EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 1
El salmo 1 es de tipo sapiencial. De hecho, ya desde la primera palabra
(dichoso) nos está mostrando que su preocupación es la felicidad del ser
humano, su dicha. Con otras palabras, trata de aquello que más buscamos
en la vida: la felicidad. ¿Dónde está? ¿Es posible alcanzarla? ¿En qué
consiste?... Se trata, por tanto, de un salmo que habla del sentido de la
vida
, capaz de proporcionar felicidad a la gente. Otros temas propios de
los salmos sapienciales (11 en total) son la fragilidad de la vida, la
falsedad de las riquezas, la justicia como plena realización del ser
humano, etc. Como los libros sapienciales, este tipo de salmo es un fruto
que ha venido madurando lentamente en la historia del pueblo de Dios. De
hecho, los salmos sapienciales son como determinadas frutas que absorben
todo el calor del verano y que sólo alcanzan su punto de madurez en otoño
o a comienzos del invierno. Sí, porque, en la Biblia, los textos
sapienciales son los últimos que produjo el pueblo de Dios. Y por ser los
últimos libros que aparecen en la línea del tiempo del Antiguo Testamento,
es lógico que vengan cargados de siglos de experiencias, de siglos de
vida. Y, al igual que la fruta que madura en otoño, que suele ser muy dulce,
también los salmos sapienciales vienen cargados de dulzura, es decir, del
sentido de la vida. Por eso este salmo se sitúa como puerta que da acceso
a todo el libro. Al abrir el Libro de los Salmos, ¿con qué vamos a
encontrarnos? Pues nada más y nada menos que con una propuesta de
felicidad.

Este salmo tiene dos partes (1-3; 4) y una conclusión (5-6). La primera
parte (1-3) habla de la felicidad del justo
. Empieza diciendo lo que no
hace
el justo (1). A continuación, lo que hace (2) y lo compara con un
árbol permanentemente lleno de vida (3). La segunda parte (4) es mucho
más breve que la primera y habla de los injustos. Niega que sean como el
justo y los compara con la paja que se lleva el viento.

En la conclusión (5-6) tenemos una especie de sentencia inapelable contra
los injustos-pecadores en el momento del Juicio. Sólo al final se nos
revela el porqué, y aquí es donde entra Dios en escena; él es el aliado de
los justos, mientras que el camino de los injustos acaba mal.

Tenemos, al menos, dos imágenes poderosas, una en cada parte. En la
primera, el justo es comparado con un árbol sorprendente por su vitalidad
y fecundidad
. Ciertamente, esta imagen está tomada de Jeremías 17, 8
donde se desarrolla con mayor amplitud. El justo se compara con un árbol
al que no afecta la sequía, cuyas hojas se mantienen siempre verdes y que
da frutos en sazón. Para el pueblo de la Biblia, acostumbrado a convivir
casi siempre con el desierto y con lugares semiáridos, ésta era una imagen
paradisíaca que recordaba el jardín de Edén. Así es el justo.

La otra imagen es exactamente la contraria; la paja que arrebata el viento.
Aquí hay que recordar cómo trabajaban los agricultores de aquella época
-y cómo se sigue trabajando todavía en algunos lugares-: se trilla la mies
en la era batiéndola con el mayal**. Hecho lo cual, se retira la paja más
gruesa y se aventa el grano. La paja de la que habla el salmo 1 es el
polvillo que, al arrojar al aire la parva, el viento se lleva lejos de la era.
Así son los injustos. Estas dos imágenes, a pesar de estar tomadas de la
vida del campo, muestran un contraste increíble; el justo está lozano como
un árbol; el injusto desaparece como la paja.

El salmo 1 muestra el conflicto entre el justo y los injustos. Afirma que el
justo es feliz porque no participa en la vida de los injustos. Si nos fijamos
con más atención, nos daremos cuenta de que los injustos están más
organizados, pues se reúnen en consejo (1). Leyendo con detenimiento, nos
da la impresión de que el justo está solo. De hecho, hasta el final no se
dice que hay una asamblea de los justos (5) y esto aumenta, para quien lee
el salmo desde el principio, el dramatismo del texto: el justo padece el
hostigamiento, el asedio y las burlas de los injustos. Pero se mantiene
firme en la escucha y en la meditación de la ley del Señor.

