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PRIMERA LECTURA: Judit 13, 17-20
En aquellos días, todos se quedaron asombrados y, postrándose en
adoración a Dios, dijeron a una voz:
- «Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los
enemigos de tu pueblo».
Y Ozías dijo a Judit:
- «Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de
la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina, procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios».
Todos aclamaron:
- «¡Así sea, así sea!».
Salmo responsorial: Sal 144, 2-4. 6. 8-11
R/. Cantaré eternamente la bondad del Señor.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R./
Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R./
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R./
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R./
SEGUNDA LECTURA: Colosenses 1, 18-24
Hermanos:
Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el
primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos
suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia.
La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e
inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis.
Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y
yo, Pablo, fui nombrado su ministro.
Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los
dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia.
SECUENCIA:
La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.
Aleluya
Estaba Santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, sufriendo
junto a la cruz del Señor.
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EVANGELIO: Juan 19, 25-27
"Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena"
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la
hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo
a su madre:
- «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
- «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
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- Fiestas propias -
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VÍRGEN DE LOS DOLORES
Patrona de nuestra Congregación
15 de Septiembre
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«La Virgen María avanzó en la peregrinación de la fe, y mantuvo
fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo agonizante en la cruz como madre al discípulo con estas palabras: Mujer, he ahí a tu Hijo» (LG 58), por eso la Iglesia proclama: «Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la cruz del Señor».
Recogiendo una larga tradición de devoción a la Virgen de los
Dolores, el Capítulo General 38 (1964) proclamó a la Virgen Dolorosa Patrona principal de la Congregación, título confirmado por el Papa Pablo VI con Carta Apostólica del 8 de marzo de 1973.
La celebración de esta fiesta ofrece a todos los Pasionistas la
oportunidad de vivir con la Madre de los Dolores una participación más profunda en el misterio de la pasión de Cristo y revivir el espíritu de nuestro santo Fundador. |
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Señor, tú has querido que la Madre
compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz;
haz que la Iglesia,
asociándose con María a la pasión de Cristo,
merezca participar de su resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo. AMÉN.
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2.- ORACIÓN COLECTA
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Oremos, hermanos, a Jesús, el Señor, que quiso que su
Madre compartiera junto a la cruz los dolores de su pasión, y supliquémosle por los hombres, nuestros hermanos:
1.- Para que los cristianos, a imitación de María, sepamos compartir
los sufrimientos de los hombres y permanezcamos junto a los que sufren para darles consuelo y amor, ROGUEMOS AL SEÑOR.
2.- Para que toda la familia humana alcance los frutos de la sangre de
Cristo y de los dolores de María, la nueva Eva, que compartió tan generosamente la pasión del Señor
en bien de la humanidad, ROGUEMOS AL SEÑOR.
3.- Para que Dios, que en sus designios, quiso que una espada de
dolor atravesara el alma de María, venga en ayuda de los que sufren y conceda el perdón y la paz a los que viven intranquilos a causa de sus pecados, ROGUEMOS AL SEÑOR.
4.- Para que María Dolorosa sea el consuelo y fortaleza de los que
padecen angustias en el espíritu, soledad, separación de seres queridos, incomprensión, insatisfacción y vacío, ROGUEMOS AL SEÑOR.
5.- Para que, a ejemplo de María, y ayudados por su intercesión,
perseveremos junto a la cruz del Señor, y unamos nuestros sufrimientos a los de Cristo, en bien de todos los hombres, ROGUEMOS AL SEÑOR.
ORACIÓN: Señor, Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu
Hijo cooperara generosamente en la obra de la redención humana, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que los frutos de la redención alcancen abundantemente a todos tus hijos. Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN |
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Transforma, Señor, estos dones
con la acción del Espíritu Santo,
para que, por el sacrificio del altar,
al que se asocia la santísima Virgen,
se borre el pecado del mundo
y se nos abran las puertas del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN
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5.- ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
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V./ El Señor esté con vosotros.
R./ Y con tu espíritu.
V./ Levantemos el corazón.
R./ Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V./ Demos gracias al Señor nuestro Dios.
