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SALMO 5
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Se trata de un salmo de súplica individual. Los verbos en imperativo
(«escucha», «atiende», «haz caso», etc.) muestran cómo alguien está atravesando una experiencia difícil, tensa, de conflicto. Y dirige su súplica a Dios. La situación es grave, razón por la que esta persona le da órdenes a Dios (2-3. 9. 11). |
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En este salmo podemos distinguir cinco partes: 2-4; 5-7; 8-9; 10-11; 12-13.
En la primera (2-4) el salmista se dirige a Dios con urgencia a causa de la gravedad de su situación. Le pide a Dios que escuche sus palabras, que atienda a sus gemidos y a sus gritos de socorro. Hay una referencia a la hora del día en que esto tiene lugar: por la mañana (4). La súplica hará acto de presencia en otras ocasiones a lo largo del salmo (9. 11).
¿Por qué esta persona se atreve a dirigirse de este modo a Dios? La
respuesta a esta pregunta se encuentra en la segunda parte (5-7). El salmista muestra quién es Dios para él. Dicho brevemente, el Señor no pacta con la injusticia. Por eso el justo inocente puede recurrir a él.
En la tercera parte (8-9), el salmista habla de sí mismo y de la confianza que
le proporciona el hecho de estar en la casa de Dios (tal vez, el templo de Jerusalén). Añade una petición personal: que el Señor lo guíe con su justicia y que enderece su camino, pues los malhechores injustos están al acecho.
A continuación, el salmo se vuelve a los enemigos del justo, aquellos con los
que el Señor no establece ningún tipo de alianza (cuarta parte, 10-11). Están totalmente absorbidos por la mentira que engendra muerte. Su boca, su corazón, su garganta, su lengua, todo está penetrado por la mentira, de modo que se les puede comparar con un sepulcro abierto. El justo añade una petición más: que el Señor no permanezca inactivo, al margen. Le pide, más bien, que dicte una sentencia condenatoria.
En la quinta parte (12-13), aparece un nuevo grupo, el de los justos, de los
que el salmista es una figura representativa. Da la impresión de que el justo inocente lucha contra un ejército armado, mientras que sus compañeros justos están acobardados, mudos y paralizados. La acción de Dios en favor de la justicia desencadenará la reacción de los justos; alegría, júbilo y gozo exultante por el hecho de que Dios bendice al justo y lo protege como un escudo. |
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El salmo 5 revela un terrible conflicto entre el justo y los injustos, entre una
propuesta de sociedad basada en la justicia y otra en la injusticia. Se trata de un conflicto desigual, pues el texto da la impresión de que el justo está solo. Sólo al final (12-13) se habla de un grupo de justos, pero que parecen estar acobardados. La magnitud del conflicto se vuelve más patente si tenemos en cuenta que los injustos acechan al justo (9) para matarlo, pues son como un «sepulcro abierto» (10). Se trata de una verdadera batalla; y, en esta lucha desigual, Dios es como un «escudo» para el justo.
Vale la pena fijarse en los distintos «nombres» que reciben los injustos: son
«malvados» (5); «arrogantes» y «malhechores» (6), «mentirosos», «sanguinarios» y «traicioneros» (7); enemigos que «acechan» al justo (9); «en su boca no hay sinceridad», tienen el corazón «lleno de maquinaciones», son como un «sepulcro abierto» y «halagan con su lengua» (10); hacen planes (para capturar a los justos); cometen numerosos crímenes (contra los que luchan por la justicia) y se rebelan contra Dios (11). Son «nombres» que revelan quiénes y cómo son, cómo actúan y contra quién. Se trata de un grupo organizado que no tolera la presencia de quien lucha por la justicia. El justo ha de ser eliminado a cualquier precio. ¿ De qué manera?
Las diversas referencias a la mentira, a la falsedad, etc. sugieren un camino:
el arma que los injustos emplean contra el justo es la calumnia. Injustamente acusado, el justo se siente como si le fallara el suelo bajo los pies. La única salida es huir para salvar la vida buscando asilo en el templo, que funcionaba como lugar de refugio (8). Una vez llegado a él, pasa la noche suplicando y a la espera, confiando en que, por la mañana (4), los sacerdotes lo declararán inocente. Es, con seguridad, otro salmo nacido en el templo, en una situación muy parecida a la del salmo 3. |
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La segunda parte (5-7) nos brinda un extraordinario retrato de Dios: no ama
la injusticia, no acepta como huésped al malvado, en su presencia no se mantienen los arrogantes, detesta a los malhechores, destruye a los mentirosos, aborrece a cuantos derraman sangre y obran traición. En una palabra, el Dios de este salmo no se compromete con la injusticia ni con los que la cometen. Por el contrario, es el Dios que guía al justo con su justicia, enderezando ante sí su camino (9), bendiciéndolo y protegiéndolo como un escudo (13). En el conflicto entre justos e injustos, Dios está clara e indiscutiblemente de la parte de los justos.
Así pues, es el mismo Dios del Éxodo, el Dios de la Alianza, comprometido
con una sociedad justa. Por eso el salmista se atreve a pedir con la confianza de que Dios dictará sentencia contra sus enemigos, haciendo fracasar sus planes, expulsándolos por sus numerosos crímenes (11).
El Nuevo Testamento ofrece varias pistas para la profundización de este
salmo. Se puede, por ejemplo, recorrer los evangelios para ver cómo Jesús atiende las súplicas de la gente (por ejemplo, en Mt 8, 1-4; Mc 10, 46-52; Lc 17, 11-19; Jn 4, 46-54). O bien, tomando el tema de la justicia, se puede recorrer el evangelio de Mateo para ver cómo Jesús anuncia y realiza la justicia que inaugura el Reino (3, 15; 5, 10. 20; 6, 33; 20, 1-16, etc). |
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Por tratarse de un salmo de súplica individual, se presta para los momentos
en que sentimos necesidad de elevar nuestro clamor: contra la corrupción, contra la mentira que engendra muerte, contra las calumnias que arrasan a los que defienden al pueblo, contra la violencia; cuando tenemos la sensación de que los justos se encuentran paralizados; cuando nos sentimos perseguidos; podemos rezarlo en nombre de cuantos son acusados injustamente; en solidaridad con los que no tienen abogado que los defienda...
Otros salmos de súplica individual: 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35;
36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143. |