El comienzo de este salmo se parece mucho al que podemos leer en Sal
73,1-17. El justo sufre constantemente la tentación de pasarse al otro
bando
, esto es, se ve sometido a la tentación de asumir la ideología y
adoptar las prácticas de los que están implicados en la injusticia. Así lo
demuestra el primer versículo. Tres son los verbos que caracterizan lo que
no debe hacer el justo
. Estos verbos están en progresión; no acude al
consejo, no
anda por el camino, no se sienta en la reunión. Los
adversarios del justo son calificados como «injustos», «pecadores»,
«cínicos» (1). ¿Por qué cínicos? ¿Ante quién muestran su cinismo, sino
ante quien se mantiene firme en su opción por la justicia? ¿Y de dónde
vienen su cinismo y sus burlas, sino del supuesto convencimiento de que a
Dios no le preocupa la justicia?

¿Qué es lo que estaría sucediendo en la época en que surgió el salmo 1?
Probablemente estaría teniendo lugar un conflicto a causa de la tierra, lo
que solemos llamar
el enfrentamiento de la ciudad contra el campo. De
hecho, las dos imágenes empleadas están tomadas del mundo rural; el
árbol plantado junto a la acequia y que da fruto, y la paja que el viento
arrebata y arroja fuera de la era. Quien compuso el salmo 1 era, con toda
probabilidad, alguien relacionado con la lucha de los campesinos contra la
explotación de los poderosos. O bien, este salmo habría nacido en un
ambiente campesino en tiempos de terratenientes ambiciosos.

Dios prácticamente no aparece en este salmo. Se habla indirectamente de
él (2), y sólo al final queda claro de parte de quién está:
es el aliado del
justo contra los que mantienen una sociedad fundada en la injusticia (6).
Así pues, es el Dios de la Alianza, el Dios comprometido con la justicia.
De hecho, todos los salmos muestran esa imagen de Dios. Si les
quitáramos al Dios de la Alianza, ninguno de ellos sería capaz de
mantenerse en pie. El justo medita la ley del Señor día y noche (2) y el
Señor es su aliado contra los injustos. No obstante, este salmo sugiere que
Dios hace justicia en la historia por medio del esfuerzo y la organización
de los justos.

En el Nuevo Testamento, Jesús asume este compromiso. Él es aquel que ha
venido
"a cumplir toda justicia" (Mt 3, 15), de modo y manera que
manifieste el reino de Dios. En este mismo Evangelio les pide a los suyos
que sean capaces de practicar una nueva justicia (5, 20) y que busquen
primero «el reino de Dios y su justicia» (6, 33). Jesús se presenta también
como la sabiduría de Dios (Jn 1,1ss; Col l, 5ss), depositario de una
sabiduría nueva que libera (Mc 6, 2; Mt 11, 25-30; véase también Lc
12,16-21).

1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
** Según el DRAE, mayal es un instrumento compuesto de dos
palos, uno más largo que otro, unidos por medio de una
cuerda, con el cual se desgrana el centeno o el trigo dando
golpes sobre él [N. del T.].

4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
¿Cuándo podemos o debemos rezarlo? Cuando andamos en busca de la
felicidad, cuando tenemos que revisar el rumbo de nuestra vida o
queremos recuperar el sentido de nuestra existencia; cuando soñamos con
una sociedad justa, o tenemos la sensación de que ha desaparecido la
justicia; cuando experimentamos con fuerza la tentación de la corrupción o
cuando los poderosos no mueven un dedo en la lucha por un mundo más
justo; cuando necesitamos sentir que Dios no nos ha abandonado, sino que,
por el contrario, es nuestro compañero fiel en la lucha por la justicia.

Otros salmos sapienciales son: 37; 49; 73; 91; 112; 119; 127; 128; 133 y
139.