R./ Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque, para reformar al género humano
has querido, con sabiduría infinita,
que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán,
a fin de que ella,
que por obra del Espíritu Santo fue su Madre,
por un nuevo don de tu bondad,
comparta su pasión;
y los dolores que no sufrió al darlo a luz,
los padeciera, inmensos, al hacernos renacer para ti.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
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Después de recibir el sacramento de la eterna redención,
te pedimos, Señor,
que, al recordar los dolores de la Virgen María,
completemos en nosotros, en favor de la Iglesia,
lo que falta a la pasión de Jesucristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. AMÉN
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7.- ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
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PRIMERA LECTURA: Judit 13, 17-20
"... todos se quedaron asombrados... Bendito eres, Dios nuestro,
que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo... Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad..."
CLAVES para la LECTURA
- Nos encontramos en el contexto de una gran gesta, llevada a cabo
por una mujer a favor de Israel. El triunfo de Judit sobre el temible enemigo, recuerda la hazaña de David sobre Goliat, del pequeño sobre el grande, en esa lógica que tantas veces se utiliza en la literatura y espiritualidad bíblica.
- El relato emplea formas litúrgicas y el canto domina sobre la simple
acción. Llega Judit a la muralla y llama a la puerta como en un acto de culto: "Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias al Señor" (Sal 118, 19). En vez de informar lo sucedido simplemente, Judit lo incorpora a su breve himno de alabanza, con su invitatorio clásico: "alabad".
- Se introduce una expresión "esta misma noche", típica de la
celebración de la Pascua. Todo termina con la alabanza "Bendita tú entre las mujeres...". En la tradición cristiana estos versos de Ocías se han aplicado a María.
CLAVES para la VIDA.
- La historia de la salvación continúa y Dios sigue actuando a favor
de su pueblo, a quien ha prometido su presencia y protección. En esta nueva situación, se sirve de una mujer (sin importarle los clichés sociales), que es capaz de imponerse -por encima de todas las apariencias- al enemigo, muy superior a ella en todos los aspectos. Pero ahí se manifiesta la protección del Dios de la promesa.
- Se cumple, una vez más la "lógica" de Dios que se sirve de "lo
pequeño", de lo débil (en apariencia) para realizar su obra de protección y de salvación en su empeño de llevar a cabo su hermosa historia de amor y de vida. ¡Lección que recorre todo el camino de Israel como pueblo, y que nos muestra, de maravilla, cómo es el proceder de Dios!
- Aprender a "leer" a ese Dios en la historia de cada día, descubrirle
llevando adelante su proyecto de vida y salvación, también hoy y aquí, es toda una lección que tengo que aprender. Valorar "lo débil y frágil" en apariencia, y descubrir que es el modo de acción de Dios... ¡no es nada fácil asumirlo, cuando en tu entorno todo "habla" de otra cosa! ¡Son los caminos de Dios! Acéptalos, hermano/a.
SEGUNDA LECTURA: Colosenses 1, 18-24
"... Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio,
el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz... Así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia..."
CLAVES para la LECTURA
- Se ve que la predicación indirecta de Epafras no ha logrado
presentar a los de Colosas toda la grandiosidad del «Evangelio» de Pablo. Por eso, éste se emplea a fondo en presentar un cuadro - maduro y reflexivo- de Cristo Salvador en el marco impresionante de todo el contexto cósmico y a lo largo de toda la historia de la creación. Pablo, en su predicación, siempre ha partido cronológicamente del acontecimiento de la resurrección de Cristo. Aquí tampoco suprime este punto de partida: Cristo es «el comienzo, el primogénito entre los muertos». Es la misma expresión de las precedentes cartas (1 Cor 15, 20-23; Rom 1, 14); Cristo es el «comienzo», las «primicias» de la resurrección y, por consiguiente, de todo el nuevo orden restaurado. Con Cristo ha empezado ya la nueva «etapa», que llegará a su plenitud decisiva en la hora escatológica.
