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Podemos rezar este salmo cuando queremos aprender a confiar más en
Dios; cuando estamos unidos a personas tratadas injustamente; cuando nos solidarizamos con los perseguidos a causa de la justicia (ver también, los demás salmos de confianza individual).
Otros salmos de confianza individual: 3; 4; 11; 16; 23; 62; 121; 131.
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¿Cómo es el rostro de Dios en este salmo? Basta considerar las expresiones
de confianza total del inocente perseguido: el Señor es luz, salvación, fortaleza. Toma partido por el inocente perseguido, dándole cobijo en el templo (escondiéndolo en su cabaña, ocultándolo en lo escondido de su tienda, alzándolo sobre una roca, permitiéndole alzar la cabeza sobre los enemigos que lo cercan).
¿Por qué este inocente perseguido confía tanto en el Señor? Porque sabe
que está del lado de los que buscan la justicia. La gran experiencia que dio lugar a este salmo es el acontecimiento del éxodo: en él, el Señor que escuchó el clamor de los israelitas y los liberó, los educó para la confianza en el Aliado que nunca falla.
Jesús es la expresión de ese Dios en el que podemos confiar absolutamente.
Son muchos los pasajes de los evangelios en los que pide a la gente que confíen en él. Por eso podemos preguntarnos: ¿Por qué las personas, sobre todo los pobres, los enfermos y marginados, tenían tanta confianza en Jesús? (Véase, también, lo que se ha dicho a propósito de otros salmos de este tipo: 3; 4; 11; 16; 23). |
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El salmista está en el templo de Jerusalén. Hay unas cuantas frases que lo
confirman. Por ejemplo: «Oigo en mi corazón: “¡Buscad mi rostro!”. - Tu rostro es lo que busco, Señor. No me escondas tu rostro» (8-9a). La expresión «buscar el rostro del Señor» significa «consultar a Dios» en su santuario para saber qué es lo que tiene que decir. Hay otro versículo que nos ayuda a darnos cuenta de que el fiel ha decidido habitar en el templo para siempre: «Una cosa pido al Señor, y sólo eso es lo que busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su templo» (4).
¿Por qué el salmista ha ido al templo buscando una sentencia? La respuesta
se hace más clara cuando analizamos cómo habla de sus enemigos. De ellos dice que le están acechando (11), que lo cercan (6); son «adversarios» (12a) y «malhechores» que lo asaltan para devorar su carne (2). Parecen un «ejército» que le declara la guerra (3); son «testigos falsos que respiran violencia» (12b). Así pues, ¿qué es lo que ha sucedido con esa persona? Ciertamente ha sido juzgada y condenada por un tribunal con la participación de testigos falsos que han declarado en su contra y ha visto cómo se le condenaba a muerte sin poder recurrir a nadie. Sintiéndose vigilado, acechado y cercado por sus enemigos, huye y se refugia en el templo de Jerusalén, que funcionaba como lugar de asilo, hasta recibir una sentencia del Señor, por medio de uno de los sacerdotes que echaban las suertes.
¿Cómo se siente el salmista? En el templo, expresa su confianza absoluta en
el Señor, juez justo. Confía en que obtendrá una sentencia favorable: «Espero ver la bondad del Señor en la tierra de los vivos» (13). Un sacerdote le da ánimos y le invita a confiar (14); el salmista decide entonces permanecer toda la vida al servicio de Dios en el templo (4; también Sal 23; 26). Se siente firme, no va a temblar ante los enemigos que, como fieras salvajes, quieren devorarlo (2) o, como un ejército, pretenden destruirlo (3). El busca el rostro del Señor, a solas, pues incluso sus padres lo han abandonado (10) sin creer en su inocencia y sí en las calumnias de los testigos violentos (12). |
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Estamos ante un salmo de confianza individual, con elementos de súplica.
Una persona, que se ha refugiado en el templo de Jerusalén, confía plenamente en que el Señor la declarará inocente. Las expresiones «¿a quién temeré?», «¿ante quién puedo temblar?» (1), «¡mi corazón no temblará!» y «¡yo seguiré confiando!» (3) muestran que se trata de un salmo de confianza individual. |
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SALMO 27
(26)
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Tiene dos partes (1-6; 7-13) y una conclusión (14). La primera (1-6) expresa
la confianza absoluta que el salmista deposita en el Señor. El fiel se sirve de imágenes relacionadas con el ámbito militar para expresar lo que siente. Para él, el Señor es como una fortaleza que nadie consigue destruir (1). Aunque sus enemigos sean tan numerosos como un ejército y le declaren la guerra, él seguirá confiando en Dios (3). También se compara a los adversarios con animales salvajes que desgarran y devoran la carne de las personas (2). El salmista manifiesta su deseo de habitar para siempre en el templo, que recibe los nombres de «casa del Señor» (4), «cabaña» (5) y «tienda» (5. 6).
La segunda parte (7-13) es una súplica nacida de la confianza. Los verbos
en modo imperativo («escucha», «ten piedad», «no me escondas», «no rechaces», «no me dejes», etc.) demuestran que estamos ante una súplica individual. Pero el contexto sigue siendo el mismo, es decir, el salmista está en el templo de Jerusalén.
La conclusión es una invitación a la confianza: «¡Espera en el Señor,
mantente firme! ¡Ten ánimo y confía en el Señor!» (14). Debe de ser un sacerdote el que habla dirigiéndose al fiel, reforzando la idea de que Dios le va a hacer justicia sin demora. |