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Isidoro de Loor, apellidado en religión «de San José», nació el 18
de abril de 1881 en Vrasene, Flandes Oriental, diócesis de Gent. Hijo de agricultores, amó apasionadamente el trabajo del campo y a él se dedicó hasta que, llamado por Dios a los 26 años de edad, ingresó en el noviciado Pasionista de Ere como hermano coadjutor. Hecha la profesión religiosa el 13 de septiembre de 1908 desempeñó en varias comunidades los humildes servicios propios de su condición de hermano, viviendo una intensísima vida de oración y penitencia según el espíritu Pasionista. En 1911 le fue extirpado el ojo derecho afectado de grave tumor. Por su caridad y sencillez, por su laboriosidad y silencio se atrajo la admirada atención de sus hermanos de hábito y de los fieles que le conocieron. Víctima de pleuritis y cáncer, después de un mes de atroces sufrimientos, falleció el 6 de octubre de 1916, a los 35 años de edad y 8 de vida religiosa, llamado por todos el «hermano bueno» y también «el hermano de la voluntad de Dios». Su Santidad el Papa Juan Pablo II lo beatificó el 30 de septiembre de 1984. |
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- Fiestas propias -
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Beato ISIDORO DE LOOR,
Religioso
6 de Octubre
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Señor Dios nuestro,
que en la humildad y en el espíritu de trabajo del beato Isidoro
nos dejaste un ejemplo de vida escondida junto a la cruz,
concédenos que nuestro trabajo de cada día
sea ante ti plegaria de alabanza
y servicio de amor a los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo. AMÉN
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2.- ORACIÓN COLECTA
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PRIMERA LECTURA: 1 Juan 4, 7-16
Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de
Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Salmo responsorial: Sal 132, 1-3
R/. Nos une en la alegría el amor de Dios
Ved qué dulzura, qué delicia,
convivir los hermanos unidos. R./
Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento. R./
Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre. R./
Aleluya
"Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a
quien no ve".
(1 Jn 4, 20)
EVANGELIO: Juan 15, 1-8
"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos"
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- "Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo
sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la
vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo
en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos". |
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Por intercesión del beato Isidoro de Loor, pidamos al Señor
que nos ayude a descubrir y estimar la presencia de Jesucristo en la sencillez de nuestra vida cotidiana:
1.- Por todos los hombres, para que aprendan a meditar en el amor
que Dios nos ha manifestado en la pasión y muerte de su Hijo y se inspiren en el hermano Isidoro para responder a este amor. ROGUEMOS AL SEÑOR.
2.- Por los religiosos, para que su amor a Jesucristo los haga dignos
testigos y verdaderos servidores del Evangelio. ROGUEMOS AL SEÑOR.
3.- Por los enfermos, para que el Señor les conceda fortaleza en el
cuerpo, paz en el espíritu, tolerancia ante los dolores y pleno restablecimiento de la salud. ROGUEMOS AL SEÑOR.
4.- Por nosotros, para que nuestra actitud de apertura y acogida a
todas las personas sea verdaderamente evangélica, al margen de todo egoísmo o interés propio. ROGUEMOS AL SEÑOR.
5.- Por quienes participamos en esta Eucaristía, para que tengamos el
coraje de buscar y cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas, manteniendo plena confianza en el Señor en todo momento, a ejemplo del beato Isidoro. ROGUEMOS AL SEÑOR.
ORACIÓN: Dios, Padre de bondad, el beato Isidoro no cesó
de buscar y cumplir en todo tu santa Voluntad. Dígnate ahora, acoger la oración de tu siervo, que intercede por nosotros, en unión de tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. |
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Acepta, Señor,
estos dones que como siervos tuyos
presentamos en tu altar
para celebrar la fiesta del beato Isidoro,
y concédenos
que, libres de los obstáculos del mundo,
seas Tú nuestra única riqueza.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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5.- ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
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Te rogamos, Señor,
que, por la gracia de este sacramento,
y a ejemplo del beato Isidoro,
nos mantengas siempre en tu amor
y lleves a su perfección
la obra que has comenzado en nosotros
hasta que vuelva Cristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. AMÉN.
