El justo cree en el Dios que escucha su clamor, que presta oídos a su
súplica (1), en el Dios que se alía con el justo, su protector. El justo es, para
Dios, como las niñas de los ojos. Dios lo protege como el águila que
esconde a su cría a la sombra de sus alas (8). Es, por tanto, el Dios de la
Alianza
, comprometido con la justicia «en cuerpo y alma», como un
guerrero victorioso (13). De hecho, este salmo habla del «oído» de Dios (1.
6), de su «rostro» (2. 15), de sus «ojos» (2), de sus «labios» (4), de sus
«huellas» (5), de su «derecha» (7), de las «niñas de sus ojos» (8), de sus
«alas» (8), de su «mano» (14) y de su «semblante» (15). Todas estas
referencias al cuerpo demuestran que Dios está vitalmente comprometido
con la justicia y con el justo
que lucha por ella.

¿Y Jesús? Como ya hemos visto a propósito de otros salmos de súplica,
también Jesús estuvo vitalmente comprometido con los que padecieron la
injusticia
, llegando incluso a dedicarles una bienaventuranza:
«Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de
ellos es el Reino de los cielos»
(Mt 5, 10). El evangelio de Juan afirma que
Jesús conocía el interior de las personas (2, 25).




En este salmo se habla de la «noche» (3) y del «despertar» (15). Todo hace
pensar que esta oración de súplica nació en el templo, que funcionaba como
una especie de tribunal supremo
. Una persona inocente es acusada y
perseguida a muerte
. No teniendo a quien recurrir, se refugia en el templo.
Durante la noche le expone su caso a Dios, jurando su inocencia (3-5). Por
la mañana, uno de los sacerdotes del templo
, después de examinar su causa,
se dispone a dictar sentencia en nombre del Señor (2). El justo tiene el
convencimiento de que será declarado inocente (15), y pide que condenen a
los que lo buscaban para matarlo (13-14).

Resulta interesante la descripción de los enemigos del justo. En un primer
momento se les llama «hombres» (4) y se dice que suelen transgredir las
normas de Dios
. A continuación reciben los calificativos de «agresores»
(7), «injustos» (9) que oprimen, «malvado» (13); son «enemigos
mortales»
(9) que cercan al justo para eliminarlo. Hablan con boca
arrogante (10). Sus pasos rodean al justo, sus ojos anuncian que ha llegado
la hora de asestar el golpe. La comparación con el león ávido de presa y con
su cachorro al acecho (12) lo dice todo: están dispuestos a matar sin el
menor atisbo de piedad. En todo esto se advierte una terrible progresión que
conduce a la muerte del justo. Se trata de hombres-fiera, capaces de devorar
a quien se les oponga. De no haber corrido al templo en busca de refugio, el
justo
ciertamente habría muerto a manos de sus enemigos asesinos.

¿Qué es lo que, de hecho, habría sucedido con el justo? ¿Cuál habría sido la
acusación? Afirmando su inocencia, dice que su súplica no proviene de
labios mentirosos (1). Además, si el Señor sondea y examina su conciencia
(su corazón), no encontrará en él ningún rastro de maldad (3). Asegura no
haber faltado con la boca (3), ni haber desviado sus pasos de las huellas de
Dios (5). Conciencia, boca y pasos representan la integridad total de la
persona
: en su pensamiento, en sus palabras y en sus acciones. ¿Por qué,
entonces, la acusación y la persecución?
No lo sabemos. Pero, en los
salmos, es frecuente ver cómo se persigue a los justos por incomodar a los
malvados
. Tal vez sea este un caso más. Conviene señalar, también, que se
trata de un justo que está solo, contra un grupo de malvados organizados,
que van engendrando descendientes y herederos de la injusticia (14).





Podemos señalar seis partes: 1-2; 3-5; 6-9; 10-12; 13-14; 15. La primera (1-
2) es una súplica. El justo pide la intervención del Señor para que haga
justicia
. La segunda (3-5) es una declaración de inocencia. El Señor puede
sondear el corazón
(es decir, la conciencia) del justo, pero no encontrará en
él malicia alguna. Aquí tenemos la imagen del herrero (3b) que purifica con
fuego los metales. La tercera parte (6-9) es nuevamente una súplica. El justo
le pide al Señor que lo guarde como a las niñas de sus ojos. Compara a
Dios con un águila
inmensa que protege a su cría bajo las alas (8). En la
cuarta (10-12), el justo habla abiertamente de los que lo rodean para matarlo.
Cierran sus corazones con grasa (es decir, tienen la conciencia totalmente
embotada) y tratan de acabar con el justo. Aparece aquí la imagen del león
hambriento y la del cachorro agazapado
, al acecho, en su guarida (12). En la
quinta parte (13-14) volvemos a encontrar la súplica. El justo pide la
intervención del Señor como un Dios guerrero
(13) que salva al inocente y
castiga a sus enemigos
, acabando con la descendencia de los malvados. La
última parte (15) es la conclusión. El justo inocente tiene el convencimiento
de que, al despertarse, quedará saciado con la imagen del Señor, es decir,
con la declaración de su inocencia
.




EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 17
(16)


Es un salmo de súplica individual. Una persona inocente está viviendo la
dura experiencia de ser perseguida y, por eso, se dirige al Señor pidiendo
justicia y venganza contra cuantos lo oprimen.



1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
Podemos rezar este salmo cuando somos objeto de injusticias, cuando nos
sentimos amenazados o injustamente perseguidos
, o cuando queremos
solidarizarnos con alguien
que atraviesa por alguna de estas situaciones.
Cuando queremos que se haga justicia en una sociedad injusta donde reina la
impunidad. Cuando necesitamos fuerzas y luz que nos ilumine en la lucha
por la justicia, en la defensa de los derechos humanos, en la búsqueda de
una mayor conciencia ciudadana...

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36;
38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102;
109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.





Marcelo Silvestri