EL TALLER DE LOS SALMOS
SALMO 93
(92)


Este es el segundo salmo que celebra la realeza del Señor (Sal 47). El
motor de estos salmos es la afirmación «el Señor es Rey» (1a) y, aunque
en apariencia respiran una gran tranquilidad
, de hecho nacieron a raíz de
situaciones tensas y llenas de conflictos
.



Puede tomarse como un todo o dividirlo en tres breves partes: 1-2; 3-4; 5.
Tomándolo en su unidad, como un todo, podemos compararlo con un
«bocadillo»
para entenderlo mejor. El inicio (1-2) y el final (5) serían las
rebanadas de pan
; el centro (3-4) representa la parte más sabrosa, la que da
sabor e identifica el bocadillo.

Si comparamos el principio y el final, descubrimos algunas semejanzas. Se
puede decir que las rebanadas de pan se parecen mucho entre sí. Al
principio se habla de las ropas del Señor Rey
; está vestido de majestad,
vestido y ceñido de poder (1a). Este tema vuelve al final, cuando se
recuerda que la santidad es el
adorno de la casa, del Señor (5a). La ropa y
el adorno casan entre sí. Al principio se afirma que tanto el mundo, como
el trono del Señor están
firmes (1c. 2a). Al final, vuelve el tema de la
estabilidad cuando se muestra que los testimonios del Señor -esto es, sus
mandatos y decretos- son efectivamente firmes (5a). Además, al principio
se dice que el mundo no vacilará
nunca, sugiriendo la idea de algo
duradero. Al final, podemos descubrir esta misma idea tras la expresión
por días sin término, referida tanto a los testimonios del Señor, como a la
santidad de su casa. Este tema aparece también de otra forma. Al principio
del salmo se dice que el trono del Señor Rey está firme desde el origen y
que él existe desde siempre. Al final, la estabilidad de sus mandamientos
(testimonios) y la santidad de su casa se prolongan eternamente.

Como puede percibirse, estas dos partes están muy unidas entre sí.
Además de todo esto, tenemos algunas imágenes importantes: las ropas,
que representan la majestad y el poder de Dios; la firmeza del mundo y la
estabilidad del trono en el que el Señor Rey está sentado
.

En la parte central (3-4) se produce una especie de enfrentamiento. Por un
lado, están
los ríos que levantan su voz y su fragor y el oleaje del mar, con
la agitación de sus olas,
con su estruendo imponente. Por el otro lado,
está
el Señor Rey, sentado en las alturas, que domina las aguas
torrenciales,
que acalla tanto la voz y el fragor de los ríos, como el
estruendo del oleaje del mar
. Al principio y al final de este salmo, aparece
la idea de la estabilidad y firmeza
. En la parte central se condensa el
conflicto, superado por un Señor Rey imponente, que supera el estruendo
imponente de las aguas. Evidentemente, los ríos agitados y el oleaje del
mar pueden entenderse como símbolos de algo más profundo, como
veremos a continuación.



Los salmos de la realeza del Señor son, con toda probabilidad, textos que
nacieron en las fiestas populares en las que se celebraba la soberanía del
Señor en la ciudad de Jerusalén. Fiestas alegres, acompañadas de
procesiones (Sal 24). Resulta
difícil precisar con exactitud cuándo
surgieron
estos salmos. En el salmo 93 se habla de la «casa», que recuerda
el templo de Jerusalén. Durante varios siglos, el templo estuvo vinculado
con la monarquía (desde la época de Salomón hasta el exilio en Babilonia,
por tanto, desde el 970 al 586 a. C). Sin embargo,
en este salmo no se
habla del rey de Judá, lo que pone de manifiesto la existencia de una
tensión
. Si este salmo surgió en tiempos de la monarquía, ¿por qué afirmar
que el Señor es Rey? Esta cuestión nos lleva a
descubrir, en el Antiguo
Testamento, la presencia de un grupo de personas, relacionado
en muchas
ocasiones
con los profetas, que nunca aceptó de modo pacífico la figura
de un rey en lugar del Señor como único Rey
que, como tal, existe desde
siempre (2b). Esto es lo que podemos ver leyendo 1 Sam 8, 4-7:
«Por eso
se reunieron todos los ancianos de Israel, fueron a Ramá a ver a
Samuel, y le dijeron: “Tú eres ya viejo, y tus hijos no siguen tus
caminos. Danos un rey para que nos gobierne, como tienen todas las
naciones”. A Samuel le desagradó que le dijeran: “Danos un rey
para que nos gobierne”, y se puso a invocar al Señor. Pero el Señor
dijo a Samuel: “Obedece la voz del pueblo en todo lo que te diga,
porque no te han rechazado a ti, sino a mí, para que no reine sobre
ellos”»
. También Is 44, 6 se expresa en este mismo sentido. Tal vez este
salmo naciera en el seno de este grupo contrario a la monarquía
.

