EL TALLER DE LOS SALMOS
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
«Esta fuente nunca se ha secado», me aseguró aquella mujer señalando un
manantial burbujeante de aguas cristalinas.
«Y en él, todas las personas que
han vivido o pasado por aquí han apagado su sed», concluyó. Así son los
salmos: un manantial de aguas cristalinas que han apagado y siguen
apagando la sed de todos los que acuden a ellos.

«Estás en tu casa. Ponte cómodo», me dijo otro entregándome las llaves de
la habitación.
Los salmos también son nuestra casa. Cuando entramos en
ella, tomamos una llave, la de la súplica, o la de la acción de gracias, o la de
la confianza, o la de la alabanza..., entramos con esa llave en una de sus
habitaciones y, de repente, nos sentimos tan a gusto, nos resulta todo tan
familiar; que estamos a punto de decir: «Ésta ha sido siempre mi casa»...

«En nuestra ciudad hay de todo», me dijeron, «y tú mismo podrás
comprobarlo». Los salmos son como nuestras ciudades: con calles anchas
o estrechas, rectas o curvas, llanas o inclinadas; con plazas en las que nos
vamos a encontrar con gente que canta, que llora, que pide, que enseña...
Todo nos resulta familiar; todas las cosas nos aseguran que estamos en
nuestra ciudad...

Así es como me he sentido al escribir estas reflexiones sobre los salmos.
En ellos he saciado y sigo saciando mi sed, en ellos me encuentro a gusto,
como en casa, en ellos reconozco las distintas formas de vida presentes en
nuestras ciudades.
Y espero que las personas que tratan de comprender
los salmos para vivirlos y rezarlos mejor tengan también la misma
experiencia del agua, de la casa, de la ciudad...

Tengo que confesar que, a pesar de que este sea, hasta la fecha, mi libro más
voluminoso, he sentido una gran alegría y una gran emoción al escribir este
comentario popular. He disfrutado analizando el texto hebreo, consultando la
sabiduría de personas que conocen los salmos mejor que yo, escribiendo. Y,
junto con la alegría, he experimentado una enorme emoción al toparme con
los dramas de tantas personas anónimas. Cada salmo ha despertado en mí
una nueva emoción.
Creo que, si alguien consigue repetir estas experiencias
de alegría y emoción, tratando de sentir la que sintieron las personas que
escribieron estas oraciones, verá cómo su vida cambia para siempre. Y será
capaz, basándose en lo que siente y en lo que vive, de crear sus propios
salmos, no para que otros los recen, sino como expresión de su propia fe,
de sus propios sentimientos y de su propia oración.

Con toda humildad, tengo que reconocer que aquí no lo he dicho todo, ni lo
he hecho todo. Este comentario nació, en principio, para los lectores del
semanario «Biblia-Gente», publicado en Brasil, y el espacio que en sus
páginas se le reservaba era muy limitado. Más que un comentario exhaustivo,
los lectores encontrarán aquí un método o un modo de acercarse a estas
oraciones milenarias,
a fin de conocer algo acerca de los tipos de salmos
(géneros literarios), de su organización interna (estructura) y del contexto en
el que fueron surgiendo. Los amantes de los salmos sabrán dar, por sí
solos, los pasos convenientes, desarrollando las ideas aquí sólo esbozadas
y enriqueciendo el propio método.
De hecho, hay temas que vale la pena
completar y ampliar. Este comentario puede servir de acicate.

El primer paso que hemos dado al abordar cada salmo ha sido estudiarlo en
su lengua original, el hebreo. Aquí es donde surgieron mis primeras y más
fuertes intuiciones. No obstante, y visto que ya se ha escrito mucho sobre este
tema, también he consultado algunas obras, comparando mis descubrimientos
con los de otros investigadores. Al final de este libro presento la breve
bibliografía consultada.

Dedico este trabajo a todas las personas que aman los salmos, sobre todo a
las que me han acompañado a la largo de estos trece años de docencia y en
los numerosos cursos sobre este tema impartidos en diversos lugares de
Brasil.

Parafraseando el salmo 87,7 quisiera que todos los lectores y lectoras de este
libro llegaran a la misma conclusión a la que yo he llegado a propósito del
Libro de los Salmos: «Todas mis fuentes se encuentran en ti».