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Sin Espíritu santo:
Dios queda lejos,
Cristo pertenece al pasado,
el evangelio es letra muerta,
la Iglesia, una mera organización,
la autoridad, un dominio,
la misión, una propaganda,
el culto, una evocación,
y el obrar cristiano,
una moral de esclavos.
Pero con el Espíritu:
el cosmos es exaltado
y gime hasta que dé a luz el Reino,
Cristo Resucitado está presente,
el Evangelio es potencia de vida,
la Iglesia, comunidad trinitaria,
la autoridad, servicio liberador,
la misión, un nuevo Pentecostés,
el culto, memorial y anticipación,
y el obrar humano queda deificado.
Luz de Dios,
disipa la tiniebla de mis dudas
y guíame.
Fuego de Dios,
derrite el hielo de mi indiferencia
y abrásame.
Torrente de Dios,
fecunda los desiertos de mi vida
y renuévame.
Fuerza de Dios,
rompe las cadenas de mis esclavitudes
y libérame.
Alegría de Dios,
aleja los fantasmas de mis miedos
y confórtame.
Aliento de Dios,
despliega las alas de mi espíritu
y lánzame.
Vida de Dios,
destruye las sombras de mi muerte
y resucítame.
Ven, Espíritu Paráclito,
Espíritu creador y santificador,
Espíritu renovador y consolador,
Espíritu sanador y pacificador.
Ven y concede hoy a tu iglesia,
reunida en el Cenáculo
con María,
la experiencia de Pentecostés.
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Ven, que tenemos miedo
y nos vamos incomunicando.
Solos y rodeados de tanta gente.
Cerrados. Herméticos.
Ven, que tenemos miedo
y levantamos defensas,
y nos lanzamos palabras que duelen.
Ven, que tenemos miedo
de nosotros mismos,
de nuestro mundo obeso…
Ven, ven pronto,
y toca con tus manos la piel endurecida
y ábrenos el rostro;
y en el centro de nuestra pobreza,
enciéndenos.
Que el Aliento primero
nos devuelva tu imagen,
y nos desate las manos
y aprendamos tu Nombre:
Te quiero y te perdono.
Que tu Alegría nos tome
y nos abra una casa, en el pecho herido,
donde acoger a muchos;
donde aprender a amarte.
Y se haga la paz;
y nos llame, suavemente,
a la vida.
Espíritu Santo,
inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
lo que debo callar,
lo que debo hacer.
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar. Amén
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Envía tu Espíritu;
que Él nos revele también
el verdadero rostro de tu Iglesia
por encima de las deficiencias
de sus discípulos,
que caminan con paso cansino,
que llevan sobre sus hombros
veinte siglos de historia.
Que Él nos introduzca
en el misterio oculto de esta Iglesia,
cuyo viviente Icono es María
y que Él se quede con nosotros,
para que tu Iglesia siga siendo,
para cada generación que pasa,
el testigo fiel,
el intérprete auténtico,
el sacramento de Jesús.
Ven, Espíritu Santo, Amor,
apaga en nosotros los fuegos
del odio y la violencia;
quema con tu fuego
egoísmos e impurezas;
el fuego que purifica y transfigura,
enciéndenos.
Ven, espíritu Santo, Comunión,
derriba las barreras que dividen
a los pueblos y a los hombres,
nuestras torres orgullosas,
con la fuerza de tu viento;
multiplica los lazos solidarios,
cose las rupturas con el hilo del perdón.
Ven, Espíritu santo, Luz,
pon entendimiento
en las viejas discusiones y rencillas,
enséñanos la lengua común, humanitaria,
la lengua de la tolerancia y del respeto,
que todos podamos valorarnos,
comprendernos, dialogando.
Ven, Espíritu santo, Maternal,
ensancha nuestro pequeño corazón,
sácanos de nuestra parcela insolidaria,
salir al encuentro de los otros,
valorar a los pequeños
y no volver a dar rodeo ante los pobres.
Envía, Señor de la Vida,
tu Aliento vivificante.
Sin tu aliento, ¿qué nos queda?
Sin tu Aliento, un cadáver cósmico
gira y gira en el vacío.
Sin tu Aliento, un frío insoportable,
un absoluto sin-sentido.