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PRIMERA LECTURA: 1 Juan 4, 7-16
"... Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el
que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados... Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud... "
CLAVES para la LECTURA
- Esta pequeña joya del discípulo amado es una reflexión posterior
sobre el tema del amor fraterno, del que el autor ha hablado ya en la carta desde el punto de vista negativo (3, 11-15). Ahora el acento está puesto sobre el mandamiento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque "el amor procede de Dios" (v. 7) y porque "Dios es amor" (v. 8). Y precisamente porque la identidad de Dios es amor, él ama, perdona y se nos entrega. Todo auténtico amor humano encuentra su fundamento en el amor de Dios. El que ama ha nacido de Dios y "conoce a Dios" (v. 7).
- Si ésta es la esencia de Dios, para llegar al amor auténtico hay un
solo camino: amar. Sin embargo, no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la Comunidad, que creían amar a Dios porque sentían la curiosidad de conocerlo. La naturaleza del amor, para Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado "primero", por gratuita iniciativa suya. Este amor se ha manifestado en la Encarnación del Hijo de Dios, sin el cual los hombres no hubieran podido conocer el verdadero amor ni poseer la vida (vv. 9-10). Jesús nos ha demostrado un amor concreto, desinteresado, de dedicación y de total liberación, hasta entregar la vida. El amor del hombre por Dios, por tanto, es siempre una respuesta al amor procedente del Padre.
- Después de habernos dicho que Dios es amor, Juan ilumina a la
comunidad de fe acerca de las consecuencias prácticas de esta afirmación para la vida cristiana. Primero, para poseer a Dios la vía maestra es el amor mutuo; este medio es la condición para que el amor de Dios habite en los creyentes como presencia experiencial y sea "perfecto" a imitación del amor vivido por Cristo (v. 12). Segundo, la posesión del Espíritu (v. 13). Tercero, la fe en Jesús Salvador del mundo: "Si alguno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (v. 15)
CLAVES para la VIDA.
- El "discípulo amado", aquel que ha tenido esa experiencia singular y
única de Jesús y de su mensaje, sigue ahondando en lo nuclear de su fe y de su experiencia. Y el núcleo está definido y claro: el amor siempre procede de Dios y es gratuito. Nada de componendas ni historias raras. Aquí nace la espiritualidad de la GRATUIDAD. La razón es muy sencilla: la iniciativa siempre es de Dios y nuestro amor es una respuesta a ese amor descubierto y actuando en nosotros. La expresión máxima de ese amor de Dios es Jesús mismo y su encarnación.
- El "discípulo amado" se hace reiterativo, y más, en su intento de
hacer llegar a sus comunidades lo nuclear de la fe cristiana: todo parte del amor gratuito del mismo que se nos da en Cristo Jesús; el resto es consecuencia de este principio; mejor, de esta experiencia que a Juan le parece el origen de toda la nueva condición. Aquí nace también la experiencia del amor que supera y elimina el temor y el miedo como comportamiento de vida. Ya que el que se ha encontrado con "Cristo Jesús y permanece en Él", ése posee un estilo propio, del mismo talante que Jesús y ahí el miedo no tiene valor alguno sino que ha sido destruido. ¡Cuántas "espiritualidades" basadas en el temor y el miedo tiemblan ante esta experiencia del apóstol!
- De aquí nace el NUEVO CREYENTE: sin esa experiencia, sentida y
asumida, del amor gratuito de Dios, ni es posible ser creyente y mucho menos seguirle con el gozo y la alegría del que ha descubierto el auténtico tesoro de su vida. La fe, pues, es fundamentalmente y originariamente una EXPERIENCIA GRATUITA del amor de Dios manifestada en Jesús. Todo el resto es consecuencia. Vivir desde la confianza, como hijos amados: es la propuesta que nos hace el apóstol. Ésta es la nueva realidad a la que se nos llama continuamente y ésa es la acción del Espíritu en nosotros. Desde donde podemos CRECER. La fe en Jesús es una Buena Noticia cuando la asumo desde esta experiencia. ¡Cuántos hermanos/as que ni lo han "olido" ni disfrutado!
