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SALMO 24
(23)
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Al igual que los salmos 15 y 134, este es un salmo litúrgico. Se llaman así
porque recuerdan un rito muy antiguo. Los versículos 3-6 están prácticamente calcados del salmo 15, en el que tenemos la liturgia de la puerta. Aquí, además de ésta, tenemos otro fragmento de liturgia (7-10), algo parecido a una procesión con el Arca de la Alianza. |
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Todo parece indicar que el salmo 24 ha sido objeto de diversas
adaptaciones a lo largo de su existencia. Tal como se encuentra hoy, podemos distinguir en él tres partes: 1b-2; 3-6; 7-10. En la primera (1b-2) tenemos un himno de alabanza. En él se reconoce que el mundo pertenece a quien lo ha creado, es decir, al Señor. La segunda (3-6) está compuesta por una pregunta (3) y su respuesta (4-6). Esta parte es muy parecida al salmo 15, que trata de las condiciones que se exigen para participar de los festejos en el atrio del templo de Jerusalén (las principales fiestas duraban una semana). Es la liturgia de la puerta. La tercera parte (7-10) contiene una exhortación que se repite (7. 9), dirigida a los portones (del templo o de la ciudad de Jerusalén), para que se abran y permitan la entrada del Rey de la gloria; contiene una pregunta repetida (8a. 10a) y la respuesta, que se repite con ligeras variaciones (8b. l0b).
Para entender mejor la primera parte (lb-2), hay que tener presente cómo se
concebía el mundo en la época en que nació este salmo. Se creía que la tierra era una superficie plana, sostenida por columnas invisibles. Estas columnas hundían sus cimientos en la profundidad de los océanos (Sal 46, 3-4). El Señor había sido el autor de tal proeza arquitectónica. Por eso le pertenece la tierra y lo que contiene, el orbe y sus habitantes.
En la forma en que este salmo se encuentra en nuestros días, las partes
primera y segunda parecen constituir himnos que el pueblo cantaría durante una procesión solemne. |
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El salmo 24 recuerda una procesión con el Arca de la Alianza, a semejanza
de lo que se narra en 2 Sam 6, 1-9. No se sabe con precisión si los portones que se mencionan en los versículos 7a y 9a son los de la ciudad o los del templo. Lo cierto es que la procesión se desarrollaba en medio de la fiesta y la alegría, y en ella el pueblo cantaría las dos primeras partes de este salmo.
La primera parte tiene un aspecto polémico en relación con la idolatría. El
orbe, sus habitantes y todas las cosas que hay en la tierra son criaturas de Dios, a diferencia de lo que afirman los adoradores de ídolos. El Señor se presenta como arquitecto que ha fundado la tierra sobre los mares y la ha afianzado sobre los ríos.
En la segunda parte, la procesión ha llegado ya a las puertas. Se desarrolla,
entonces, la liturgia de la puerta (Sal 15). El pueblo pregunta por las condiciones para poder entrar (en la ciudad o en el templo) y participar así en los festejos. La respuesta entra una vez más en polémica con los ídolos. Y presenta como condiciones la justicia (manos inocentes), la integridad (pureza de corazón), el rechazo de los ídolos y la rectitud en las relaciones con la gente, sobre todo en los tribunales (Dt 5, 20). Esta liturgia de la puerta entra en polémica con los ritos vacíos y contra una religión de mera apariencia. La segunda parte concluye con una afirmación solemne: buscar el rostro de Dios significa cumplir con todos estos requisitos.
La tercera parte presenta un diálogo, repetido, entre el pueblo y los
guardianes de las puertas. El pueblo pide que se alcen los portones para que pueda entrar el Rey de la gloria. Los que las guardan preguntan quién es ese Rey de la gloria, y el pueblo responde que es el Señor. Tras este diálogo, ciertamente se abrían las puertas y el Arca entraba en el lugar más sagrado y reservado del templo de Jerusalén. |
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Cada una de las partes de este salmo presenta un rasgo característico de
Dios. En la primera se refuerza la idea de que Dios es el creador de la tierra y Señor del mundo. En la segunda se presenta a Dios como el aliado de Israel: para responder al compromiso de la Alianza, el pueblo de Dios tiene que establecer unas relaciones de justicia, de integridad y rectitud. No poner en práctica estas condiciones es tanto como confiar en los ídolos y apartarse del Señor. En la tercera, el Señor es presentado como Rey de los Ejércitos, como un héroe valeroso, un héroe de la guerra. En todas ellas, se trata siempre del Dios que camina con el pueblo y habita en medio de él.
En determinadas ocasiones, el Arca de la Alianza era considerada como una
especie de general que lideraba el ejército de Israel en sus luchas por la independencia y la libertad. Más tarde, durante la época del exilio en Babilonia, los ejércitos de Israel pasaron a ser las estrellas y los astros. Esto suponía una crítica a la idolatría de los babilonios, que adoraban los astros del cielo.
En cualquier caso, la expresión «Rey de la gloria» implica siempre una
crítica del poder absolutizado. Este salmo proclama que sólo el Señor es Rey. Y el Arca de la Alianza mantiene viva su presencia como compañero y aliado del pueblo.
Jesús denunció la liturgia y los ritos vacíos de su tiempo (puede verse lo que
dijo a propósito del salmo 15). Al margen de esto, podemos recordar cómo entró en Jerusalén aclamado por el pueblo (Mt 21, 1-11; Mc 11, 1-11; Lc 19, 28-38; Jn 12, 12-16), como aquel que había establecido la nueva y definitiva Alianza entre Dios y la humanidad. El Arca recordaba que Dios caminaba en medio de su pueblo. Ahora bien, Jesús vivió con y para el pueblo, sobre todo, los empobrecidos y marginados de Galilea. |
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Este salmo recupera la religiosidad popular, el sentido de las romerías, de
las procesiones. Lleva a pensar en la liturgia como celebración de la vida y expresión de la fe. Ayuda a superar el ritualismo y una religiosidad de apariencias.
Otros salmos de tipo litúrgico: 15, 134. Véase también el salmo 132.
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