de verdad, Padre.

Te confío mi vida.
Te la doy.
Condúceme.
Envíame aquel Espíritu
que movía a Jesús.
Me pongo en tus manos,
enteramente,
sin reservas,
con una confianza absoluta
porque Tú eres...
MI PADRE.


Quiero hacerte
presente en el
mundo.


1
PADRE

¡Padre!
Antes de que yo me ponga en tus manos,
tú pones tu nombre
en mis labios.
Ellos, pequeños y balbucientes,
te pueden llamar:
¡Padre!

Ahora ya
nada es extraño,
ni hay que temerte,
ni tampoco taparse la cara...

Ahora, a cara abierta,
mis labios de hombre,
pueden pronunciar con ternura de hijo:
¡Padre!

Estaba inmóvil
y Tú te acercaste,
me miraste,
me nombraste...
y añadiste:
¡Camina, hijo!
y ya camino...
voy diciendo:
¡Padre!


EL RINCÓN DE LA PLEGARIA
2
OS LO HE DADO TODO

Yo siempre espero de Ti, Padre,
que te manifiestes al fin
de manera decisiva, definitiva.

¿Acaso no puedes, sin más dilación
enviar Tu luz al mundo
para curarlo de sus males
e impedir su sufrimiento?

¿Por qué lo dejas ahí,
abandonado a su debilidad
y aterido de angustia?

¿Cuándo vas a intervenir
para a tajar su insensatez
e imponer la justicia
y la clemencia?

¿Tendremos que esperar
una nueva revelación,
de la que tu Hijo
no habría sido más que la promesa
y la esperanza,
para que tu Amor
se torne evidente?

Hijo mío,
deja de buscar en otra parte
lo que no vas a encontrar.
No esperes de Mí
dones especiales,
gracias suplementarias
ni revelaciones estruendosas:
YA OS LO HE DADO TODO.
Mi Hijo ya manifestó el Amor
en su más alta expresión.
Su sangre fue derramada
hasta la última gota.
No pidas más,
porque el Todo ya está en ti;
acepta tú
estar en el Todo.


3
Padre,
haz que mis ojos vean lo que Tú ves.
Haz que mis oídos oigan el estruendo de tu voz
en las ondas de lo creado.
Haz que mi hablar
sea un baño de palabras de néctar,
que se viertan sobre hombres
presa de amargura.
Haz que mis labios sólo canten
los cantos de tu amor y tu alegría.
Padre amado,
realiza por medio de mí la obra de la verdad.
Ten mis manos ocupadas
en servir a todos los hombres.
Haz que mi voz esparza de continuo
semillas de amor para Ti
en el terreno de los hombres que te buscan.
Haz que mis pies avancen siempre
por el camino de la justicia.
Guíame de mi ignorancia a tu luz.

Padre,
mueve mi corazón y hazme sentir simpatía
por todas las criaturas vivientes.
Que tu Palabra sea el Maestro de la mía.
Piensa con mis pensamientos,
porque mis pensamientos son tus pensamientos,
mi mano es tu mano,
mis pies son tus pies,
mi vida es tu fuerza
para hacer justicia entre los hombres.


DAME TU FUERZA

4
ORACIÓN DEL PADRE/MADRE

Hijo mío,
hijo mío
que estás en el mundo.
Eres mi gloria
y en ti está mi reino.
Eres mi voluntad y mi querer.
Tu nombre es mi gozo
cada día.
Te amo.
Te alzo y sostengo.
Te doy todo lo que es mío
-el pan, los hermanos, el Espíritu-
Quiero que vivas feliz
y que ayudes a vivir.
Te perdono siempre
y te pido que perdones.
No temas.
Yo te libraré del mal
y de todas sus redes.
Día y noche pienso en ti,
hijo mío,
hija mía.


5
EN TÍ ESTÁ LA LUZ

Reina en mí la oscuridad,
pero en Ti está la luz;
estoy solo, pero Tú no me abandonas;
estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;
estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;
la amargura me domina,
pero en Ti está la paciencia;
no comprendo tus caminos,
pero Tú sabes el camino para mí.


