EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 15
(14)


Se trata de un salmo litúrgico, a semejanza del salmo 24 con el que tiene un
gran parecido. Pertenece a este tipo de salmos -litúrgicos- porque incluye
un fragmento de un antiguo ritual
, una liturgia de la que tenemos escaso
conocimiento. El Antiguo Testamento no confirma la existencia de este
ritual. Se supone que los peregrinos, que subían a Jerusalén con motivo de
las fiestas anuales, eran acogidos por un sacerdote a la entrada del templo.
Estos preguntaban a quien los recibía: «¿Cuáles son los requisitos que hay
que cumplir para entrar en el recinto del templo y permanecer ahí durante
los días de la fiesta?» (las grandes fiestas duraban ocho días). El sacerdote
respondía enumerando estos requisitos. Algunos investigadores le dan a
este salmo el nombre de
liturgia de la puerta.



Este salmo tiene tres partes: 1; 2-5a; 5b. La primera (1), está formada por la
pregunta de los peregrinos que llegan a las puertas del templo, que recibe el
nombre de «tienda». Los que se dirigen en peregrinación le preguntan al
encargado de recibirlos por las condiciones para acceder al recinto
sagrado del templo
, hospedarse allí y entrar en comunión con Dios durante
los días de fiesta.

La segunda parte (2-5a) contiene la respuesta. Se trata de una importante
lista de requisitos. Los peregrinos podían estar ritualmente impuros por
numerosos motivos: el contacto con animales muertos, con cosas
consideradas impuras, por las secreciones del organismo (menstruación en
el caso de las mujeres, poluciones en el de los hombres...). Nada de esto
es importante. Los requisitos presentados van todos en la línea horizontal,
poniendo así de manifiesto que la verdadera religión consiste en establecer
relaciones de fraternidad y justicia entre las personas
. El sacerdote presenta
doce exigencias. Ninguna de ellas se refiere directamente a Dios. Por el
contrario, todas van al encuentro del prójimo, iluminando las relaciones.

La tercera parte consta de una sola frase: «¡El que así obra nunca se
tambaleará!»
(5b). Sirve de conclusión, mostrando que, no sólo durante
las fiestas, sino para toda la vida, la verdadera religión es la que crea lazos
de justicia y solidaridad
entre las personas. Esto nos convierte en íntimos
de Dios.





Cuando habla de la «tienda», este salmo se está refiriendo al templo de
Jerusalén
. Y también recuerda cómo el pueblo suele acudir a él en
peregrinación con motivo de las fiestas importantes, hospedándose en los
patios y pórticos que lo rodean. Uno de los requisitos para poder entrar en
este recinto sagrado tenía que ver con la pureza ritual de las personas y de
los animales
que habían de ser sacrificados (el Levítico desarrolla esta
cuestión con todo lujo de detalles).

Parece que este salmo está en abierta oposición a esas normas de pureza
ritual
, proponiendo una nueva moralidad como puerta de acceso a la
religión y al Dios de Israel
. Supongamos por un momento que en las
puertas del templo estuviera un sacerdote partidario de las cuestiones de la
pureza ritual. ¿Qué habría dicho? ¿Qué es lo que habría exigido a los que
pretendieran entrar? Sencillamente, el cumplimiento de las prescripciones.
Sin embargo, en el salmo 15 no encontramos nada parecido. Todas esas
minuciosas normas de pureza ritual no son tenidas en cuenta. En su lugar
encontramos doce condiciones, una especie de síntesis o explicación del
Decálogo en lo que respecta a las relaciones entre personas
(véase Ex 20,
12-17).

Estas condiciones o requisitos son: 1. ser íntegro; 2. practicar la justicia; 3.
hablar con sinceridad; 4. no calumniar; 5. no hacer mal al prójimo; 6. no
difamar al vecino
; 7. despreciar al malvado (es decir, no asociarse con él);
8. honrar a los que temen al Señor (es decir, aunar esfuerzos con los
justos); 9. mantener lo que se ha jurado (tal vez como testigo en el
tribunal); 10. no dar marcha atrás con respecto al juramento, aunque esto
vaya en daño propio (pérdida de dinero, de fama, de honor); 11. no prestar
dinero con interés
(el Antiguo Testamento ve en ello una forma de
avaricia); 12. no aceptar (en un juicio) soborno contra el inocente.

Estas condiciones comienzan hablando de una integridad que se manifiesta
en el exterior. Se trata de una ética que conduce a una práctica; práctica
que se traduce en unas relaciones de justicia y que abarca todos los
ámbitos de la vida
: el ámbito social (no hacer daño, no difamar, etc.), el
ámbito económico (no prestar cobrando intereses) y el jurídico (no dejarse
comprar por los corruptores que pretenden eliminar al inocente). Esto es
religión. Las condiciones exigen un respeto absoluto del ser humano y de
la vida en todas sus dimensiones. La calumnia y la difamación son tan
destructivas como la usura, la avaricia, los sobornos y la corrupción.

En el Antiguo Testamento (al igual que en tiempos de Jesús) había quienes
defendían una religión de ritos. Uno llega a entrar en comunión con Dios
(religión, «religación») mediante la práctica de la Ley. Este salmo dice que,
caminando por la senda de la integridad, de la justicia y de la verdad, se
llega a la verdadera religión
. Se trata de un conflicto que todavía existe en
nuestros días.






Según este salmo (la gente del campo no siempre pensó de este modo),
Dios habita en el templo de Jerusalén y ahí recibe a sus huéspedes. Pero es
un Dios fuertemente vinculado a las exigencias del éxodo, cuando el Señor
sacó a los israelitas de Egipto selló con ellos un pacto para que
construyeran en la Tierra Prometida una nueva realidad, caracterizada por
la igualdad, la justicia y la solidaridad. A pesar de que su casa se haya
reducido al templo, el Señor no ha olvidado las exigencias del desierto, y
esto es lo que pide a sus huéspedes.

Es interesante señalar que el Señor no pide nada para sí; ni donativos, ni
sacrificios, ni oblaciones, ni holocaustos. Nada. Es como si le dijera a cada
uno
: «¿Quieres ser mi huésped, mi amigo? Entonces acoge al otro, sé su
amigo en la integridad, en la verdad, en la justicia y en la solidaridad»
. Dios
no quiere nada para sí. Si queremos ofrecerle algo, tenemos que
ofrecérselo a los demás, tenemos que ofrecernos nosotros mismos a los
demás.

Jesús asumió plenamente este salmo. Véase, por ejemplo, lo que dice del
templo como lugar de una religión opresora (Jn 2, 13-22), lo que dice a
propósito de la cuestión «puro e impuro» (Mc 7, 1-23), de la hipocresía de
los fariseos (Lc 11, 37-44); véase, también, cómo el samaritano (Lc 10, 29-
37) -considerado un hereje- tiene una actitud religiosa perfecta.





1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
Es un salmo para rezar cuando nos sentimos cansados de una religión de
palabras
; cuando creemos que Dios pide muchas cosas para sí; cuando no
estamos de acuerdo con el ritualismo
dentro de las iglesias; cuando
sentimos la tentación de adoptar una espiritualidad alienante y
desencarnada
; cuando queremos cambiar nuestras celebraciones.

Otros salmos de tipo litúrgico: 24, 134. Véase también el salmo 132.




Juan Carlos Muñoz