- Ahora bien, este acontecimiento salvador no es algo que Dios ha
improvisado sobre la marcha de la historia. Todo lo contrario: pertenece al primitivo proyecto creacional. Pablo se acuerda de la narración del Génesis y vuelve a repetir implícitamente su comparación de Cristo con Adán (1 Cor 15, 45-48; Rom 5). Cuando, según el Génesis (1, 26-27), Dios crea al hombre «según su imagen y semejanza», está ya proyectando la existencia de Cristo -el verdadero Adán-, que realizará completamente esa semejanza. La única semejanza verdadera con el «Dios vivo» solamente la puede ofrecer un hombre que ha superado definitivamente la muerte. Por eso Cristo es el «primogénito de toda creatura», el primero y lo primero que aparece en el proyecto creacional de Dios y que lo condiciona totalmente. En este proyecto Cristo no es un ser solitario y aislado, sino íntimamente implicado en todo el contexto cósmico, que encuentra en él -en su gesto salvador de resucitado- la verdadera plenitud. Él es el «pleroma»: el «completamente lleno» y el «absolutamente llenador» de todo. Por Cristo el hombre y las cosas alcanzarán la plenitud a la que fueron destinados ya desde el principio.
- Sin embargo, este «gesto salvador» de Cristo no ha sido realizado
desde la plataforma inmaculada de una postura puramente angelística, sino que misteriosamente el Salvador se ha comprometido con la misma miseria humana y mundana, participando totalmente de ella y sucumbiendo también a todas sus consecuencias. Es el tema obsesivo de Pablo sobre la «redención por la encarnación», que tanto costaba comprender, sobre todo a los cristianos de origen helenista. No se daban cuenta de que esta «inmersión en la tragedia» no era un puro gesto romántico para participar solidariamente de la miseria ajena, sino un gesto auténticamente salvador. Cristo murió para resucitar. Los cristianos son bautizados para incorporarse a la muerte resurreccional de Cristo (Rom 6).
- Terminado el himno cristológico, en el cual se ha subrayado en
forma obsesionante la supremacía absoluta de Cristo en el orden universal de la salvación, desciende ahora Pablo al plano que podríamos llamar horizontal. La supremacía de Cristo es tan absoluta, que agota, por así decirlo, la posibilidad de que unos se alcen contra los demás. Y así se explica que los que antes eran los «otros», los de fuera, los no iniciados, ahora se hayan convertido en los «iguales», poseedores de los mismos derechos e incluso con las mismas posibilidades de fallo que los otros. Esto es lo que Pablo quiere decir con la «reconciliación» («apokatallássein»). Esta palabra griega quiere decir, en su raíz, «hacer otros». La paz que Dios ofrece al mundo, a través de Cristo, no deja al mundo tal como está, o sea dividido en seres «diversos», sino que tiende a superar esta situación y a crear una completamente nueva.
CLAVES para la VIDA.
- No desaprovecha oportunidad el apóstol Pablo para insistir en el
resumen-compendio de su pensamiento y vivencia en torno a Cristo, en quien se encuentra toda la "plenitud". Y es que éste es el plan de Dios desde los orígenes: su proyecto de salvación alcanza su plenitud en la presencia de Cristo en medio de nuestra historia. Es la gran noticia.
- Jesús se ha encarnado con todas las consecuencias, es la conclusión
del apóstol. Es así como alcanza la plena reconciliación entre los hombres, haciéndoles a todos iguales, alcanzando la paz e inaugurando una realidad completamente NUEVA. ¡Ahí es nada! La humanidad ha sido alcanzada por el proyecto de vida de Dios, y en Jesús se hace realidad y plenitud ese proyecto.
- Y nosotros (yo) participamos de lleno de esta nueva situación y
realidad. La vida de Cristo nos ha penetrado y nos posibilita una existencia plenamente iluminada y con sentido profundo; ahora sabemos hacia dónde caminamos y lo hacemos desde la óptica de Jesús. ¿Cómo respondo yo a esta nueva situación de auténtico privilegio? ¿Sabré corresponder y ofrecerlo a mis hermanos, como Cristo me invita?
EVANGELIO: Juan 19, 25-27
"... En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre,
la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre... Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa..."
CLAVES para la LECTURA
- Juan presenta, con cierto arte, un cuadro cuyo centro es Jesús en la
cruz. Los circunstantes son los cuatro soldados, cuatro mujeres - probablemente mencionadas por el evangelista en contraste con los soldados, las mujeres son creyentes, los soldados son incrédulos- y el discípulo al que amaba Jesús.