EVANGELIO: Juan 15, 1-8
"... Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo
sarmiento mío que no da fruto, lo arranca; y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto... permaneced en mí y yo en vosotros..."
CLAVES para la LECTURA
- La frecuente repetición, en pocos versículos, del verbo
«permanecer» hace comprender de inmediato que es la palabra clave del fragmento. Si en el capítulo 14, comienzo del «discurso de despedida», se pone el acento en la partida de Jesús y en la inquietud de los apóstoles, ahora aparece en la comunión profunda, real, indestructible que hay entre él y aquellos que creen en él.
- Aunque va a enfrentarse con la muerte, Jesús sigue siendo para los
suyos la fuente de la vida y de la santidad «producir fruto»: 15, 6. Más aún, precisamente yendo al Padre pone la condición para poder «permanecer» para siempre en los suyos. Jesús, sirviéndose de una comparación, habla de sí mismo como de la vid verdadera: una imagen que ya habían usado a menudo los profetas para describir a Israel, la vid infecunda, esquiva a los amorosos cuidados de Yahvé (Is 5). Jesús se presenta como el verdadero pueblo elegido que corresponde plenamente a las atenciones de Dios. Por otra parte, se identifica con la Sabiduría, de la que se había escrito que como vid ha producido brotes, flores y frutos (Eclo 24, 17).
- Con esa imagen quiere explicar, por consiguiente, cómo es la
extraordinaria realidad de la comunión vital con él que ofrece a los creyentes, qué compromiso incluye ésta y cuáles son las expectativas de Dios. Jesús es el primogénito de una humanidad nueva en virtud del sacrificio redentor en la cruz. Él es la cepa santa de la que corre a los sarmientos su misma linfa vital. Quien permanece unido a él puede dar al Padre el fruto del amor y dar gloria a su nombre (vv. 5. 8). A continuación, para que este fruto sea copioso, el Padre-viñador realiza todos los cuidados, corta los sarmientos no fecundos y poda los fecundos. Esta obra de purificación se va realizando cuando la Palabra de Jesús es acogida en un corazón bueno (v. 3): entonces esta Palabra guía las acciones del hombre y lo hace amigo de Dios, cooperador en su designio de salvación, colaborador de su gloria (v. 7).
CLAVES para la VIDA
- ¡Hermosa de veras la comparación con la que hoy se describe la
unión de Jesús con sus discípulos! ¡Qué vivacidad tiene el símil que utiliza! Él, Jesús, es la cepa; sus seguidores, son los sarmientos. De la vid pasa la savia, o sea la vida, a los sarmientos, si "permanecen" unidos a la vid. Si no, quedan secos, no dan frutos y se mueren. La fuerza del símil está expresada por la palabra "PERMANECER", repetida 15 veces en este capítulo. Además, Dios Padre es el viñador, el que quiere que los sarmientos no pierdan esta unión con Cristo. Ésta es la alegría mayor del Padre: "que deis fruto abundante" (v. 8)
- De entre las varias comparaciones que tienen como clave la vid y la
viña, -el pueblo de Israel como una viña plantada por Dios, que se queja amargamente de que la viña en la que había puesto su ilusión no le da frutos; los viñadores malos que no pagan al dueño-, ésta de la cepa y los sarmientos es la que más íntimamente describe la unión vital de Cristo con sus seguidores.
- La conclusiones de esta texto-reflexión no son complicadas: Cristo
ha querido que exista una unión íntima y vital entre nosotros y él. De hecho, ese "trasvase" íntimo de vida desde la cepa a los sarmientos, tiene consecuencias importantes para nuestra vida de seguidores de este Jesús. Si no recibo (recibimos) vida y savia de él, estamos abocados a secarnos y ser pasto de las llamas (en el mejor de los casos). Esta unión es vital. ¿Qué tal me siento? |
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6.- ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
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