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Los necios afirman que Dios no existe y de aquí surge una sociedad
desigual. Pero Dios existe y anda mirando a ver si hay alguien sensato, que busque al Señor y practique la justicia. La sociedad que se describe en este salmo se parece mucho al Egipto de tiempos de Moisés. Allí los israelitas eran devorados por el sistema injusto del Faraón; aquí los justos y los pobres son devorados por la organización social de los necios. Pero el Señor no se ha cambiado de bando. Todo lo contrario, sigue con los justos (5), es el refugio del pobre (6) y suscita una esperanza de salvación para que, junto con el regreso de la justicia, vuelva también la alegría para el pueblo (7). El Dios aliado de los justos empobrecidos provoca temor y temblor en los necios (5) que, al negar la existencia de Dios, han ocupado su puesto (1). El Dios de este salmo es, pues, el Dios del éxodo y de la Alianza.
Los necios afirman que Dios no existe. El salmo repite su nombre siete
veces (el número siete indica totalidad); se le menciona cuatro veces como «Yavé» -el Señor- (su nombre propio) (2. 4. 6. 7) y tres veces como Dios (1. 2. 5).
Para leer este salmo a la luz de la actividad de Jesús, podemos servimos de
la cuestión de la denuncia. ¿A quiénes o qué denunció Jesús? (véase, por ejemplo, Mc 7, 5-23; Mt 23, 1-36; Jn 8, 39-59). Véase, también, lo que sucede en el banquete de Herodes (Mc 6, 17-29). |
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SALMO 14
(13)
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Se trata de un salmo de denuncia profética, hermano gemelo del salmo 53.
La denuncia profética fue la herramienta que más usaron los profetas, sobre todo aquellos que tenían mayor sensibilidad para las cuestiones sociales. Sin medias tintas, estos salmos van derechos al grano, arrancando de raíz, con sus denuncias, las situaciones de injusticia de la sociedad. Ciertamente, son salmos que tuvieron su origen en los grupos proféticos más lúcidos y críticos. |
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Tiene cuatro partes: 1; 2-3; 4-6; 7. La primera (1) comienza presentando la
tesis de los necios (malvados), que niegan la existencia de Dios. Y la conclusión a la que llega el salmista a partir de esta circunstancia es que en la sociedad hay una corrupción generalizada. Se niegan dos cosas: que Dios exista y que haya alguien que obre el bien.
En la segunda parte (2-3), hace acto de presencia el Señor. Se inclina desde
el cielo sobre la tierra, para ver si encuentra a alguien sensato (justo), alguien que busque a Dios. Aquí tenemos la segunda constatación. El Señor confirma lo que acaba de afirmar el salmista: la sociedad se encuentra en un estado de corrupción generalizada. Nuevamente se niega que haya al menos una persona -una sola- que practique el bien.
La tercera parte (4-6) contiene la denuncia propiamente dicha. Los malvados
reciben otros calificativos: son malhechores, devoradores del pueblo, personas que no invocan al Señor, que se burlan de los planes del pobre. La denuncia adquiere tonos de amenaza, pues muestra de qué lado está el Señor: Dios está con los justos y es el refugio del pobre.
La última parte (7) apunta hacia la esperanza. Parece que este versículo fue
añadido posteriormente, en tiempos del exilio. Algunos estudiosos opinan que podría haber servido para suavizar la amenaza anterior. En cualquier caso, esta conclusión abre para Israel una esperanza de salvación pues, con toda seguridad, el Señor cambiará la suerte de su pueblo, devolviéndole la alegría.
Hay dos gestos simbólicos en este salmo. El primero se refiere a Dios quien,
desde el cielo, se inclina sobre la tierra. El segundo está relacionado con el comer: los necios devoran al pueblo como si comieran pan (4). |
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Como la mayoría de los salmos, también este refleja la existencia de un
grave conflicto social. La tensión se produce entre los necios y los sensatos o, dicho de otro modo, entre malvados (o injustos) y justos. El enfrentamiento es desigual y la superioridad de los malvados es tal que todos los sensatos se están pasando al bando de la injusticia y de la corrupción. De hecho, el salmo insiste en mostrar que, en la sociedad, existe una corrupción generalizada.
Los necios afirman que «Dios no existe». No se trata propiamente de una
negación absoluta de Dios, a semejanza del ateísmo de nuestros días. El Antiguo Testamento desconoce el ateísmo. Entonces, ¿qué es lo que defienden estos necios? Básicamente, lo siguiente: que a Dios poco le interesa lo que pase con la humanidad. Hace la vista gorda a cualquier tipo de injusticia. Es un Dios ausente que no interviene y que, indirectamente, favorece la corrupción, la impunidad...
¿Cuáles son las consecuencias? La corrupción generalizada. Y cuando esto
sucede, las víctimas son los pequeños, los pobres, los que luchan por la justicia. Vale la pena analizar toda la «ficha técnica» de los necios o insensatos. Negando que Dios exista, han abierto el camino hacia una «sociedad sin Dios»: se han corrompido, han cometido abominaciones (es decir, se han vuelto idólatras pues, al mismo tiempo que negaban la existencia de Dios, han ido creando sus propios ídolos), han dejado de practicar el bien (1); andan extraviados, obstinados, han dejado de obrar el bien (3); son malhechores (4), y se nos explica en qué consiste esto: en devorar al pueblo como quien come pan y no invocar al Señor (4). Más aún, se burlan de los planes del pobre. Los necios han convertido la sociedad en un inmenso banquete en el que los poderosos, por medio de la corrupción y a la sombra de la impunidad, devoran la vida de los pobres.
¿Quiénes eran esos «devoradores»? Tal vez los sacerdotes. La expresión
«devoran a mi pueblo como si comieran pan» (4b) se podría traducir de esta otra manera: «Los devoradores de mi pueblo devoran el pan del Señor». En este último caso, el salmo estaría dirigiendo su denuncia contra los sacerdotes, que «comen el pan del Señor» (véase la denuncia de Amós 7, 10-17 contra el sacerdote Amasías). |
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Podemos rezar este salmo cuando tenemos que denunciar las injusticias, la
corrupción; cuando vemos cómo los poderosos, que no temen a Dios, devoran a su pueblo; cuando contemplamos cómo los grandes confunden los planes de los pobres; cuando tenemos la sensación de que Dios está ausente o hace la vista gorda ante las injusticias y la corrupción...
Otros salmos de denuncia profética: 50; 52; 53; 75; 81; 95.
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