Una vez concluido el exilio en Babilonia (538 a. C), se reconstruyó el
templo, pero ya no volvió a haber reyes
. Si este salmo pertenece a esta
época, podemos descubrir en él una crítica contra los reyes de Judá,
principales responsables de la ruina del pueblo (el exilio). Es como si este
salmo dijera: «¿Monarquía? ¡Nunca más!».

La idea de Dios como Señor que somete a las fuerzas negativas de la
historia es muy antigua. En muchas ocasiones, se representaba a estas
fuerzas negativas mediante las aguas agitadas. Se comparaba a los pueblos
enemigos que amenazaban a Israel con un mar embravecido y amenazante.
Si consideramos los ríos y el mar del centro del salmo como figuras que
representan a los pueblos, nos encontramos, entonces, ante la amenaza de
un conflicto internacional
: algún imperio poderoso y amenazador (los ríos
y el oleaje del mar) estaría amenazando a Israel, pero el Señor es más
fuerte, reina y hace desaparecer el tumulto de los pueblos. En cualquier
caso, este salmo pone de manifiesto una tensión social, insistiendo con
gracia y con energía en el hecho de que el Señor es Rey.



El Señor es presentado como Rey, revestido de majestad y de poder. Su
trono está firme y el mundo también. Él acalla el tumulto de los ríos y el
oleaje del mar, y deja al pueblo sus testimonios (sus mandamientos),
adornando el templo con su santidad por días sin término.

Algunos grupos vieron en la construcción del templo de Jerusalén un
intento por confinar a Dios en un espacio físico reducido. Aquí, a pesar de
que se diga que el templo está lleno de santidad, se muestra a Dios como
Señor del mundo, como Rey del universo
. Esto está íntimamente
relacionado con la idea de alianza.
El Señor hace todas estas cosas porque
es el aliado de Israel, su defensor, el que reduce el tumulto de los pueblos.
Prueba de ello son los diez mandamientos (los
«testimonios» del v. 5a),
fruto de la alianza entre el Señor e Israel.

Los evangelios, especialmente en los relatos de la pasión, muestran a Jesús
como Rey universal. Mateo, Marcos y Lucas insisten en presentarlo como
el que anuncia el Reino.
No obstante, conviene fijarse en cómo ejerció
Jesús la realeza
y tratar de descubrir lo que significa, para él, el reinado de
Dios. Además, por oposición, se puede profundizar en la actitud de Jesús
con respecto al templo de Jerusalén.

El Apocalipsis presenta a Dios como Señor de la historia y del universo,
ante el cual, el mar, símbolo de las fuerzas del mal, queda paralizado (Ap
4, 6). Al final de este libro, el «mar» ya no existe (Ap 21, 1).



1.- TIPO DE SALMO
2.- CÓMO ESTÁ ORGANIZADO
3.- ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?
4.- EL ROSTRO DE DIOS
5.- REZAR ESTE SALMO
Los conflictos internacionales suelen sacudir y conmocionar al mundo y
pueden convertirse en ocasión para rezar este salmo. En el Padrenuestro
pedimos que venga a nosotros el reino de Dios. Este salmo puede
ayudarnos a entender mejor lo que esto significa
. La gente, en nuestro
mundo y, en ocasiones, en nuestra sociedad, suele enfrentarse con
conflictos sociales tan imponentes como un mar embravecido. Dios,
Señor de la historia y del universo, es mucho más grande e importante que
todos esos conflictos.

Otros salmos que celebran la realeza del Señor: 47; 96; 97; 98; 99.



Ediciones Sicilia S.A.