EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 7
Es un salmo de súplica individual («líbrame», «sálvame», «júzgame»,
etc). Alguien, víctima de la mentira de los injustos, padece persecución. Se
refugia en el templo y le pide al Señor que le haga justicia.

Las diversas traducciones del salmo 7 difieren bastante entre sí. Pero, de
manera general, podemos diferenciar una introducción (2-3) en forma de
petición
y una conclusión (18) en forma de alabanza. El resto (4-17)
consiste en la sesión de un juicio: Dios es el juez ante el que comparecen
el justo y sus opresores. El justo se defiende: es inocente (4-6); no ha
hecho nada malo para merecer las calumnias, la persecución y las
amenazas de muerte de que es objeto. Después de argumentar su propia
inocencia, ruega a Dios que dicte sentencia
(7-10). El lenguaje empleado
es duro, pues le pide al Señor que se levante, que despierte y que haga
justicia, como si Dios estuviera dormido. El justo se atreve a hablar así
porque confía en Dios, juez justo (11-14). Después de haber manifestado
su confianza, acusa a sus enemigos, los injustos (15-17). Concluye dando
gracias a Dios por hacer justicia y promete cantar su nombre
(18).

Este salmo está lleno de imágenes. La primera (3) compara a los
malvados injustos
con un león que persigue al justo para desgarrarlo (3).
En la segunda, el justo -al confesar su propia inocencia- se compara a sí
mismo con un soldado caído por tierra (6). Pide para sí una maldición en
el caso de no ser inocente: que el enemigo lo venza y lo domine. La
tercera, presenta a Dios como un guerrero armado con su espada, con su
arco y con flechas incendiarias
dispuesto a defender la justicia (13-14).
Es un detalle importante a propósito de Dios, que lucha por la justicia
como un guerrero armado. La cuarta imagen se refiere a los injustos (15) y
recuerda la concepción, gestación y parto. Sólo que los injustos conciben
y dan a luz proyectos de muerte
: conciben el crimen, están preñados de
ambición y dan a luz el engaño. La última imagen está tomada del mundo
de la caza (16). El justo pide un castigo contra los opresores: que su día
se convierta en
«el día de la caza», que el «hechizo se vuelva contra el
hechicero»
, es decir, «que caigan en su propia trampa». La ambición y
la violencia se vuelven contra quien las ha engendrado. Ser ambicioso y
violento es engendrar serpientes venenosas como animales dignos de
estima.

Hay un conflicto abierto entre el justo inocente y los opresores injustos. El
justo los llama
«perseguidores» (2), los compara con el león que desgarra
sin que nadie pueda hacer nada (3), los llama
«enemigos» (6),
«opresores» (7) e «injustos» (10). Los perseguidores injustos (2) dan
caza al justo como si fuera un león feroz, con objeto de despedazarlo (3).
Le dan caza como si se tratara de un animal (16). ¿De qué manera?
Mediante el
«engaño» (15) y la «violencia» (17) , señal de que todo esto
tiene que ver con las relaciones económicas dentro de la sociedad. Son
personas violentas y ambiciosas que pretenden matar al justo.

El justo no tiene a quién apelar. Esto pone de manifiesto cómo funcionaba
aquella sociedad.
La justicia de los hombres no lo defiende, pues los
jueces están corrompidos.
La única salida que le queda al salmista es huir
y buscar refugio en el templo. La expresión «me acojo» (2) lleva a pensar
en los condenados a muerte que buscaban asilo en el templo con intención
de salvar su vida. Ahí es
donde le pide a Dios que actúe como juez. Este
salmo, por tanto, presenta la sesión de un juicio.

En el templo, el justo clama pidiendo justicia. Después de pedir que Dios
lo salve de sus perseguidores y lo libre para que no lo despedacen (2-3),
el justo hace su propia defensa, mostrando cómo se ha comportado con
integridad
: no ha hecho nada malo, no ha cometido injusticia, no ha
devuelto el mal por el bien que le han hecho, ni ha liberado sin razón a
quien lo ha oprimido (4-5). Esta última expresión puede resultar extraña,
pero encaja perfectamente dentro de una concepción de la ley según el
«ojo por ojo, diente por diente». El justo no ha respondido de manera
desmesurada a la opresión de que ha sido objeto. No ha pagado por
encima de la medida. Es justo. Esto no significa que sea incapaz de
equivocarse o que no haya cometido pecado. Es justo porque no ha
abandonado su compromiso con la justicia
.

Habiendo presentado su inocencia, anima a Dios para que le haga justicia
contra sus opresores (7-10). Dios es presentado como juez universal (8-9),
y el justo sugiere cuál debe ser la sentencia: «Pon fin a la maldad de los
injustos y apoya tú al inocente, pues tú sondeas el corazón y las
entrañas, tú, el Dios justo»
(10). Después de manifestar su confianza en
el Señor, el Dios guerrero que hace justicia (11-14), el justo desenmascara
a los injustos preñados de maldad, preñados de ambición y creadores de
engaño (15). Sabe, en el fondo, que Dios no castiga al injusto. Éste es
quien, con su injusticia, ambición, violencia y mentira, está cavándose una
fosa fatal: no para los demás, sino para sí. El injusto es, en definitiva, un
estúpido.

Este salmo presenta a Dios como un soldado fuertemente armado que lucha
por la justicia
(13-14) y que amenaza constantemente a los injustos para
que se conviertan (12-13). Es juez universal (9) y refugio y aliado de quien
lucha por la justicia
(2). El nombre propio de Dios -Yavé- aparece siete
veces en el texto original del salmo. Es, en definitiva, el Dios de la
Alianza que hace justicia y defiende al justo
que hace propia su causa,
poniendo fin a la maldad de los injustos. Es el Dios que quiere ver la
justicia restaurada en la tierra
. Este salmo muestra la cólera diaria de Dios
contra la injusticia.

En el Nuevo Testamento, Jesús es presentado como rey universal que vino
a instaurar la justicia
. Además de lo ya dicho a propósito de los salmos 3 y
5, convendría profundizar en el relato de la pasión según el evangelista
Juan (18-19) y en la parábola de Lc 18, 1- 8.

1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
Podemos rezar este salmo cuando somos perseguidos o cuando nos
solidarizamos con alguien injustamente calumniado, perseguido y cuya
vida corra peligro; cuando tenemos la sensación de que Dios está ausente
ante los graves problemas de la sociedad; cuando queremos reforzar
nuestra fe y confianza en el Dios de la justicia; cuando queremos pedir una
mayor conciencia ciudadana y un mayor respeto por los derechos
humanos; cuando soñamos con una sociedad justa...

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31;
35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86;
88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.

Ediciones Monjas Agustinas