6
QUIERO SEMBRAR TU AMOR

Padre,
vengo a decirte que te quiero
y quiero también aprender a amar
como Tú.
Quiero sembrar tu amor.
Hoy pongo mis manos a tu servicio.
Con ellas quiero ayudarte a crear
un mundo más bonito y mejor.
Quiero hacerte presente en el mundo,
en los hombres que no te conocen,
en los que no son felices,
en los que se olvidan de Ti.

Mis manos son poca cosa, pero es lo que tengo
y es lo que pongo a tu servicio.


7
PADRE (2)

Padre,
que nuestra vida sea
como el agua de un manantial,
que da con generosidad lo que recibe
de la entraña de la tierra;
que alegremos a cuantos
se sientan a nuestro lado;
que por donde pasemos vayamos dejando
esa vida plena que Tú nos das. AMÉN.


8
PADREBUENO

Padre de todos nosotros
a quien vamos descubriendo
cada día un poco más.

Déjanos llamarte por tu nombre
y también por tu apellido:
Tú eres Dios "Padrebueno"

Queremos luchar
por un mundo distinto
para construir tu Reino.

Queremos buscar y ver
en el corazón de los hombres
lo que esperas de nosotros.

Queremos saciar
nuestra hambre de ilusiones
y partir y repartir
nuestro pan con alegría.

Queremos perdonarnos de verdad
para que también Tú nos perdones.

Queremos vencer la tentación
del poder, la fama y la rutina.

Queremos luchar contras la injusticia:
la que nos oprime a nuestro lado
y la que anida en nuestro propio corazón.
Ayúdanos Tú, Señor.


9
PADRE NUESTRO

Padre nuestro
que estás en todas partes,
queremos que todos
te conozcan y te quieran.
Queremos vivir
en este Reino que prometes
y que día a día preparamos,
Reino de iguales,
de libres y de hermanos
regidos por tu paz, tu luz y tu alegría.

Queremos repartirnos entre todos
el pan, las flores,
el tiempo, y el trabajo.
Y esperamos de Ti
el perdón tan necesario
para vivir serenos
de cara hacia el futuro.

También nosotros
queremos perdonarnos,
levantando a la vez un mundo derruido
por el odio egoísta,
por la loca soberbia,
por la ciega violencia,
por todos los deseos desbocados
de dicha individual.
Tentaciones que día a día nos acosan
como a Jesús un día le acosaron.
Con su firmeza -que es tuya-
queremos rechazarlas
y poder cada día repetirte:
PADRE NUESTRO


10
PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LA TIERRA

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
que te siento en la púa del pino,
en el torso azul del obrero,
en la niña que borda curvada
la espalda mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
en el surco,
en el huerto,
en la mina,
en el puerto,
en el cine,
en el vino,
en la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
donde tienes tu gloria y tu infierno
y tu limbo que está en los cafés
donde los burgueses beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra
en un banco del Prado leyendo,
en ese viejo que da migas de pan
a los pájaros del paseo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
en el cigarro, en el beso,
en la espiga, en el pecho,
de todos los que son buenos.
Padre que habitas en cualquier sitio.
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú, que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro, que si que te vemos,
los que luego te hemos de ver,
donde sea, o ahí, en el cielo.


11
CADA MAÑANA

Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte
por ver si vuelvo.

Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.

Cada mañana me cortas la palabra
y te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo
el cuerpo entero.

Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta por mí
por el ancho mundo.

Cada mañana me dices al oído
con voz de primavera:
Hoy puedes empezar de cero.
.

