En medio del conflicto entre los injustos poderosos y el justo debilitado,
entre los injustos exploradores y el pobre indigente que clama, Dios se
presenta como juez y como guerrero
: acusa a los acusadores del justo,
combate a los que lo combaten
(1). Se arma como un guerrero temible
(escudo, armadura, espada, hacha) para defender la causa del justo que
clama ante las injusticias. ¿Por qué el salmista se atreve a dirigirse a Dios en
estos términos? Porque el Señor siempre ha sido y siempre será el aliado en
favor de la justicia
. Cuando los israelitas elevaron su clamor a causa de la
opresión que padecían en Egipto, él se fijó, descendió, escuchó y liberó.
Ésta es la razón por la que esta persona clama, exponiendo la gravedad de
su situación. Si el Señor no responde, la Alianza queda en entredicho. En los
vv. 22-24, el salmista pone de manifiesto lo que piensa de Dios: puesto que
ya ha visto la situación, que no quede callado, que no se quede lejos y que
no se duerma, sino que haga justicia. Se trata de una petición para que
renueve los prodigios liberadores que llevó a cabo en tiempos de la
esclavitud en Egipto.

Si el Señor no responde y no lo libera, los demás justos desaparecerán,
asustados y reducidos al silencio por la arrogancia y la prepotencia de los
malvados injustos. Y, lo que es peor, dejará de reconocerse la justicia del
Señor en la faz de la tierra.

En el Nuevo Testamento, Jesús está siempre de parte de quienes claman por
la justicia. Es más, él vino para cumplirla plenamente
(Mt 3, 15) y afirmó que
el Reino es de los pobres en el espíritu y de los perseguidos a causa de la
justicia (5, 3. 10). Jesús liberó a todas las personas que clamaban y que
estaban oprimidas por diversos motivos. Basta, por ejemplo, con echar un
vistazo a los capítulos 8 y 9 de Mateo, para hacerse una idea de cómo
respondió Jesús a las súplicas y los clamores
de todos, y no sólo de los
judíos.



Podemos distinguir tres partes: 1-10; 11-18; 19-28. Cada una de estas partes
puede, a su vez, dividirse en unidades menores. En la primera parte (1-10), el
salmista hace un llamamiento urgente al Señor, juez y guerrero (1-3), formula
un deseo contra sus enemigos
(4-6), describe la situación en que se
encuentra (7-8) y añade ya una promesa de alabanza para después de la
liberación (9-10). En esta parte podemos encontrar unas cuantas imágenes o
símbolos interesantes: el Señor es presentado como un juez y un guerrero
fuertemente armado (1-3); los enemigos del salmista son vistos como
soldados a los que el ángel del Señor empuja hacia la derrota
(4. 6) o como
paja que arrebata el viento
(5). Son presentados, también, como
«cazadores» del justo
(imagen tomada de la vida en el campo), y se pide
que caigan en la misma red que ellos han tendido o en la fosa que han
excavado
(8).

En la segunda parte (11-18) encontramos también varias divisiones menores.
El salmista describe nuevamente su situación (11-12. 15-16), afirmando que
ha recibido el mal como recompensa por el bien que había practicado. Así
pues, se trata de un inocente acusado injustamente (13-14). Apela
nuevamente al Señor (17), prometiendo dar gracias en público por el
beneficio alcanzado (18). En esta parte, se compara a los enemigos con
leones que rugen
(17).

La tercera parte (19-28) también presenta divisiones menores. La persona
que compuso este salmo vuelve a hablar de su situación (19-21). Recurre
nuevamente al Señor juez (22-24), expresa un deseo contra los
perseguidores mentirosos
(25-26), para concluir con un himno de alabanza
(27-28). Se compara a los enemigos con bestias feroces que abren sus
fauces
(21) y se muestran orgullosos de haber devorado al justo (25).

Es interesante señalar que las tres partes son muy parecidas entre sí. Pueden
colocarse en paralelo y compararse entre sí. Además, podemos darnos
cuenta de cómo la situación del salmista va agravándose a medida que
avanzamos en la lectura del salmo: si el Señor no interviene, será fatalmente
destruido
.



Este salmo muestra un terrible conflicto entre un justo que, él solo, lucha
contra un grupo organizado de injustos
más fuertes que él. Hay otros justos
que están callados
(27), tal vez con miedo a reaccionar ante la fuerza de los
malvados.

La segunda parte (11-18) muestra cómo comenzó todo. En el pasado,
cuando algunas personas estaban enfermas, el justo hacía penitencia por
ellas y rezaba, como si se tratara de gente muy próxima («amigo»,
«hermano», «madre», vv. 13-14). Pasado un tiempo, el justo tropezó (15);
entonces estas personas se convirtieron en sus enemigos, viendo en su
tropiezo una oportunidad para destruir al justo con odio (15-16). Pagaron a
falsos testigos, arrastraron al justo hasta el tribunal, inventaron una sarta de
mentiras
(11) con la intención de quitarle la vida (4). El salmista se siente
como quien ha caído en la red que le han tendido los cazadores o en la fosa
que le han cavado
(7-8). Más aún, el justo los ve y los siente como leones
que rugen (17), que abren sus fauces y están a punto de devorarlo (25). Vale
la pena leer con atención este salmo fijándose en cómo califica el salmista a
sus enemigos, y qué es lo que pretenden hacer.

¿Y la situación de quien compuso el salmo? Además de ser alguien inocente
capturado en las redes y en la fosa de las mentiras de los injustos
, no tiene a
nadie a quien recurrir, excepto al Señor, el Dios juez y guerrero que
restablece la justicia (los amigos del justo guardan silencio atemorizados).
Además se confiesa débil, pobre y sin recursos ante alguien más fuerte que
él y que lo explota
(10). ¿En qué consistiría esta explotación? No es fácil dar
una respuesta. Pero las imágenes del león, de la paja, de la red y de la fosa
permiten sospechar
que, tal vez, detrás de este salmo pudiéramos
encontrarnos con terratenientes ambiciosos. ¿No serán ellos el león que «se
zampa» al justo, arrebatándole, a base de mentiras, difamaciones y
sobornos, el suelo vital del que depende para sobrevivir? Esta posible
situación nos lleva a pensar en los tiempos de Amós y en las denuncias de
este profeta.



EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 35
(34)


Es un salmo de súplica individual. Una persona clama al Señor a causa de la
desesperación en que se encuentra
. En varias ocasiones, expone claramente
la situación de injusticia que ha experimentado y por eso clama a Dios
pidiendo que acuse a los que le acusan, que combata a los que le combaten
(1), esto es, que intervenga para hacer justicia.


1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
El salmo 35 es un salmo de súplica individual ante una terrible injusticia. Si
Dios no hace justicia, el justo acabará muriendo a causa de las mentiras de
los injustos. Tal vez nosotros no pasemos nunca por una situación
semejante; pero esto no quiere decir que no podamos rezar este salmo.
Entonces, ¿cuándo podemos rezarlo? Es un salmo que conviene rezar en
solidaridad con las personas y grupos que luchan por la justicia y que
reciben amenazas de destrucción por parte de los poderosos
. Éste es el
caso de los que luchan por la tierra en las partes más pobres de nuestro
mundo y por todos los derechos fundamentales del ser humano.

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 36;
38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102;
109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.