- "Mujer, ahí tienes a tu hijo": Es la segunda vez que la madre de
Jesús aparece en este evangelio. La primera fue en Caná de Galilea. Es decir, al principio y al final de la vida pública de Jesús. En la primera ocasión le dirige unas palabras desconcertantes y que, fundamentalmente, deben entenderse en el sentido de separación. Jesús le dice que no intervenga en su vida durante la nueva fase que entonces comenzaba, y que conocemos con el nombre de vida pública. Jesús debe actuar con absoluta libertad, determinado únicamente por la voluntad del Padre, sin ingerencias de nadie más, ni siquiera de su madre. Ella lo hace así y desaparece de escena (téngase en cuenta la gran sobriedad con que aparece también en los Sinópticos). Pero aquella ley de separación termina ahora, cuando ha llegado la hora de Jesús. Con la hora de Jesús llega también la de María. Por eso se hace presente junto a la cruz.
- En las dos ocasiones Jesús se dirige a ella llamándole «mujer», no
madre, como sería lo normal. ¿Por qué? La única razón convincente es porque quiere presentarla como la mujer estrechamente unida con el Salvador para llevar a cabo la obra de la redención. La mujer de la que se habla en el Génesis (Gén 3, 15) y en el Apocalipsis (Ap 12).
- Las palabras que Jesús dirige a su madre no pueden entenderse sólo
desde la preocupación lógica por proporcionarle un apoyo humano ahora que él faltaba. Si Jesús hubiese pretendido solamente eso, habrían bastado las palabras con que se dirige al discípulo. "Ahí tienes a tu madre": desde una simple preocupación por su madre habrían bastado estas palabras. No habría sido necesario que se dirigiese también a ella. Sin duda tenemos aquí un sentido más profundo que el inmediatamente literal. La profundización posterior por parte de la Iglesia se encargaría de aclarar este sentido misterioso. Cuando llegue la hora de Jesús -y esa hora ha llegado en el momento de la cruz- se pondrá de relieve una peculiar y estrechísima relación entre él y ella, más fuerte que la simple relación físico-generacional. La relación del pasado, relación física, se verá ampliada y enriquecida con una nueva relación para el futuro. El afecto y la relación maternal se centrará en aquéllos por quienes su Hijo está entregando su vida. La maternidad espiritual de María.
- Y este nuevo aspecto o dimensión de aquella «mujer» se ilumina
desde el discípulo a quien amaba Jesús. En esta ocasión, al menos, es una figura simbólica, dotada de una personalidad corporativa, representando y personificando a todos los seguidores de Jesús. Estamos dentro de la corriente de la más pura teología paulina (y de toda verdadera teología), que considera a los creyentes como «hermanos» de Cristo, participando en su filiación. Y, por tanto, en la de María.
CLAVES para la VIDA
- Una vez más nos encontramos que el "discípulo amado" nos ofrece
una mirada más profunda que la que a primera vista se ve; también este cuadro está cargado de simbología: el que sólo aparezca María al comienzo y al final de su evangelio, la presencia del discípulo amado, la misión que María recibe,... todo ello está cargado de significado. Hasta ahora ha sido el tiempo, la hora de Jesús; ahora le llega también a María, en la nueva maternidad que inicia y que la tendrá que llevar a cabo.
- Así, María entra plenamente en la dinámica de la historia de la
salvación: antes su vinculación con Jesús ha sido físico-generacional; ahora va a asumir con él el llevar a plenitud esa historia, que adquiere su momento culminante en la cruz y que se prolonga en el "discípulo amado", representando a todos los seguidores de Jesús y de todos los tiempos.
- La presencia de María en nuestro caminar se hace significativa por
deseo expreso del Señor Crucificado, de Jesús mismo. Y es que la NUEVA familia, que se inaugura en la cruz y en la entrega de Jesús, va a tener la protección maternal de María, convertida en colaboradora estrecha en la obra de la salvación. "He ahí a tu madre": bella invitación. |
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6.- PREFACIO
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