Pero si Tú alientas,
todo el espesor del mundo
se convierte en energía inteligente,
en explosión de vida.
Exhala tu Aliento sobre el mundo,
para que crezca en perfección y armonía.
Sopla sobre esta tierra nuestra,
que se llene de música y primavera.
Exhala tu Aliento sobre las Iglesias,
para que sea imparable el camino
de la reconciliación y la unidad.
Alienta en nuestros cuerpos de barro,
que se esponjen de espíritu y embellezcan,
transfigurados, dignificados.
Alienta en nuestras almas nobles,
espejos de tu gloria,
templos contagiados de divinidad,
pura belleza y gracia.
¡Dios mío, qué grande eres!,
todo está vestido de tu benevolencia.
Vístenos de misericordia,
revístenos de Jesucristo
para gloria de tu Nombre.
¡Gloria a Dios por siempre!
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Ven, Padre de los pobres,
llena nuestros corazones,
enciende en nosotros
la llama de tu amor.
Ven, Espíritu creador,
renuévanos como la tierra entera
se renueva en cada primavera
para preparar las cosechas
abundantes del verano.
Ven, Luz, Consuelo y Fortaleza,
aleja de nosotros la rutina,
el temor al riesgo, la desesperanza.
Ven, Espíritu del Señor resucitado,
haznos vivir siempre su Vida.
¡Ven, Espíritu Santo!
¡Ven, dulce Huésped del alma!
Descúbrenos, ese sexto continente
de nuestra interioridad.
Ensancha, alarga, da altura
y profundidad a ese espacio.
Métenos en ese "cielo de nuestra alma"
donde moráis los TRES.
Que por Ti, y en el Hijo,
podamos gritar: ¡Abbá! ¡Padre!
Haznos "comprender"
y saborear las cosas de Dios.
Sana lo que en nosotros esté enfermo.
Lava lo que esté sucio.
Riega lo que esté torcido.
Calienta lo que esté frío.
Y endereza el sentido
de nuestra oración
para que jamás oremos
con el fin de que Dios
realice nuestros planes,
sino para que nosotros
conozcamos los suyos
y, con tu fuerza,
corramos a cumplirlos…
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Te alabamos y te damos gracias,
glorioso Señor Jesucristo,
porque estás presente
en medio de nosotros y en nosotros.
Porque en nosotros alabas al Padre
con la voz del Espíritu que nos has dado.
Te pedimos que esta voz del Espíritu
se suscite en nosotros
por la escucha de la Palabra,
de la Escritura,
de manera digna y justa,
conveniente al significado del texto,
proporcionada a las cosas
que se nos manifiestan
y pronta a reconocer
en nosotros la afinidad
con la enseñanza y con el ejemplo
que nos propone.
Espíritu Santo,
dame:
sabiduría para gustar las cosas de Dios
que están en el Evangelio;
entendimiento para vivir con fe viva
la verdad de tu Palabra;
consejo para descubrir y vivir
lo mejor de mi bautismo;
fortaleza para seguir con mi cruz
en el camino de Jesús;
ciencia para discernir con claridad
la dirección que me lleva a tu Reino;
piedad para llamarte a ti, Padre,
y a mis semejantes, hermanos;
temor de Dios para ser fiel
a la revelación de tu Hijo Jesús.
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Exhala tu Aliento
sobre las Iglesias para que sea imparable el camino de la Reconciliación. |
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PENTECOSTÉS:
COSE LAS RUPTURAS CON
EL HILO DEL PERDÓN
PLEGARIAS
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Padre nuestro que estás en el cielo
con tu Hijo y con el Espíritu:
Envía tu Espíritu Santo que nos enseñe
a santificar tu nombre,
a reconocer tu santidad.
Haz que actúe la energía de tu espíritu
para que vaya llegando tu reinado
paternal.
Danos un espíritu generoso,
la fuerza del Espíritu que nos capacite
para cumplir tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día
y del mañana; tu pan consagrado,
porque es el Espíritu el que da vida.
Envía tu Espíritu del perdón
que perdone nuestras ofensas
como nosotros, inspirados por Él,
perdonamos a los que nos ofenden.
En la prueba, en nuestro desierto,
confórtanos con tu Espíritu
para que no sucumbamos.
Que tu Espíritu poderoso
se enfrente y venza en mí
al espíritu del mal.
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