12
CONCÉDENOS, SEÑOR

Concédenos, Señor,
un poco de calor, para nuestra frialdad;
un poco de consistencia, para nuestro barro;
un poco de agua, para nuestra sed;
un poco de luz, para nuestros momentos oscuros;
un poco de alegría, para nuestras penas;
un poco de paz, para nuestra lucha de cada día;
un poco de ternura, para nuestras debilidades;
un poco de amor, para nuestro egoísmo;
un poco de ilusión, para nuestra desgana;
un poco de auxilio, para nuestras necesidades;
un poco de firmeza, para nuestras decisiones;
un poco de vida, para nuestra vida.

Concédenos, Señor,
un poco de escucha, para tu palabra;
un poco de sabiduría, para ser felices;
y un poco de tiempo, para aprender a ser hijos.

Concédenos, Señor...
congruencia,
prontitud,
disposición.
Aunque no te pidamos nada
o te digamos todo lo contrario...
Concédenos, Señor.

Ulibarri, Fl.


13
DIOS DE VIDA

¿Por qué nos empeñamos en verte
como antagonista en nuestra vida,
amenaza a nuestra libertad,
juez de nuestros amores,
aguafiestas de nuestras alegrías,
tropiezo de nuestros andares?

¿Por qué estás grabado tan fuerte
como invisible vigilante,
ley que se impone,
conciencia que roe,
castigo amenazante,
miedo de muerte?

Oh Dios, Tú que eres Dios de vida
y no de muerte ni de suerte,
renuévanos y ponnos en sintonía
con tu Espíritu de siempre
y los signos que te preceden.
Borra nuestros retratos,
graba los tuyos para siempre.


14
DE NUEVO HOY POR PRIMERA VEZ

Tantos años trabajando en tu hacienda,
conversando contigo y comiendo a tu mesa
como uno más de la familia,
y no sé nada de ti.

No conozco los surcos de tu rostro
ni recuerdo el timbre de tu voz.
No sé todavía el color de tus ojos
ni he aprendido el ritmo de tu corazón.
¡Ay!

Eres todavía como un recién llegado
siendo tan cotidiano y tan cercano.
Tan nuevo y sin estrenar
como si hubiera estrechado por primera vez,
hoy, tu mano,
cuando he sentido la pasión turbadora y serena,
ahora mismo, de tu compañía.

Tantos años trabajando en tu hacienda
y comiendo a tu mesa,
y eres nuevo todavía para mí,
Dios mío.

Loidi. P.


15
DESPIÉRTANOS, SEÑOR

Despierta, Señor, nuestros corazones,
que se han dormido en cosas triviales
y ya no tienen fuerza para amar con pasión.

Despierta, Señor, nuestra ilusión,
que se ha apagado con pobres ilusiones
y ya no tiene razones para esperar.

Despierta, Señor, nuestra sed de ti,
porque bebemos aguas de sabor amargo
que no sacian nuestros anhelos diarios.

Despierta, Señor, nuestra hambre de ti,
porque comemos manjares que nos dejan hambrientos
y sin fuerzas para seguir caminando.

Despierta, Señor, nuestras ansias de felicidad,
porque nos perdemos en diversiones fatuas
y no abrimos los secretos escondidos de tus promesas.

Despierta, Señor, nuestro silencio hueco,
porque necesitamos palabras de vida para vivir
y sólo escuchamos reclamos de la moda y el consumo.

Despierta, Señor, nuestro anhelo de verte,
pues tantas preocupaciones nos rinden
y preferimos descansar a estar vigilantes.

Despierta, Señor, esa amistad gratuita,
pues nos hemos instalado en los laureles
y sólo apreciamos las cosas que cuestan.

Despierta, Señor, nuestra fe dormida,
para que deje de tener pesadillas
y podamos vivir todos los días como fiesta.

Despierta, Señor, tu palabra nueva,
que nos libre de tantos anuncios y promesas
y nos traiga tu claridad evangélica.

Despierta, Señor, nuestro espíritu,
porque hay caminos que sólo se hacen
con los ojos abiertos para reconocerte.

Despierta, Señor, tu fuego vivo.
Acrisólanos por fuera y por dentro,
y enséñanos a vivir despiertos.

Ulibarri, FI.


16
Ediciones Monjas Agustinas