EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 29 (28)
Es un himno de alabanza. Se invita a todo el pueblo a aclamar al Señor, que
manifiesta algo de su gloria en una tempestad.


Los himnos de alabanza normalmente cuentan con una introducción, un
núcleo central y la conclusión. Así sucede con este salmo. En la
introducción (1-2) se invita insistentemente al pueblo («hijos de Dios») a
aclamar al Señor y a adorarlo
en la entrada de su templo («atrio sagrado»).
El imperativo
«aclamad» aparece tres veces y una «adorad». Se invita al
pueblo a aclamar al Señor, a aclamar su gloria y su poder y a aclamar la
gloria de su nombre, es decir, la rama que tiene el nombre propio del Señor
(
Yavé en el original hebreo). Es importante señalar la insistencia con que
aparece este nombre propio,
«e1 Señor» -Yavé- (cuatro veces) y el término
«gloria» (dos veces; cuatro en todo el salmo).

El núcleo central (3-9) presenta el motivo por el que hay que aclamar al
Señor.
Llaman la atención las 7 veces en que aparece la expresión «la voz
del Señor»
. Sabemos que, en la Biblia, el número 7 representa con
frecuencia la totalidad. Además, podemos ver cómo en ocasiones la voz del
Señor se manifiesta en el trueno. Tenemos, por tanto, siete truenos que
representan la voz del Señor. La tempestad habla de la gloria y del poder del
Creador
.

Este salmo sigue el desarrollo de las tempestades en aquella región. En
Palestina, suelen empezar en el mar
, el Mediterráneo, y, desde allí, avanzan
hacia el continente
, es decir, se levantan desde las aguas y se precipitan
sobre la tierra, recorriendo el camino desde el Oeste hacia el Este (3-4). La
tempestad viene acompañada de rayos (la voz del Señor es «esplendorosa»
en el versículo 4 y en el 7 «lanza llamas de fuego»). Avanzando hacia el
continente, recorre toda la sierra, de Norte a Sur (5-8). De hecho, el salmo
habla del Líbano (las montañas del extremo norte, donde crecen los
famosos cedros), y del desierto de Cades (en el extremo sur). De Norte a
Sur, todo el territorio está cubierto por la tempestad, reflejo de la gloria del
Señor. Los elementos más poderosos de la naturaleza, como los
gigantescos cedros del Líbano (Sarión puede ser, aquí, otro nombre para
designar el Líbano) se convierten, ante este fenómeno, en crías bravas
asustadas por los rayos y los truenos (el becerro y la cría de búfalo del
versículo 6). El desierto, que siempre atemorizó al pueblo, ahora se asusta y
tiembla ante esta muestra gratuita (la tempestad con rayos y truenos) de la
gloria del Señor. Con sus rayos, el Señor retuerce los robles y descorteza
las selvas (9).

Así pues, la tempestad va de Oeste a Este, de Norte a Sur. Pero el centro
del salmo 29 es la aclamación del pueblo en el templo de Jerusalén
. Aquí, el
pueblo, respondiendo a la invitación de la introducción, grita: «¡Gloria!».
Es una aclamación más fuerte que los truenos, más brillante que los
relámpagos
. No sólo hace que se estremezcan los elementos más poderosos
de la naturaleza, sino que el pueblo mismo se estremece en su grito de gloria.

La conclusión (10-11) presenta al Señor como rey eterno, sentado en su
trono sobre el diluvio. Aquí, el «diluvio» puede referirse tanto a la
tempestad que ha inspirado este salmo, como al océano primitivo, las aguas
primordiales que, según se creía en aquel tiempo, existían antes de la
creación del mundo. Se trataría de aguas peligrosas. Pero Dios (citado por
su nombre propio -«el Señor», Yavé»- aparece cuatro veces en la
conclusión) es Señor de las aguas y las domina («se sienta como rey
eterno»
). Pero, Aquel que domina el mal y las fuerzas de la naturaleza no
sólo bendice a su pueblo con la paz, sino que le da la plenitud de bienes que
garantizan la vida
.



El salmo 29 está entre los más antiguos. Los eruditos afirman que se trata de
una especie de copia de un cántico cananeo al dios de la tempestad
. Habría
sido, en su origen, un cántico pagano al dios de la naturaleza. El pueblo de
Dios habría tomado este himno pagano y lo habría convertido en un himno
a Dios, Señor de la naturaleza, de los fenómenos naturales
(la tempestad, los
rayos y los truenos) y quien garantiza la paz a su pueblo, que lo aclama y lo
adora en el templo de Jerusalén.

¿Por qué habría tomado y transformado este salmo el pueblo de Dios? Pues
para responder a esta pregunta: ¿Cuál es el Dios verdadero, el nuestro o el
dios pagano?
Vemos, pues, cómo lo que provocó la adaptación de este
himno cananeo fue un conflicto religioso o teológico. Otro foco de conflicto
podría situarse
en el intento de eliminar la comprensión errónea de las
«aguas primordiales peligrosas» (el «diluvio» del versículo 10). La
naturaleza
, en sus elementos más nobles (los cedros, los robles, la selva, el
desierto) se agita, se estremece y brinca ante una tempestad, manifestación
gratuita de la gloria del Señor. La tempestad no revela plenamente la gloria
del nombre del Señor, ni la naturaleza es capaz de comprenderla
.
Simplemente reacciona asustada. Por el contrario, el pueblo, en el templo, es
consciente de todo ello y grita
: «¡Gloria!» (9).




Dios, aquí, es el aliado que bendice a su pueblo con la paz (11). Su nombre
glorioso es «el Señor» -Yavé-», el Dios del éxodo y de la liberación (fíjese
el lector en cuántas veces aparece el nombre de Dios). El pueblo, su socio
y aliado, lo reconoce como Señor de la naturaleza y, en el templo, proclama
su gloria
, mientras que la naturaleza tan sólo se asusta y tiembla. Es el Señor
de la tempestad, más fuerte que los elementos más poderosos de la
naturaleza.

Varios son los modos en que se puede relacionar este salmo con la
actividad de Jesús. Por ejemplo, Jesús se manifiesta como Señor con poder
para dominar los elementos de la naturaleza
(el viento y el mar en Mc 4, 35-
41); el pueblo, viendo lo que hace Jesús, da gloria a Dios (Lc 7, 11-17; 17,
18); el evangelio de Juan afirma que Jesús revela plenamente al Padre (Jn 1,
18) y hace todo lo que ve hacer al Padre (5, 19).



1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
Podemos rezarlo en sintonía con la naturaleza, alabando a Dios por las
criaturas que revelan algo de su belleza y bondad
; alabarlo, también, por los
seres humanos, hechos a su imagen y semejanza
, los únicos capaces de
proclamar su gloria. Cuanto más lo conocemos, más rechazamos los ídolos
que tratan de apartar de nosotros la imagen de Dios.

Otros salmos que son himnos de alabanza: 8; 19; 33; 100; 103; 104; (105);
111; 113; 114; 117; 135; 136; 145; 146; 147; 148; 149; 150.



Discovery-A.Nottebohm