EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 22
(21)
En este salmo predomina la súplica individual. Alguien tiene que enfrentarse con
enemigos poderosos en un terrible conflicto. La última esperanza de esta persona es el
Señor
, que parece estar ausente.

Este salmo se ha visto sometido a numerosas adaptaciones a lo largo del tiempo. Tal y
como lo encontramos en la actualidad, podemos distinguir en él tres partes, que
representan tres situaciones distintas (2-22; 23-27; 28-32). La primera (2-22) es una
súplica ante una situación dramática. La vida de alguien pende de un hilo. En la segunda
(23-27)
tenemos un cambio de la situación. Puede tratarse de una promesa de acción de
gracias o de la misma acción de gracias tras la superación del conflicto
. Esta parte podría
haberse añadido con posterioridad. La última (28-32) es un himno al Señor, rey universal.
Pertenece al tipo de los himnos de realeza del Señor.

Las imágenes que se emplean en este salmo son muchas y vigorosas. Vale la pena prestar
atención al modo en que el salmista describe a sus enemigos, por medio de figuras de
animales feroces,
y fijarse en la manera en que retrata la situación que está atravesando
con imágenes de algo que está desapareciendo poco a poco. A Dios, por su parte, se le
compara con una comadrona (10), con un guerrero (20), un héroe valiente (22) o un rey
(29).

El salmo 22 revela un terrible e inmenso conflicto entre el justo y los injustos, lo que pone
de manifiesto que habría tenido su origen en una sociedad de desigualdades, conflictiva y
violenta
(tal vez pudiera tratarse de un conflicto en el campo). No se respeta la vida de
quien ama la justicia. Por el contrario, el justo es devorado por hombres que, como
bestias feroces, sólo quedan saciados cuando lo ven muerto.

El texto expone la situación del salmista: el justo considera que ha sido abandonado por
Dios, grita continuamente (de día y de noche), pero Dios no le hace caso (2-3). Se ve
como un gusano, no como un hombre, vergüenza de la gente y desprecio del pueblo (7).
Se siente objeto de las burlas de todos por haberse refugiado inútilmente en el Señor (8-
9). Desde el vientre materno, como en el caso de Jeremías, fue entregado al Señor,
incluso el mismo Dios asistió al nacimiento de este fiel (10-11); pero ahora tiene la
impresión de que Dios está muy lejos (12). Se siente rodeado de enemigos y describe así
la situación límite en que se encuentra: está a las puertas de la muerte (13-16). Le están
taladrando las manos y los pies y sus adversarios se sortean sus ropas (17-19). Es como
si tuviera una espada al cuello o se encontrara bajo las garras de los perros (21), en las
fauces de un león o en los cuernos del búfalo (22). Esta persona es socialmente pobre
(25), compañera de otros pobres (27).

Los enemigos del pobre son descritos con imágenes tan enérgicas como violentas. Al
principio se limitan a tomarle el pelo (7) y burlarse de él por haber depositado su
confianza en el Señor (8-9). Pero después se vuelven terriblemente violentos, hasta el
punto de que se les compara con una manada de fuertes toros de Basán que rodea al
justo (13). La situación se vuelve aún más dramática cuando compara a sus enemigos
con leones que desgarran y rugen (14), haciendo que se sienta ya sin vida, como el agua
derramada y con todos los huesos descoyuntados (15a). El corazón del fiel es como
cera que se derrite (15b), su vigor y capacidad de resistencia desaparecen como arcilla
que se seca y se le pega la lengua al paladar. El justo se siente como si estuviera muerto
(16).

La escena se vuelve todavía más cruel y violenta, pues los enemigos, a los que llama
jauría de perros, lo están despedazando, lo torturan (17) y despojan de sus ropas, que
se sortean entre sí (19). Continúan las imágenes de violencia. Ahora se habla de la
espada al cuello, de las garras de los perros (21), de las fauces del león y de los cuernos
del búfalo (22).

Entre el justo y Dios hay una relación íntima y personal, hasta el punto de que el primero
se dirige al segundo diciendo: «Dios mío».
No obstante, el justo tiene la sensación de que
el Señor está ausente o al margen del conflicto que está viviendo
. Entonces apela al
recuerdo del pasado. Los padres (antepasados) confiaban en el Señor y este los libraba
(5, 6). ¿Cuándo tuvo lugar esto? Sobre todo en Egipto, cuando los israelitas clamaron a
Dios y el Señor escuchó su clamor, bajó y los liberó. Por este Dios de la Alianza, el
salmista tiene el valor y la confianza de elevar su clamor.
La imagen más hermosa de Dios
en este salmo es, por tanto, la del Dios que escucha el clamor del pobre que padece
injusticia y lo libera, haciéndolo cantar himnos de alabanza
(23, 27).

Según Marcos (15, 34) y Mateo (27, 46), Jesús habría rezado este salmo en la cruz. Él
es, por tanto, el justo inocente que clama con confianza. Y Dios le responde con la
resurrección. Pero conviene fijarse también en todos los clamores que escuchó Jesús y a
los que dio respuesta a lo largo de su vida. Él es, pues, la respuesta de Dios que escucha
los clamores y que libera.

1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
Por tratarse de la súplica de un inocente que padece injusticia, este salmo se presta para
cualquier ocasión de clamor y de súplica
. El modo en que son descritos los injustos
(león, toro, búfalo) nos lleva a pensar en la violencia en el campo y en las luchas de los
que no tienen tierra. También se presta para las ocasiones en que nos solidarizamos con
los que sufren, convirtiéndonos en voz de los que no tienen voz.

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39;
42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130;
140; 141; 142; 143.

Willie Rauch